Todos somos buitres

Por Federico Tessore

Reportando desde Santiago de Chile

Hoy le voy a confesar algo. Yo soy un buitre. Sí, ya sé, le voy a terminar dando la razón a mis muchos críticos, pero la mentira tiene patas cortas, por eso prefiero reconocer esto ahora y no más adelante cuando sea tarde. Le cuento cómo ocurrió…

Era el año 2008 y un conocido que vivía en Miami me contactó. Me contó en primera persona lo que ya conocía de los diarios: los precios de las propiedades inmobiliarias en Miami se habían desplomado. Se conseguían propiedades al 50% o 40% de lo que valían pocos meses atrás. La oportunidad era muy grande y había que comprar. Me dejé llevar, me entusiasmé y compré por un precio 50% más bajo que el de sólo cinco meses atrás.

El vendedor era un joven estudiante de la Universidad de Miami que no podía pagar más la cuota de su departamento, por lo tanto prefería mal venderlo antes que meterse en problemas con los bancos. Hablar con el joven desilusionado por haber podido mantener sólo un año su aventura de vivir solo partía el alma. Ahora no le quedaba otra que volver a la casa de sus padres. Pero aunque piense lo contrario, el joven no estaba enojado conmigo. Todo lo contrario, ¡no podía creer cómo alguien se animaba a comprar un departamento en el peor momento de la economía estadounidense, donde todo amenazaba con derrumbarse!

Sí, ya sé, me comporté como un buitre. Y peor aún, me cuesta confesarlo, pero gané dinero. Bastante dinero. Cinco años después vendí ese mismo departamento con una ganancia del 300%. Nunca se lo dije a nadie, no quería que nadie supiera que yo también era un buitre. Pero llegó el momento, hoy más de 200.000 personas lo saben. Soy un buitre.

Pero cuidado, ésta no fue la única vez que me comporté así. Recuerdo algunos años atrás cuando me llamó un amigo que se iba a vivir afuera. Necesitaba vender su auto en no más de dos días y nadie se lo había comprado. El auto era feo, no me gustaba. Pero mi amigo me ofreció un negocio. Yo se lo compraba al 70% del valor pero le daba el dinero ahora y en efectivo. Le dije que sí, y como se imaginará me comporté como un buitre nuevamente. Unas semanas después lo vendí e hice la ganancia del 40%. Me aproveché de la situación nuevamente, y peor aún, también gané dinero.

Espero que no esté desilusionado conmigo. Espero que siga leyendo mis columnas. Si además de ser buitre me convierto en un buitre solitario, el golpe será muy fuerte…

Aunque, pensándolo bien, me parece que nuestra presidenta Cristina también es buitre. ¿Cómo es eso? Bueno, si no me equivoco, la historia que explica cómo Cristina y Néstor se volvieron millonarios es parecida a la que le conté al principio. Los abogados Néstor y Cristina se ocupaban de comprar casas en estado de remate en Santa Cruz. Por lo tanto, compraban a centavos casas de personas que no podían pagar sus deudas. Y luego se ocupaban de alquilarlas o revenderlas a un mayor valor. Es decir, Néstor y Cristina también son buitres, se aprovechaban de una situación particular de debilidad del vendedor y de esta forma hacían mucho dinero en el camino.

Pero voy a ser más audaz aún. Le apuesto que la gran mayoría de los lectores de este Newsletter semanal son buitres también. No creo que Cristina, Néstor y yo mismo seamos los únicos de esta lista. Es más, no estoy hablando de cientos de miles de buitres, creo que son millones los buitres en la Argentina.

Ah, ¿usted no lo es? Mmmm, no me mienta. Le hago una pregunta: ¿está seguro de que nunca aprovechó una oferta en un negocio?

Ah, sí la aprovechó. Entonces, usted también es un buitre. Porque, ¿qué se cree que es una oferta? Una oferta surge cuando una empresa quiere vender una mercadería porque por ejemplo, en el caso de ropa, se acaba la temporada. Entonces al negocio no le queda otra que rematar la prenda para no quedársela en stock para siempre y que esto implique la pérdida del 100% de lo invertido en esa prenda. Entonces prefiere venderla rápido a, digamos, un 50% del valor. Usted como comprador se aprovecha de esa situación y compra más barato.

Como ve, los fondos buitres están en todos lados y en realidad todos nos comportamos así en algún momento de nuestras aburridas vidas diarias. El buitre, no importa si estamos hablando del fondo de Nueva York que compró deuda Argentina o su vecino que recorre la calle buscando ofertas, hace un negocio muy simple: compra lo más barato posible y vende lo más caro posible. ¿Eso está mal….?

