¡¿Nadie se va a hacer esta pregunta?!

Abro el diario y me abrumo. Así de fácil. Números de inflación, datos de la devaluación que ponen a la situación cambiaria al rojo y una actividad (otro pilar del modelo K) que no reacciona ante el desfibrilador de la inyección monetaria.

El Banco Central propone la receta de un swap de monedas con China por US$ 11.000 y resucita la alternativa de que los bancos reduzcan sus posiciones en dólares. Ya en febrero se había ensayado la estrategia –no sin éxito- llevando este nivel del 50% al 30%. Ahora se irá más allá, rebajándola al 20%.

No hace falta ser un avezado economista para entender que por práctico que sea el parche, tiene su límite.

Siendo un modelo económico que encuentra en el consumo uno de sus pilares, el cuadro que sigue nos describe un giro abrupto en la película.

Así las cosas, la consultora especializada Analytica describe de esta forma la situación:

Ya a fines del año pasado, ante el importante incremento en la salida de capitales, el propio INDEC marcó una fuerte desaceleración del consumo. De crecer al 5,6% interanual en los primeros tres trimestres, terminó el año con un alza de apenas el 0,4% i.a. debido al menor dinamismo del mercado laboral, el deterioro de las expectativas y la aceleración en los precios minoristas. El arranque de 2014 no hizo otra cosa que afianzar esta tendencia, agravada por la aceleración de la inflación, suba en las tasas de interés y notable empeoramiento del mercado de trabajo con el doble efecto de destrucción de puestos de trabajo con caída del salario real.

(…)

La recesión de este año (y probablemente del próximo) tendrá al consumo como principal protagonista. La inflación por encima del 40% es una barrera difícil de eludir para una economía que ya destruye empleos y en la que los salarios irán perdiendo cada vez más poder adquisitivo. Todo indica que en los próximos trimestres la caída del consumo será mayor.

Hasta ahí el cuadro de situación y un Gobierno que responde con leyes de abastecimiento (no sin encrespar al empresariado) y planes ProCreAuto para todos y todas, para apuntalar al sector automotriz.

 

Una invitación al debate

No critico la aspirina para el dolor de cabeza, pero propongo investigar las raíces de la cefalea.

Con Macri prometiendo bajar el impuesto a las Ganancias y una inflación al 9% (un mimo a la clase media) y otros sectores ensayando sus estrategias para reducir la brecha cambiaria y posteriormente eliminar el cepo cambiario, ¿alguien está pensando en la Argentina de los próximos 20 años?

“¡Tenemos cosas más urgentes!”, se van a apurar a decir los fatalistas de siempre.

Por supuesto que sí, pero tenemos una oportunidad única.

La Argentina, siempre fue una potencia alimentaria y hoy se encuentra en una posición inmejorable para hacer gala de esa virtud. No lo voy a marear con números complejos. Sólo le pido que mire el gráfico que sigue.

El mundo no detiene su crecimiento. Se suman bocas en cada rincón del globo. No nos quedemos en la chiquita de si la soja cayó hoy o si despega la semana que viene.

Veamos la película y decidamos nuestro rol. Si no nos proponemos a alimentarlos nosotros, otro vendrá y tomará nuestro lugar con gusto.

Tomemos el ejemplo de la soja. Un análisis de la Bolsa rosarina, elaborado por la economista Florencia Matteo, advierte no sólo que este año el complejo sojero reportará una liquidación de divisas por US$ 30.000 millones, por encima de las US$ 27.5000 millones de Brasil; sino que además poseemos una capacidad teórica de procesamiento mayor que del otro líder exportador de la oleaginosa que tiene la región: “alrededor de 68 millones de toneladas por año, contra 45,5 millones de capacidad instalada brasileña”.

El informe agrega que  “Argentina procesa 67% de su producción de soja, mientras que Brasil 43”.

A qué voy con esto. Aunque a algunos les parezca sólo un yuyo, existe un know how detrás que el país tiene y que lo pone en mejor posición que otros competidores mundiales. Si queremos hacerlo prevalecer y no venderlo, como algunos protagonistas del sector ya lo están haciendo, habrá que repensar la estrategia.

¿Las retenciones son el mejor esquema impositivo para este sector o existe uno que lo vuelva más competitivo sin perjudicar la recaudación del país?

¿La política cambiaria está acompañando?

Le hablo de la soja como puedo hablarle de otros sectores. No sólo pensando en la cantidad de gente que el mundo agrega cada segundo, sino también en el posicionamiento de ciertos países. China ya no crece a tasas de dos dígitos, pero lo hace por encima del 7%. Eso significa que miles de chinos se suman a la clase media este año y el que sigue.

Cuando esto sucede, la lógica indica que se aumenta el consumo de proteína. En definitiva, mejoran sus condiciones y comienzan a comer más carne.

En 2005 éramos el tercer exportador de carne con 771.000. Hoy vendemos menos que Paraguay y empezamos a vender los vientres (productoras). Incluso Uruguay conquistó  mercados clave como el estadounidense y el mexicano, en los que antes la carne local reinaba.

Políticas de precios, trabas a las exportaciones, dificultades para liquidar a un dólar competitivo y otras peleas de categoría pluma quitaron dinamismo a un sector que nunca necesitó de demasiada ayuda para imponerse.

Muchas de las preguntas que nos hacemos en el día a día se responderán si primero sabemos qué Argentina queremos para los próximos 20 años.

Lo invito a reflexionarlo.

Saludos,

Ignacio.

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