Invertir aprovechando los daños colaterales

Invertir aprovechando los daños colaterales

La noticia económica del mes está siendo el pánico bancario desatado en Portugal a raíz del posible impago de la deuda del segundo banco más grande del país, el Banco Espirito Santo.

La historia que envuelve al Espirito Santo parece sacada de una telenovela. Intrigas familiares, deudas, malversación… Todo ello en una entidad que, de caer, podría arrastrar al mercado bancario europeo.

El pánico ha cundido entre los inversores del Espirito Santo, un holding bancario familiar sistémico para el sector financiero portugués. El valor de los títulos del Espirito Santo ha caído un 60% en tan sólo 30 días. Una caída vertiginosa que nos hace recordar la debacle que sufrió Lehman Brothers hace casi seis años.

¿Será el Espirito Santo un nuevo Lehman Brothers a la portuguesa? No lo sé, pero esto no es de lo que vayamos a hablar hoy. Hay tan poca información sobre el estado verdadero de las finanzas del Banco Espirito Santo y tanta incertidumbre que no merece la pena teorizar sobre si esta entidad financiera va a ser el detonante de la enésima crisis en la periferia europea. Yo, ante la falta de información fiable, no me atrevo a tocar el Espirito Santo.

Lo que debe atraer nuestra atención son los daños colaterales que esta situación ha causado a otras empresas. Empresas que teniendo poco o nada que ver con la solvencia del Espirito Santo han visto cómo el precio de sus acciones ha caído con fuerza durante las últimas semanas.

Portugal Telecom, la principal compañía de telecomunicaciones del país vecino, ha perdido un 35% de su valor desde que se desató esta nueva crisis. Detrás de esta sangría está el hecho de que Portugal Telecom adquirió 897 millones de euros de deuda a corto plazo de Rioforte, la empresa matriz del Banco Espirito Santo controlada por la familia Espirito Santo.

Esta inversión ha contagiado a Portugal Telecom con el riesgo de que el segundo mayor banco de Portugal no pueda atender a los vencimientos de su deuda.

Pero la historia, o tragedia griega a estas alturas, tiene otra vuelta de tuerca.

OI SA (NYSE: OIBR) es la mayor empresa de telecomunicaciones de Brasil y la segunda de Latinoamérica por detrás de América Móvil, la empresa fundada por el magnate mexicano Carlos Slim. OI ha perdido un 29% de su valor en Bolsa durante el último mes.

De hecho, en lo que llevamos de año, el precio de las acciones de OI ha caído un 57%. Detrás de esta caída se encuentra la fusión de OI con Portugal Telecom, que será recordada como uno de los mayores engaños nunca vistos en la historia de los grandes movimientos corporativos.

El mercado interpretó, en primer lugar, que los términos del acuerdo de fusión con Portugal Telecom no eran ventajosos para OI. Esto se tradujo en una pérdida de valor de los títulos de OI en la Bolsa.

Además, OI no salió indemne del fuerte correctivo que sufrieron los mercados bursátiles de los países emergentes, siendo Brasil uno de los países más castigados por esta súbita aversión al riesgo asociado a los mercados emergentes por parte de los mercados de capitales.

La gota que ha colmado el vaso y que, probablemente, haya terminado con la paciencia de los grandes inversores institucionales de OI, ha sido el préstamo de 897 millones de euros de Portugal Telecom a la empresa matriz del Banco Espirito Santo.

Se ha descubierto que los directivos de OI tenían tan poco conocimiento de las intenciones de Portugal Telecom como usted y yo.

Portugal Telecom no se dedica a prestar dinero a holdings empresariales familiares, no que sepamos. Preguntado el principal directivo de Portugal Telecom sobre esta sorprendente maniobra, éste se justificó diciendo que el interés que ofrecía el préstamo era “demasiado elevado como para rechazarlo.”

Esta es la rocambolesca historia sobre cómo los problemas en el principal holding empresarial familiar en Portugal han contagiado a la mayor empresa de telecomunicaciones de Brasil, con Portugal Telecom en medio.

Fruto del enfado y de la presión de los grandes accionistas de OI, el acuerdo de fusión se revisó esta semana a favor de la compañía brasileña.

En el acuerdo original, Portugal Telecom iba a retener la propiedad del 39,6% de la compañía resultante entre la fusión de ésta con OI. El 60,4% de las acciones restantes serían para OI.

Bajo el nuevo acuerdo de fusión, fruto de las elevadas presiones de los grandes accionistas de OI e incluso del Gobierno de Brasil, Portugal Telecom recibirá sólo el 25,6% de las acciones de la nueva compañía. Así, la participación de OI en la nueva empresa aumenta del 60,4 al 74,4%.

La revisión del acuerdo de fusión ha beneficiado notablemente a los accionistas de OI. Gracias a esto, las acciones rebotaron en Bolsa más de un 10%, aunque no por mucho tiempo. El contagio de la inestabilidad en Portugal persiste en una compañía que, como veremos, tiene sólidos fundamentos.


Una empresa con sólidos fundamentos

A pesar de su desplome en la Bolsa de Sao Paulo, OI sigue siendo una empresa con grandes beneficios. En el último ejercicio, las ganancias por acción de OI fueron de 0,40 dólares. Tan sólo en el primer trimestre de este año, OI se ha atribuido unas ganancias por acción de 0,14 dólares.

Si OI cotizara con el mismo ratio de precio/ganancias que América Móvil, su principal rival en el mercado sudamericano, el precio de sus títulos sería de 6,6 dólares por acción.

Sin embargo, OI cotiza en la actualidad a 0,7 dólares por acción, casi 10 veces menos.

La acción es tan barata ahora mismo, que su ratio precio/valor contable es 0,21. Si ya es extraño que este ratio sea inferior a uno, verlo en un nivel tan bajo es algo realmente excepcional.

La gran debilidad de la compañía, además de su exposición indirecta a los problemas del Banco Espirito Santo, es el elevado volumen de deuda corporativa, estimada en algo más de 15.000 millones de dólares que, casi en su totalidad, corresponde a deuda a largo plazo.

En el sector de las telecomunicaciones, las empresas suelen estar altamente endeudadas. Sin ir más lejos, Telefónica está inmersa en un profundo ajuste para reducir su nivel de endeudamiento.

No obstante, sólo el elevado volumen de deuda no justifica el precio de las acciones de OI. Es difícil entender cómo la posible quiebra del Banco Espirito Santo, algo muy improbable dado el carácter sistémico de esta entidad financiera en el sector bancario portugués, puede haber hundido la cotización de las acciones de OI hasta un niveles tan irracionales.

A diferencia de Portugal Telecom, que sí se está arriesgando a que no le devuelvan los 897 millones de euros que prestó a la empresa matriz del Espirito Santo, OI no tiene una exposición directa a los problemas del sector financiero portugués.

De hecho, cuanto más comprometida sea la situación de Portugal Telecom respecto a su préstamo al Banco Espirito Santo, mejor posición tendrá OI para renegociar los términos de la fusión. Algo coyuntural que, a largo plazo, será muy favorable para los accionistas de OI.

 

Un cordial saludo,

Alberto Redondo

Inversor Global España

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