Para algunos caraduras de funcionarios argentinos esto es un crimen, como por ejemplo, para el ministro de Defensa Agustín Rossi, según las declaraciones que reprodujo el diario La Nación esta semana:

“El default es una acción voluntaria de un país y este no es el caso, Argentina pagó. Este es un caso emblemático para el mundo, los buitres son la cara más perversa del capitalismo, no hay valorización del trabajo ni del esfuerzo. Un mundo gobernado por estas reglas es un mundo sin viabilidad. Por eso Argentina recoge tantos apoyos internacionales. La Justicia está del lado nuestro, el que no está es Griesa”.

Rossi, le hago una pregunta, usted que condena a los buitres, ¿está seguro de que no es un buitre? Porque su jefa es la reina de la bandada. Me extraña que usted no sea un buitre también…

Para que quede claro, luego de tantas condenas de los funcionarios argentinos, lo que hicieron los fondos buitres es lo siguiente. Fueron testigos del default de la deuda Argentina en 2002 y como el precio de los bonos argentinos llegaba al 10% de su valor original, compraron unos cuantos. Se los quedaron por varios años y cuando el Gobierno argentino ofreció el canje, ellos no aceptaron y decidieron ir a juicio para cobrar el 100% del valor de esos bonos.

Los años pasaron y las diferentes etapas de la Justicia estadounidense les dieron la razón. Pocas semanas atrás, hasta la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos les dio la razón. Argentina no tenía otra alternativa que pagar.

Pero el país, en una conducta insólita, no solo no está dispuesto a pagar la sentencia, no está dispuesto a cumplir el fallo de la Justicia que ella misma eligió a la hora de emitir sus bonos, sino que ahora pide “garantías” para pagar. ¡El que tiene que pedir garantías es el que ganó el juicio, no el que lo perdió! En la Argentina todo es posible…

El jueves vence el plazo para pagar y todo hace pensar que el Estado no lo hará, por lo que volvería el default 12 años después. Si bien esta situación cambia minuto a minuto, ayer viernes parecía éste el escenario más probable. Según el Gobierno, no pasaría nada tomando este camino, ya que sería un “default controlado” y se solucionaría en el año 2015, una vez que la llamada “clausula Rufo”, que obligaría a la Argentina a ofrecerle a los buitres las mismas soluciones que a los bonistas que entraron en el canje, se desactivaría.

Pero el daño de tanta impericia, de tan poca seriedad, de tan poca planificación, de tan poca capacidad de anticipación será muy grande sobre la Argentina. Como le comentaba en la nota de la semana pasada llamada “Nos estamos quedando sin dinero” , la economía argentina ya está en recesión. Y con esta nueva situación de default esto no hará más que profundizarse. ¿Por qué? Por muc
has causas, pero la más relevante es por la falta de confianza. ¿Quién va a hacer negocios en un país en
default que no cumple ninguna norma internacional?

Ni extranjeros ni locales invertirán un solo dólar en nuestro país. Ya no invierte nadie, pero la situación será peor aún. Por otro lado, el Gobierno necesita dólares en forma desesperada. A medida que el default se profundice, la falta de dólares será mayor. Y esto implicará que nuestro comercio esté cada vez más paralizado, que el dólar suba cada vez más y que la inflación no pare de crecer.

Nuevamente, la conducta infantil del Gobierno argentino que parece jugar siempre al juego de quién es el más malo, lleva al país a una situación desastrosa: un combo de recesión, inflación, suba de dólar que afectará el bolsillo y la vida de millones de argentinos.

En cualquier organización normal del mundo esta situación implicaría que el equipo que falló tanto sea despedido. Seguramente en la Argentina pase lo contrario y este equipo será el abanderado de otra lucha épica del valiente Gobierno contra los malvados del mundo desarrollado. Una lucha divertida y apasionante que muchos argentinos parecen comprar…

Antes de terminar, permítame cerrar con una idea que sé que es polémica y es contraria a lo que la mayoría de las personas pueden pensar en este momento. Los buitres son necesarios. Los buitres son buenos para todos. ¿Por qué? Porque le dan liquidez a los mercados, porque le permiten a usted vender algo cuando más lo necesita.

Sí, es cierto, compran a un precio muy bajo, pero algo es mejor que nada. El joven que me vendió el departamento algunos años atrás prefería vender su departamento, aunque sea a un precio bajo. Mi amigo prefería cobrar menos por su auto pero hacerlo ahora. Los propietarios que le vendieron a Néstor y Cristina décadas atrás también preferían vender a un precio bajo. Y los que le vendieron los bonos a un 10% del valor a los llamados fondos buitres también preferían vender diez años atrás y no esperar y gastar los millones en abogados que gastaron los fondos buitres para llegar a esta instancia.

El mundo funciona así. Nos quedan dos alternativas. O nos adaptamos y lo usamos a nuestro favor o nos convertimos en “renegados globales” que empobrecen a su país en el nombre de una épica pelea sin sentido alguno. Hasta ayer, los funcionarios argentinos habían elegido el camino de la épica y la pobreza…

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

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