Llegó el default pero hay algo peor…

Ignacio Ros

Sacar la cabeza en el turbulento oleaje informativo se volvió complejo, incluso para los que vivimos de esto. Día a día, los medios nos bombardean con el “minuto a minuto” del juicio entre la Argentina y los fondos buitre.

Está en boca de “todos y todas”. Al bajar, el portero me pregunta el alcance real de la situación. Mis amigos me consultan si se “arregla”. Es el verbo de moda, aunque no muchos lleguen a entender del todo la situación.

Sea técnico, exprés, por un tema burocrático o porque Thomas Griesa (juez neoyorquino que lleva el caso) se levantó de la cama con el pie izquierdo, la Argentina está en default.

El Gobierno reforzará sus esfuerzos por señalar que el dinero salió de Buenos Aires y que llegó a Nueva York, por lo que hablar de cesación de pagos es falaz. Yo cuando analizo la situación económica trato de dejar las ideologías de lado y recurrir al pragmatismo.

Si los bonistas no cobraron, se entró en cesación de pagos. Me da la sensación que así lo va a ver el mundo y en este caso es la mirada que importa, si pretendemos seducir a los inversores extranjeros para que traigan sus capitales al país. Incluso atraer a los mismos argentinos, pero que prefieren tener sus ahorros afuera.

Para el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (CefidAr) son US$ 374.000 millones los que tienen en el exterior. Una pavadita eh…

Tenga en cuenta que las reservas del Banco Central se ubican en US$ 29.017. ¿Se imagina si esos capitales volvieran? Puede apostar a que la presión cambiaria caería en picada y las distintas cotizaciones del dólar se desplomarían.

Claro que para eso debemos brindar seguridad y confianza: convencerlos y enfrentar ciertas cuentas pendientes como el cepo cambiario, inflación y -más aún- la sobriedad fiscal.

Aguas divididas

Pollack actuó como vocero de los fondos buitres”, sostuvo el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.

“El propio mercado dice que no hay default”, aseguró el titular de la Comisión Nacional de Valores, Alejandro Vanoli.

“La estrategia del Gobierno de tirarse contra el juez va a aislar más al país”, indicó el ex secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen.

“Todos reconocieron el default y en el país lo siguen negando”, economista de Orlando J. Ferreres & Asociados.

Lo que acaba de ver es un resumen noticioso sólo del día de ayer. Y le soy honesto, podría haber seguido agregando frases pero nos íbamos a cansar innecesariamente, tanto usted como yo.

Ríos de tinta corrieron para describir una situación compleja, por cierto, pero que a más tardar en diciembre –cuando caiga la cláusula RUFO- debería alcanzar una solución. Seamos claros, el manejo de de la cuestión fue lo que la profundizó y no el momento adeudado (US$ 1.330 millones más intereses).

No obstante, poco se habla de una enfermedad que si no se controla a tiempo nos puede complicar más.

El síndrome de la billetera infinita

No es patrimonio del Gobierno K. Tal parece que está en la genética del administrador público argentino: se vive por encima de las posibilidades.

Puede que se fundamente con las causas más loables, pero es sencillamente inconsistente en el tiempo.

Por otra parte, desde el 2006 en adelante, el gasto público local -en relación al PBI- no sólo creció más que del promedio de los países latinoamericanos, sino que además trepó por encima del de las naciones desarrolladas, como puede ver en el gráfico a continuación.

“Entre los 60 países avanzados y emergentes cubiertos por el análisis del FMI ninguno registra un crecimiento del gasto público tan exorbitante como el observado en la Argentina. Se ha llegado a un punto en el que el Estado absorbe prácticamente la mitad del ingreso nacional, situación solo observada en un reducido grupo de países de muy alto desarrollo como Finlandia (58%), Dinamarca (55%), Francia (53%), Bélgica (52%), Austria (51%), Suecia (50%) y Holanda (48%)”, concluye un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).

Los más amigos del keynesianismo dirán que en momentos críticos hay que aumentar el gasto público para otorgarle dinamismo a la economía. Los profesores de Economía ilustran esta teoría con la figura del pozo: cavar uno para volver a taparlo.

Bien podría tener lógica para un momento como el actual, en que la recesión golpea la puerta. Sin embargo, pierde efectividad porque se trata de un movimiento quirúrgico.

John Maynard Keynes entendía esta jugada como un “entrar y salir”, no algo que se deja “ad eternum”, como podría verse desde en los últimos años en la Argentina.

Es tiempo de afinar el lápiz y ver por dónde puede realizarse el recorte. Sí, dije recorte. No es una mala palabra…

A no ser que usted piense que contamos con las contraprestaciones de Suecia y Holanda.

Nos reencontramos la semana que viene.

Saludos,

Ignacio.

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