El infierno que viven los de abajo

Bill Bonner

Los principales índices de la Bolsa estadounidense siguen cotizando en máximos. Mientras tanto, vemos dolor y sufrimiento. A la cola de la cadena económica, día tras día la gente lucha por salir adelante.

Las estadísticas lo esconden. Las medias aritméticas -para salarios, ingresos por habitante y por familia- son elevados artificialmente gracias a los ingresos desbocados de los más adinerados. En Estados Unidos, gracias al alza del precio de los activos inmobiliarios y financieros, los más ricos son cada vez más ricos, elevando la media de toda la población.

Pero, ¿qué pasa con los que están en la parte baja? No me refiero a la clase media, sino a los que están aún más abajo. ¿Cómo viven? ¿Qué comen y qué beben? ¿Cómo llegan a final de mes?

No es que me esté empezando a sentir culpable por tanta desgracia ni que me empiece a preocupar excesivamente el concepto de “igualdad”. No, solamente estoy preocupado, de una manera egoísta, sobre lo que les ocurrirá a los pasajeros que van en las cabinas de la clase alta cuando la vida en los muelles se vuelve intolerable.

Cada vez más nuestra economía hundida en el crédito depende de la gente que está al final de la cadena económica. En 2007, fueron las hipotecas subprime, concedidas a la parte más insolvente de la población, las que desataron la crisis financiera que golpeó a todo el mundo.

Ahora, tenemos préstamos subprime para autos, matrículas universitarias, bonos corporativos y bonos soberanos basura.

Según Charles Hugh Smith:

“Los medios de comunicación masivos están alegres por resaltar los datos económicos positivos, pero nadie pregunta nunca sobre la calidad crediticia de los que están detrás de esos números brillantes. Detrás de estos números, las ventas y los beneficios son cada vez más dependientes de los compradores y prestamistas con menos recursos; compradores que gracias al crédito se pueden permitir comprar pero que en un sistema basado por una valoración prudente del riesgo nunca accederían a semejante cantidad de préstamos.

Estos prestamistas y compradores marginales son los últimos en entrar y los primeros en salir: son los que acceden al crédito al final del ciclo de expansión del crédito, cuando los prestamistas favorecen los beneficios en lugar de una gestión prudente del riesgo. Luego, estos prestatarios son los primeros en no devolver sus préstamos porque tienen insuficiente ingresos y avales para apoyar sus préstamos.”

¿Cómo de mal van las cosas en los estratos más bajos de la sociedad?

Hemos oído historias sobre las “compras de medianoche”, por ejemplo. En Estados Unidos, los subsidios de alimento del Gobierno se ingresan a las 12 de la noche. Los compradores desesperados ya están haciendo cola a esa hora en las cadenas de grandes descuentos, listos para comprar sus bienes cuanto antes, en medio de la noche.

Los números nos otorgan algo de perspectiva. El 20% más pobre de la población vio sus ingresos alcanzar los máximos en 1999 en 13.663 dólares. Trece años después han perdido un 16% de su riqueza, con los ingresos medios sumando sólo 11.490 dólares.

Y aquí viene AssociatedPress con más detalles escabrosos:

Más del 35% de los estadounidenses tienen deudas y facturas no pagadas que han sido reportadas a las agencias de cobros, de acuerdo a un estudio publicado el pasado martes por el Urban Institute.

“Estos consumidores no pagan sus cuotas retrasadas por sus tarjetas de crédito, hipoteca o préstamos para la adquisición de automóviles. Incluso los recibos por pertenencia a un gimnasio o las facturas del teléfono acaban en manos de las agencias de cobros, poniendo en riesgo la calificación crediticia de estos individuos y sus perspectivas de encontrar un trabajo” dijo Caroline Ratcliffe, una consultora de Washington D.C.

“Aproximadamente, una de cada tres personas tiene o tendrá problemas de deudas” afirma Ratcliffe. “Y esto puede influir en las decisión de que alguien te contrate para un trabajo o de que te puedas comprar una casa.”

“Casi la mitad de los residentes en Las Vegas -muchos de los cuales salieron damnificados cuando la burbuja inmobiliaria estalló- son morosos. Otras ciudades del sur que tienen un número desproporcionado de gente en situación de morosidad son Orlando y Jacksonville en Florida; Memphis, Tennessee; Columbia, Carolina del Sur y Jackson, Mississippi.”

“Los salarios apenas se han mantenido parejos respecto a la inflación durante la recuperación, según del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. Y un estudio independiente del banco Wells Fargo descubrió que los ingresos después de impuestos cayeron para el 20% más pobre durante este periodo de recuperación económica.”

Por ahí abajo la vida es dura, y de hecho cada vez lo es más. Los trabajos reales cada vez son más difíciles de encontrar; los salarios reales caen y los precios siguen yendo al alza.

¿Qué hacen? ¿Cómo sobreviven? ¿Escupen en nuestra sopa? ¿Sabotean nuestras cañerías?

¿Se alzarán de la oscuridad e irán tras nosotros, como zombies buscando carne fresca?

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “FinancialReckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

Deja tu respuesta