Las dos Argentinas que ya no importan

Esperando y sin chistar. Es como cuando hacemos la fila para un trámite sin preocuparnos por si nos atienden rápido, lento o con buenos modales. Nos reconocemos víctimas de la burocracia y enfrentamos nuestro destino con más paciencia que lógica y con la esperanza de que al final nos vamos a ir con nuestro papel timbrado.

Así está el pueblo argentino hoy: esperando. Las críticas y los reclamos se aplacaron porque esperamos que, providencialmente, con las elecciones del año próximo recuperemos el aliento (demócratas cada cuatro años).

El problema es que falta mucho tiempo para sentarse a esperar, más de un año.

Fíjese lo que decía el politólogo Serio Berensztein en la conferencia anual de Inversor Global llevada a cabo el fin de semana en Colonia, Uruguay: “La gente sabe que este Gobierno se termina y al Gobierno le conviene. El Gobierno carga de amenazas (como la Ley de Abastecimiento) para evitar lo que más teme: una corrida bancaria”.

Es más, agregaba: “¿Importa mucho si el próximo presidente es Massa, Macri o Scioli? Van a hacer cosas relativamente similares, al menos en el primer año. Cualquiera sea el que gane hará las cosas mejor, de manera más moderada”.

¿Da todo lo mismo?

Nos convertimos en un ente adormecido que posterga la resolución de sus problemas para cuando recupere las ganas.

Porque los desafíos económicos del país, por trillados que suenen, siguen allí, fortaleciéndose en nuestra abulia.

Se despega el parche

Por momentos el desconcierto es tal que cuando entro a una pizzería, ya no sé si lo que estoy pagando es caro o barato. ¿Le pasó? El precio, algo tan simple pero a la vez vital para una economía se transformó en imposible de estimar, un gris.

El costo de las materias primas, de los insumos, parece ser un dato en segundo plano a la hora de calcular los valores. Con esto no quiero decir que la inflación es una mera “tensión de precios”, ocasionada por los comerciantes, como supo decir un ex ministro de Economía, hoy vicepresidente.

Quizás el gráfico que sigue explique un poco mejor esta situación.

Tal parece que hicimos buena letra para obtener el pulgar arriba del Fondo Monetario Internacional y después retomamos los vicios de siempre.

Mientras tanto, el cepo parece blindarse con un dólar blue que no da tregua. Ya de poco sirve decirle que hoy está a $ 15 o a $ 15,5. Estando en Colonia mantuve el siguiente diálogo con uno de los asistentes a la conferencia

Suscriptor: ¿Nacho, el dólar está caro?

Yo: ¿Comprarías a $ 15?

Suscriptor: Yo sigo comprando…

Yo: Entonces está barato

Si vamos a los números, el Gobierno está perdiendo fuentes de ingresos genuinos de divisas con una política comercial que hoy no da resultado. Fíjese en el siguiente gráfico lo que sucede con el superávit comercial. 

En su lugar, recurrimos al parche de pedirles a los bancos que disminuyan su posición en dólares hasta el 20%.

Los fundamentos entre el barullo informativo que describen a dos Argentinas opuestas, pero que hoy a pocos parecen importarles.

Tomemos por ejemplo los números de pobreza que presentó recientemente el Banco Mundial.

Así tituló Clarín:

Según el Banco Mundial, la pobreza en Argentina podría superar el 40%

-De acuerdo con el último informe del organismo, el 33% de la población sufriría gravemente un shock económico por tener ingresos inferiores a 10 dólares diarios. Un 10,9% del país ya vive en la pobreza.

Así lo vio la agencia Télam:

Según el Banco Mundial, Argentina es uno de los países de América Latina “con mejor performance en la reducción de la pobreza”

-El Banco Mundial volvió a destacar en su último informe que la Argentina es uno de los países de América Latina “con mejor performance en reducción de la pobreza”, y señaló que el país expandió su clase media desde que inició su salida de la crisis de 2001/02, creciendo “rápidamente y de manera inclusiva”.

Demás está decirle que los números que inspiraron ambas notas son los mismos.

Este ejercicio lo podemos hacer con los principales temas de la economía local: inflación, situación cambiaria, deuda, déficit fiscal, recesión, fondos buitre, y el resultado sería el mismo.

En el medio  de esas dos posturas ya no queda nada, sólo usted y su deseo de interpretar los números por sí mismo.

La pregunta es: ¿le importa o espera a octubre de 2015?

Hasta la semana que viene.

Saludos,

Ignacio.

 

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