El engaño japonés

Bill Bonner

Nos quitamos el sombrero y nos quedamos boquiabiertos.

Estamos sorprendidos, agradecidos y consternados. ‘¿Qué será lo próximo que haga Japón?’, es lo que nos preguntamos.

Estamos sorprendidos porque hemos visto los resultados a nivel internacional. En los test de inteligencia, los japoneses consiguen diez puntos más que la media mundial y aun así siguen haciendo las cosas más estúpidas que uno se puede imaginar.

También estamos agradecidos porque Japón ha estado liderando el absurdo económico mundial: burbujas en la Bolsa y en el mercado inmobiliario, rescates, expansiones monetarias, etc.

Y como no existe ninguna política económica ridícula que los políticos estadounidenses no se dediquen a seguir… Japón: ¡allá vamos!

Por último, estamos consternados. ¿Qué clase de imbécil podría creer que los funcionarios del Gobierno deben decidir qué industrias tendrán éxito?

¿Cómo pueden saber mejor que la gente en la industria maderera qué explotaciones forestales son rentables? ¿Y por qué podría alguien pensar que animar a mujeres jóvenes a marcharse a los bosques a hacer un trabajo duro y peligroso será bueno para la economía?

Puede ser divertido para las chicas salir a tomar un poco de aire fresco, ¿pero es una política económica seria?

Shinzo Abe debe estar bromeando. Pero ése es el problema de los salvadores del mundo; siempre van en serio.

Bloomberg nos cuenta la historia:

Mujeres japonesas armadas con motosierras se dirigen a las colinas bajo el plan de Abe

Junko Otsuka dejó su trabajo en Tokio y se marchó a los bosques, cambiando un ordenador por un hacha y el aire acondicionado de la oficina por el aire de las montañas. Otsuka forma parte de una nueva ola de mujeres embarcadas en trabajos forestales, resultado de las políticas económicas, sociales y medioambientales del Primer Ministro japonés Shinzo Abe.

Otsuka, una licenciada de 30 años por la Universidad de Tokio, está satisfecha con aceptar un recorte del 20 por ciento de su sueldo por ser la primera mujer en Motosierras Tokio, una compañía maderera. Los árboles Sugi e Hinoki que tala (cedros y cipreses en japonés) son utilizados para construir hogares bajo el programa gubernamental para fomentar el uso de madera en la construcción de viviendas.

“Cuando estudié ingeniería agrónoma en la universidad, aprendí que los árboles en las montañas japonesas permanecían durante años sin ser talados porque nadie quería hacer el trabajo”, dijo Otsuka en una entrevista durante un descanso de su trabajo de tala, a 35 grados centígrados, a pleno día en el Monte Mitake, a unos 65 kilómetros del centro de Tokio. “Estoy en el lugar donde debo estar”.

Menos de un 70% de las mujeres japonesas entre 25 y 54 años tienen trabajo, la tasa más baja entre los países más ricos del mundo, de acuerdo a las estimaciones gubernamentales. La fuerza laboral de la nación se incrementaría en más de siete millones de personas y el Producto Bruto Interno se dispararía hasta un 13% si la participación de las mujeres fuese igual a la de los hombres, según un informe de Goldman Sachs publicado el 6 de mayo.

Más mujeres sudando en los campos y en los bosques suponen más árboles cortados y más actividad económica.

¿No es genial? ¿Qué? ¿No pueden ver por qué esto es algo tan fabuloso?

Bueno, claramente usted no tiene un doctorado en economía y no está dirigiendo una de las mayores economías del mundo.

Shinzo Abe sí. Con su “programa de tres flechas” se ha propuesto levantar los números. Más inflación, más PBI, más de esto y más de lo otro.

¿Estarán los japoneses mejor con este programa? Mire, no nos moleste a nosotros, los economistas serios, con preguntas impertinentes.

Sabe perfectamente que solo trabajamos con cantidades, no con cualidades. Somos personas digitales, no analógicas.

Si no puede medirlo -en números- no podemos hacer nada, así que no hablemos sobre esto, ¿está bien?

Hablemos de cifras, de todas las cifras que Japón nos ha proporcionado. De ellas hay una por encima de todas las demás.

En 1980, la deuda pública japonesa solo suponía la mitad del PBI, ahora es casi cinco veces. En otras palabras, costaría dos años y medio de ingresos totales repagar la deuda que el Gobierno japonés ha creado, casi toda ella durante los últimos 30 años.

Y recuerde, se recurrió a esta deuda para impulsar el crecimiento del PBI. Como puede ver, el intento fue un fracaso: por cada yen extra de crecimiento, la deuda japonesa se incrementó en cuatro.

Y ahora, si añade la deuda privada, el total sube hasta el 500% del PBI.

Claramente, es un buen momento para replantearse las cosas. Más deuda no ha solucionado el problema de deuda japonés.

Pero aquí ha venido el señor Shinzo Abe con un plan. ¿Su programa? ¡Más! ¡Más deuda! ¡Más gasto! ¡Más rescates! Más mujeres en los bosques y más de todo, lo que ha llevado a Japón al borde de la más absoluta desesperación.

La rentabilidad del bono japonés a diez años se esfumado hasta el 0,51 por ciento. Con tanta deuda, incluso un pequeño movimiento al alza hacia la “normalización” de las tasas de interés sería algo devastador para la economía japonesa. Con un costo de financiación cercano a cero, el PBI japonés apenas crece. Si los costos de financiación crecieran, digamos que hasta un 3%, la economía del país se hundiría en una fuerte depresión.

Y la normalización está llegando. Siempre llega. Los jubilados japoneses ya no ahorran, y las exportaciones japonesas ya no traen el montón de dinero del exterior que solían traer. Los inversores (prestamistas) comenzarán a percatarse, antes o después, de que Japón nunca podrá repagar su deuda.

Esto significará menos dinero para prestar, más costos de financiación y, por último, el hundimiento final del engaño japonés.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “FinancialReckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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