Nuestra mejor risa

nuestra-mejor-risaBill Bonner

Infidi maris insidis virisque dolumque
ut vitare velint, neve ullo tempore credant
subdola cum ridet placidi pellacia ponti.

(No confíes en ella en ningún momento, cuando el mar en calma muestre su falsa y seductora sonrisa)

Lucrecio – De Rerum Natura

No sabemos por dónde empezar. Hay tanta gente de la que reírse y tan poco tiempo que no podemos reírnos de todos ellos.

Así que vamos a tener que elegir a nuestra mejor risa, y esa se la vamos a dedicar a Janet Yellen. Hay muchas razones para reírse de la Sra. Yellen, pero el tiempo es limitado así que vamos a por la mejor de todas las razones.

Y como somos gente justa, amable y sensible, nos gustaría dejar claro que no queremos faltarle al respeto a la Presidenta de la Reserva Federal. De hecho, empatizamos mucho con ella. Compartimos su dolor.

Sí, con una edad en la que la mayoría de las mujeres disfrutan de una jubilación bien ganada, haciendo galletas y preparando la visita de los nietos, la pobre señora Yellen soporta el peso de la economía mundial sobre sus hombros.

Pero lo que es más divertido sobre la señora Yellen es que no tiene ni idea del tipo de carga que soporta. Reconoce que “puede haber algún atisbo de exceso de riesgo en el mercado financiero” como consecuencia de sus políticas. Estos riesgos pueden ser gestionados, cree Yellen, por reguladores y economistas responsables.

No se le ha ocurrido que todo el mundo financiero está jugando con ella, apostando a cuán lejos está dispuesta a llegar antes de que todo explote. Tampoco percibe que todos los datos que estudia, mientras tiene un ojo puesto en esos atisbos de exceso de riesgo, han sido tan distorsionados por sus intervenciones que toda la información que dispone es inútil o algo peor.

Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, debería hablar con ella. Haldane reconoce que los bancos centrales han estado “ayudando y fomentando una mayor asunción de riesgos por parte del mercado financiero”. Y que “muchas locuras están ocurriendo ahora”.

Entre las locuras que podemos ver es que los inversores le estén prestando fondos al gobierno de Kenia por un interés anual del 6,875%. España e Italia, mientras tanto, venden bonos del tesoro a diez años con un interés inferior al 3%. La deuda de las corporaciones están alcanzando récords, con un volumen récord que se destina a la recompra de acciones.

Esta misma semana supimos que Bed, Bath and Beyond, una firma estadounidense de utensilios y equipamiento para el hogar, ha destinado una cantidad de fondos equivalente a los beneficios de dos años a la recompra de sus propias acciones. Estas recompras son una de las razones por las que el Dow Jones rompió la semana pasada al alza el nivel máximo de los 17.000 puntos. Con estos precios, la rentabilidad por dividendo es tan baja que le costará 50 años a un inversor promedio recuperar su inversión. ¡Y teniendo en cuenta los impuestos casi 100 años!

Hemos estado relatándoles estas locuras durante meses. Se deben a un exceso de liquidez en el sistema que, como algo de dinero suelto en el bolsillo de un adolescente, rápidamente parece encontrar un uso inapropiado.

Las principales fuentes de liquidez son (lo ha adivinado) los bancos centrales, con Janet Yellen a la cabeza. Éstos han estado suministrando una cantidad de crédito excesiva, a un precio demasiado barato durante demasiado tiempo. Aquí está David Stockman con más detalles:

“Durante los siete años anteriores a la crisis financiera de 2008, el tamaño del mercado crediticio estadounidense creció de los 28 a los 53 billones de dólares, a una espectacular tasa del 9,2 por ciento anual.

En contraste, el PIB nominal de Estados Unidos durante el mismo periodo se incrementó a un 4,8 por ciento anual, o a la mitad que el crecimiento del crédito. Como consecuencia, durante este corto intervalo de tiempo el ratio de apalancamiento se expandió del 2,7 del PIB al 3,5. En resumen, la demanda inflada por Greenspan y Bernanke que condujo a Estados Unidos a la burbuja inmobiliaria procedía de fondos tomados prestados al futuro, no financiados por la producción de la economía de entonces.”

Pero entonces, cuando la burbuja pinchó en 2008, ¿qué hizo la Fed? Suministró más crédito y en mejores términos.

La orgía del crédito que mencionaba el Sr. Stockman anteriormente creó el periodo al que nos referimos como la Gran Moderación. La marea de liquidez escondió las afiladas rocas e hizo flotar barcos no aptos para navegar.

Ahora tenemos otra Gran Moderación, financiada de la misma manera. De acuerdo a Richard Duncan, el exceso de liquidez alcanzó un récord de 308.000 millones de dólares durante el segundo trimestre de este año. Y otra vez, la marea ha vuelto a ocultar los restos y destrozos del último periodo de crédito y cada cosa capaz de flotar está apuntando cada vez más alto.

La señora Yellen, mientras tanto, mira al índice de estrés de la Reserva Federal de St. Louis. Ve que éste tiene el valor más bajo de su historia. Se fija en los bonos basura; a los inversores claramente no les preocupa que no les devuelvan su dinero. Yellen está completamente confundida sobre los mercados, sobre la economía y sobre la vida en el universo.

Lucrecio, escribiendo unos cien años antes del nacimiento de Jesucristo, sabía todo esto mejor que ella. En De Rerum Natura, describió un mundo muy diferente del calmado, ordenado y controlable mundo de la Sra. Yellen y de la junta directiva de la Reserva Federal.

Es un mundo de átomos según dicen, impactando constantemente. Un caos desorganizado que produce sorpresas y nuevas formas de vida.

Parece que la Sra. Yellen se atreve con alguna sorpresa.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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