La pelea con los holdouts impacta negativamente en los bancos argentinos

El viernes pasado, en un nuevo capítulo del teleteatro entre la Argentina y los fondos buitre, el juez Thomas Griesa frenó el pago que el Gobierno giró al Bank of New York Mellon (BoNY) para los bonistas que sí habían entrado en los canjes de deuda.

De esta forma, el magistrado estadounidense instó al gobierno argentino a negociar con los fondos buitre, al dictaminar que los tenedores de deuda en default deben recibir el pago al mismo tiempo que los tenedores de deuda reestructurada.

La calificadora Moody’s analizó las controversias que genera el pago de la deuda argentina y afirmó que el deseo de la Argentina de retener el pago de su deuda en default perjudica a la ya débil economía de la  Nación.

Además, en su informe “Credit implication of Current Events”, estudia el impacto negativo que tiene la deuda sobre el crédito para los bancos y sostiene que tanto sus ganancias como la calidad de sus activos se verán erosionadas.

Según plantea Moody’s, cualquiera sea el resultado de la negociación, el sistema bancario de la Argentina se enfrentará a un estrés adicional ante la contracción de la economía. En un escenario como este, las decisiones de inversión se pospondrán y el volumen de negocios disminuirá aún más.

Como muestra el gráfico a continuación, las tensiones generadas por el incumplimiento del pago de la deuda disminuyeron la confianza del consumidor, y la débil demanda afectó el nivel de la producción industrial.

Ante este contexto, Moody’s  sostiene que  los bancos se encuentran presionados por el Gobierno para proporcionar más créditos que reviertan la caída de actividad económica, situación que podría poner en peligro las condiciones originales de los prestamistas. Entre ellas, la consultora resalta la decisión del Gobierno de poner topes a las tasas de crédito de los bancos, restricciones a los pagos de dividendos y los límites a las tenencias de dólares. 

En el peor de los casos -declaración del default-, la calificadora afirma que habría una crisis de confianza y aumentarían las salidas de capital, lo que presionaría negativamente las reservas internacionales y conduciría a una nueva devaluación.

De esta forma, se desencadenaría una recesión más profunda y prolongada que erosiona aún más la capacidad de los prestatarios:

Y aunque los bancos argentinos hayan registrado ganancias extraordinarias durante el primer trimestre  a raíz de la devaluación del peso en enero, la generación de ingresos se verá amenaza por el resto del año por la disminución del volumen de negociaciones. 

Por lo pronto habrá que esperar hasta el 7 de julio, día en que comiencen las negociaciones con los fondos buitre, para saber cómo evolucionan las negociaciones de pago.

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