Bolsa y economía: dos caminos separados

El miércoles pasado se conoció el dato definitivo de crecimiento del Producto Interior Bruto de la economía de Estados Unidos para el primer trimestre de este año y el cimbronazo se hizo sentir.

El Departamento de Comercio de Estados Unidos había pronosticado que la mayor economía del planeta se contraería en torno al 1% debido a factores extraordinarios como el durísimo invierno que afrontaron durante la temporada navideña y las primeras semanas del año.

Sin embargo, ni los más pesimistas se imaginaron que la cifra definitiva de caída del PIB estadounidense se situaría en un 2,9%, una contracción brutal que prácticamente nadie esperaba.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Justifica el duro invierno que atravesó el país norteamericano semejante golpe en su economía?

En mi opinión no, sobre todo si tenemos en cuenta que la economía canadiense se expandió en primer trimestre del año un 1,2%, y eso que los inviernos en Canadá son mucho peores que en Estados Unidos.

No. Culpar al clima es sólo una mala excusa.

Lo que puede suceder es que, después de todo, los estímulos monetarios no sean tan efectivos como Janet Yellen y otros importantes miembros de la Fed defienden.

Y puede ser que Keynes tuviese razón cuando hablaba de la trampa de la liquidez, que se produce cuando los miles de millones emitidos por un banco central no llegan a la economía real, sino que se agolpan en los mercados financieros o en los colchones de los ciudadanos.

La Bolsa sigue en alza

Pasan cosas extrañas en el universo de la Bolsa adicta al doping de los bancos centrales. Se publican desalentadores datos de crecimiento y el Dow Jones sube un 0,29%, manteniéndose cerca de los máximos históricos en casi 17.000 puntos.

Los mercados bursátiles y la economía real nunca habían estado tan desvirtuados como ahora. Las malas noticias que impactan en la economía real parecen ser buenas noticias en el universo paralelo de la Bolsa, ya que al implicar una retirada de estímulos más lenta, prolongan la barra libre de liquidez que mantiene a buena parte de las plazas bursátiles del mundo cotizando en sus máximos históricos.

Esta paradoja, unida a que la Bolsa estadounidense cotiza en máximos históricos, invita a salir corriendo de la renta variable norteamericana. Sin embargo, un movimiento así podría ser precipitado.

Resulta poco discutible que, de la mano de los bancos centrales, nos estamos encaminando a una nueva burbuja bursátil. Los datos macroeconómicos no guardan relación con el momento de euforia que viven las Bolsas.

Sin embargo, mientras la música suene todos tenemos que bailar. Si la Reserva Federal pospone el incremento de los tipos de interés hasta 2016 como dio a entender la semana pasada, las Bolsas podrían prorrogar su tendencia alcista.

La mezcla de estímulos monetarios con bajo crecimiento económico convierte a la Bolsa en algo impredecible. Ante esta situación conviene recordar el famoso dicho estadounidense “sell in May and go away” (vender en mayo y retirarse).

Tradicionalmente los meses de verano en el hemisferio norte son los más volátiles por su bajo volumen, pero también son los que peor rentabilidad tienen. Por eso, mi consejo para que pase unas vacaciones de invierno más tranquilo es apostar por los grandes valores, preferiblemente de la bolsa europea, y dejar que la inversión de pequeños valores -como los bancos- sea un problema para los especuladores.

Haciendo esto se ahorrará disgustos y, si la Bolsa continúa con su tendencia alcista, seguirá beneficiándose de las subidas en los mercados.

Un cordial saludo,

Alberto Redondo

Inversor Global España

PD: puede seguirme en Twitter en @AlbertoRedondo0

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  1. marianog

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