En defensa de Vladimir Putin

“Rusia está detrás de esto. Ellos derribaron el avión”.

Esto fue lo que me dijo un amigo el domingo en la misa de las ocho de la mañana en Baltimore, Estados Unidos. “Dios mío” pensé, “está perdiendo la cabeza”. ¿Cómo podemos saber quién derribó un avión a 8.000 kilómetros de distancia?

Pero en los medios estadounidenses y de todo Occidente, en los coloquios y en los debates, Vladimir Putin ya ha sido condenado. Sin juicio, sin el debido procedimiento. Las prisas por juzgarlo han sido tantas que el veredicto ya ha sido emitido antes de que el juez se siente en su silla.

En el lobby del Hotel Hilton en Londres oímos accidentalmente una conversación:

“¿Qué crees que la comunidad internacional debería hacer?” pregunta una voz seria. El interrogante lo formula una señora de mediana edad que parece “querer hacer algo”.

Su acompañante escuchó la pregunta y le dio una respuesta envuelta en tantas buenas intenciones que a la señora le costó un rato darse cuenta de qué estaba hablando.

“La comunidad internacional necesita prestar atención a estas cosas. Necesitamos iniciar un diálogo. Necesitamos tener fe en nuestras instituciones. Bla bla bla… generar consenso… trabajar con las ONGs… actuar de acuerdo al derecho internacional… bla bla bla…

“¡Putin no puede salirse con la suya!”, responde la señora.

La oposición al presidente de Rusia es tan universal, tan unánime entre los “salvadores del mundo” y tantos dedos apuntan en su dirección que no puedo evitar salir en su ayuda.

Y así es como salgo en defensa de Vladimir Putin. No lo hago en pos de la justicia (eso ya lo he dado por perdido), sino en búsqueda de la travesura y de la provocación.

En primer lugar, Rusia tiene una larga historia plagada de miserias, la mayoría autoinfligidas. Uno de los peores episodios, no autoinfligido pero en gran medida agravado por ellos mismos, fue la Segunda Guerra Mundial.

El país perdió a 25 millones de ciudadanos en aquella espantosa guerra. Sólo sobrevivió porque fue capaz de ir retirándose hacia las estepas, arrastrando a su enemigo al barro, el frío y las largas líneas de suministros. Distancia, espacio y tiempo son los aliados históricos de la Madre Rusia.

Así, es comprensible que Vladimir Putin quiera salvar al menos el este de Ucrania como amortiguador frente a la próxima invasión procedente del Oeste.

Mientras tanto, a pesar de las garantías ofrecidas por George H.W. Bush y otros presidentes y secretarios de Estado estadounidenses, los estados de la periferia de Rusia han sido atraídos hacia la OTAN, la Unión Europea y sus enemigos potenciales.

De acuerdo con la prensa, Estados Unidos se entrometió en Ucrania ayudando a derrocar a Víktor Yanukóvich, un presidente elegido democráticamente, por alguien más proclive a los deseos de Occidente. ¿Por qué debería Putin echarse atrás?

En segundo lugar, si efectivamente resulta que en realidad fueron los separatistas prorrusos, es muy improbable que estuvieran actuando de acuerdo a las órdenes de Moscú.

Finalmente, comparado con la imprudente y asesina manera en que Estados Unidos y sus aliados expanden su influencia por el mundo, Rusia ha permanecido durante los últimos años remarcablemente comedida y civilizada.

En Estados Unidos, por cada 100.000 habitantes hay 716 presos. En Rusia hay 475. Además, el número de ataques con drones llevado a cabo por las fuerzas armadas estadounidenses fuera de sus fronteras asciende a 4.700. Rusia ha hecho cero ataques de estas características.

Denle al hombre un respiro. Ya sea en términos de meter a la gente en la cárcel o de matarla, el señor Putin no es el peor hombre.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “FinancialReckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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