A la Argentina le soltaron la mano

Diego Martínez Burzaco

Para quienes vivimos en la Argentina en un estado de dejá vú permanente, no es algo que nos asombre. Es por eso que la aparición de un nuevo default (incumplimiento de pago de la deuda) a menos de 13 años del mayor incumplimiento de la historia, no es algo que nos tome por sorpresa.

Lamentable y nuevamente, el país acaparó la atención de todos los inversores alrededor del globo. Y no necesariamente por buenas noticias.

Hagamos un breve repaso de los acontecimientos:

Cuando la Argentina entró en cesación de pagos en 2001, acercó una propuesta de reestructuración de deuda en 2005 con una quita promedio de 66% sobre el valor presente de los bonos. Ese canje, que tuvo una segunda versión en 2010, logró que el 93% de los acreedores aceptaran esas condiciones y que sólo un 7% remanente decidiera no participar y seguir el camino del litigio judicial.

Entre este 7% se encontraron los denominados “fondos buitre”, quienes obtuvieron un fallo favorable para que el país pague el 100% original del valor nominal de los bonos, sin la mencionada quita.

Más allá de discutir si el fallo es justo o no (quedará para otro capítulo) la realidad indica que al no acatar el mismo, el país no pudo afrontar el pago de los intereses de la deuda y, por ende, ingresó en un default nuevamente.

A pesar de las idas y vueltas y las declaraciones de funcionarios locales de que el país “quiso pagar  su deuda y no lo dejaron”, la realidad indica que quienes tienen deuda soberana argentina no han recibido el pago correspondiente y eso técnicamente dejó al país en una situación de “incumplimiento”.

Lo que es interesante analizar de esta situación es que, hasta el momento, el nuevo default de la Argentina ha tenido un impacto nulo sobre los países del continente y sobre otras economías emergentes.

La retórica del Gobierno argentino era que el fallo judicial contrario ponía en serio riesgo al sistema financiero mundial ya que atenta contra las futuras reestructuraciones de deuda de los países si se deja la ventana legal para que ciertos acreedores reclamen el 100% de la deuda sin quita alguna.

Y esa fue la carta que jugó la Argentina en todos los ámbitos diplomáticos en los que tenía voz.

De esta manera, bloques como el Mercosur, la Unasur, el G-77 y la Organización de los Estados Americanos (OEA) se pronunciaron a favor del país y en defensa de la soberanía en el juicio contra los buitres.

Desde lo discursivo todo ese apoyo es ideal. Pero en la práctica, la Argentina está sola y le soltaron la mano.

Ningún país se animará a dar pasos concretos a favor de la Argentina. Todos están sacando provecho de una situación de extrema liquidez mundial con tasas de interés extremadamente bajas que le ofrecen una flexibilidad con la que hoy la Argentina no cuenta.

Recientemente Paraguay colocó deuda a 30 años a una tasa anual de 6,375%. Anteriormente Bolivia había colocado deuda a 10 años a menos de 5%. Todo esto muestra integración global más allá de las distintas ideologías que puedan pregonar los gobiernos de turno. Y ningún país arriesgará esta posibilidad de acceso a los mercados por el solo hecho de querer hacer algo a favor de la cruzada argentina ante los buitres.

Pero no solamente los países a nivel general se despegan del caos local. También los inversores globales. Si no veamos el siguiente gráfico:

Durante el último mes el ETF de Argentina (ARGT) mostró una volatilidad increíblemente elevada al compás de las noticias que llegaban en torno a su conflicto con los holdouts. Pero en el mismo período, los ETF de países latinoamericanos han mostrado dinámica propia sin ser arrastrados por el ruido argentino, eludiendo así la idea de los funcionarios locales de imponer el caso como desestabilizador del sistema mundial.

No hay efecto contagio. Como se observa, el ETF de Brasil (EWZ), el de Perú (EPU) y el de Colombia (GXG) han tenido una mejor performance relativa respecto el fondo argentino.

Sólo Chile mostró una peor performance. Pero aquí la Argentina no ha tenido que ver. Lo que está afectando es la reforma impositiva que la presidenta Michelle Bachelet impulsa en estos momentos, de la mano de una desaceleración de la economía.

Los inversores distinguen los riesgos y aíslan a la Argentina.

Se trata de un conflicto inédito, pero propio del país. Y la solución debe surgir también desde adentro, si no el aislamiento será cada vez mayor.

En esta pelea, la Argentina está sola.

A su lado en los mercados.

Diego Martínez Burzaco,

Para Inversor Global.

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