El gobierno que mejor gobierna

Estamos terminando el mes de agosto, un mes de poca actividad bursátil por las vacaciones, así que utilicemos nuestro tiempo para analizar tendencias mayores.

La semana pasada hablábamos del engaño japonés. Muchos se esfuerzan en entender la economía y los mercados de una manera simple y definitiva. Han preparado sus gráficos y hecho sus pronósticos, pero al final el engaño se destapa.

Los cementerios y los manicomios están llenos de estos economistas. Porque en economía no importa cuánto creas saber; siempre hay mucho más que uno desconoce.

Por ejemplo, nos preguntamos por qué existe un sistema de seguridad social en Estados Unidos. Si el gobierno es realmente el ente parásito que creemos que es, ¿por qué se preocupa de establecer un sistema de pensiones que, en apariencia, es benévolo y que ahora disfruta de la aprobación de la mayoría de los estadounidenses (sobre todo de aquellos con más de 65 años)?

¿Es posible que un gobierno moderno y democrático sea una institución diferente, diseñado por y para el beneficio de la gente gobernada? ¿Representa esto un progreso real de la humanidad?

La respuesta a la que llegamos es que sí, pero con matices.

La civilización (incluyendo las reglas y costumbres que asociamos a los gobiernos modernos y democráticos) hace posible el comercio y la iniciativa privada. Esto permite a las personas acumular más riqueza y la riqueza, a su vez, permite construir nuevas y mejores armas.

Los gobiernos menos civilizados (dictaduras, países comunistas, Corea del Norte, la Alemania nazi, Cuba) van rezagados. La civilización triunfa porque paga.

Gobiernos más modernos, más o menos consensuados y más o menos participativos, con derechos a la propiedad más o menos respetados y más o menos predecibles, parecen haber evolucionado con una potencia de fuego mayor, y esta potencia de fuego cuesta dinero. Cuanto más libre (y más civilizada) sea una economía, más armas es capaz de producir.

Como Thomas Jefferson, o tal vez Henry David Thoreau, observó hace mucho tiempo, “el mejor gobierno es el que gobierna menos”.

La gente civilizada no quiere o necesita que les gobiernen demasiado. En su lugar, se las apañan y salen adelante. De hecho, cuanta mayor es la influencia del gobierno, menos capaces son de producir riqueza.

Esto deja poco margen de acción a los matones y abusadores, así que se dedican a crear programas como “la seguridad social”, Obamacare y el Departamento de Seguridad Nacional en Estados Unidos, programas que parecen pensados en beneficio del ciudadano ordinario.

En lugar de ser una institución bárbara basada en la agresión y la fuerza, un gobierno no debe tener ningún otro cometido que no sea el de hacer las vidas de los ciudadanos mejores. Por eso tenemos a los bancos centrales.

Los bancos centrales, con la Reserva Federal estadounidense a la cabeza, consisten en un cártel de banqueros con el principal cometido de proteger y defender el derecho de los banqueros a ganar mucho dinero. ¿Han oído a Janet Yellen últimamente? Dice que está profundamente preocupada por el desempleo, cuando en Estados Unidos apenas alcanza el 10 por ciento.

La mayoría del público cree que un gobierno moderno es realidad un gigantesco programa asegurador: los protege, los defiende, paga sus cuidados sanitarios, les da ayudas durante sus vidas laborales y cuando se jubilan los mantiene con una pensión.

Y lo más importante, los halaga. Les convence de que son los que de verdad toman las decisiones, los capitanes de una civilización superior, los ciudadanos de un país imprescindible sin el cual la luz del mundo se extinguiría.

Pero hay un gran problema en este modelo. El negocio protector del gobierno puede estar respaldado por la fuerza, pero depende del apoyo de los votantes. Los votantes quieren más y más beneficios, y no les preocupan mucho los aspectos financieros.

El modelo sólo funciona mientras la economía y crédito se expanden. Cuando esto se detiene, el sistema colapsa.

 

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista Inversor Global. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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