Friday, December 6, 2019
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La guerra de los taxistas

Atrapado en Londres por la huelga de taxistas, Bill Bonner reflexiona sobre el momento económico actual y la burbuja bursátil que se está gestando al calor de los estímulos monetarios de los principales bancos centrales del mundo.

By wpadmin , in Ajuste de cuentas Bill Bonner Columnistas , at 14 junio, 2014 Etiquetas: , ,

Londres estaba animado. Restaurantes, bares, museos… todo estaba a rebosar. En Hyde Park, un par de franceses sudados jugaban al tenis. Un grupo de gente bebía té en un café. Mujeres acostadas en el pasto tomando el sol. Una familia numerosa había extendido una manta y se preparaba para organizar un picnic. Una pareja de rusos altos pasaba por el lado.

Es fácil moverse por Londres. Uno tan solo tiene que ir a cualquier esquina y levantar el brazo. Normalmente, un taxi para pronto. En Madrid ocurre algo parecido. En París, sin embargo, es distinto. Si quieres un taxi tienes que ir a una parada. Entonces, muy probablemente, no habrá ningún taxi disponible.

Y resulta que el miércoles los taxistas entraron en huelga, lo que es una molestia para cualquiera que quiera ir al aeropuerto. Oh, y también pararon algunos trenes en solidaridad con sus compañeros taxistas. Además, los taxistas amenazaron con bloquear algunas de las carreteras principales de Londres, sobre todo la que va del centro al aeropuerto.

Ésta no es la mejor manera de hacer amigos y de impulsar el negocio. Por toda la ciudad la gente está considerando otras opciones. ¿Caminar? ¿Conseguir una moto? ¿Coche colectivo? Mi mujer decidió abrirse una cuenta en Uber, el sistema alternativo al taxi. Si nos gusta, los taxistas habrán perdido un cliente.

Mientras tanto, ¿recuerdan nuestras predicciones para la economía estadounidense? Primero Tokio, luego Buenos Aires. Ése fue nuestro pronóstico desde que empezó esta crisis en 2008.

La idea era simple: la crisis desembocará en un estancamiento a la japonesa, que eventualmente podría ser resuelta con el Gobierno imprimiendo dinero y aumentando la inflación.

Enfrentados a los hechos, la predicción era claramente equivocada. Es correcta de acuerdo a los grandes acontecimientos de los últimos seis años, pero algunos detalles se pierden en el análisis, incluyendo algunos de los más importantes.

Al contrario que en Japón, el mercado bursátil estadounidense subió con fuerza. El rebote que pensamos sería temporal y pequeño se ha convertido en una gran tendencia alcista que dura hasta hoy. ¿Durará mucho? ¿Es real? ¿Quién reirá de último? No lo sabemos, pero por ahora no oirá nuestras risas de satisfacción.

Es extraño cómo estas dos cosas divergen. Por un lado está la Bolsa, que parece decirnos que tenemos un renacimiento al estilo estadounidense entre manos. Y por otro lado está el mercado de bonos, cuya minúscula rentabilidad parece susurrarnos en japonés.

La Bolsa se supone que se adelanta al futuro. Los inversores se anticipan a los cambios en las ganancias corporativas, que suelen estar acompañadas de mayores ingresos. El precio de las acciones, cerca de los máximos históricos, debería estar indicándonos que lo mejor está por venir.

Una verdadera recuperación, sin embargo, debería llegar al mercado bursátil como un ángel exterminador. Debería implicar unos tipos de interés más altos y unos precios más altos a medida que más prestatarios demandan unos recursos escasos. En esta situación, la Bolsa retrocedería a medida que las inversiones de renta fija ganan popularidad.

El mercado de bonos, donde la rentabilidad cae en lugar de crecer nos avisa que debemos tener cuidado. Sugiere que en realidad la economía no está mejorando: la demanda de préstamos es baja y la inflación también.

¿Qué hacemos? ¿Qué mercado nos está diciendo la verdad?

Nuestro pronóstico es que aún estamos en Tokio con un bajo crecimiento, bajas tasas de interés, población que envejece, deuda creciente y baja inflación. El mercado de valores, por otro lado, es una farsa, un producto de la mayor manipulación bursátil de toda la historia.

Dado que estamos pasando demasiado tiempo ahí, tal vez sería interesante saber más sobre lo que está pasando en Japón.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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Comments


  • Siempre creí que la política que llevaba adelante el gobierno norteamericano para salir de la crisis era correcta. Y que por el contrario es incorrecta la que lleva adelante Europa.

    Aunque siempre el exceso de dinero puede generar peligros de inflación, el efecto en estos casos es indirecto. Y hay algo más. Lo que ha ocurrido parece corroborar esto.

    Si el dinero agregado se usa para promover la compra de bienes y servicios en forma directa, sin duda provocaría inflación, salvo que exista una economía muy deprimida, y un gran desempleo. Estos son principios keynesianos.

    Pero cuando el dinero va a cubrir al sistema financiero, es dinero dirigido al ahorro. Y el dinero dirigido al ahorro, tiene al menos una llegada indirecta y porcentual hacia la economía de bienes y servicios.

    Hay una regla que siempre se cumple. Primero se cae el sistema financiero, luego la denominada economía real. La recuperación sigue el sistema FIFO (first input, first output). Primero se recupera el sistema financiero, después la economía real. El que cae primero se recupera primero.

    Pero hay dos corolarios de esto. Si sea cae el sistema financiero, SIEMPRE se cae la economía real. La economía real no se recupera NUNCA, si no se recupera el sistema financiero.

    Esto va más allá de las culpas que se le puedan atribuir al sistema financiero.

    Hay otro tema más. El dinero es un bien evolutivo. Las teorías que sobre el dinero se desarrollaron, se apoyaron más que nada en la economía de los bienes y servicios.

    Desde hace ya varios años, se ha agregado a esa economía un sistema más complejo, como son los bienes intangibles.

    Y en realidad, los bienes tangibles se han vuelto crecientemente intangibles. ¿Hay algo más tangible que un bien inmueble? Y sin embargo su valor puede variar enormemente en las crisis.

    La caída del valor de los bienes intangibles, por caso la crisis de las subprime, podemos considerarla como si se produjera de pronto una destrucción de riqueza. El que tenía 100.000 dólares en el Banco y una casa de 200.000 dólares, tenía 300.000 dólares. Pero si su casa vale la mitad. De pronto tiene 200.000 dólares.

    El que no tiene que hacer operaciones no se ve afectado, pero el que sí tiene que hacerlas, SÍ, se ve afectadoy el mercado inmobiliario es enorme. Le ha desaparecido una parte de la riqueza que tenía.
    Los millones de personas que perdieron parte de su riqueza, porque en una crisis la sociedad adjudica menos valor a ciertos bienes, tienen menos capacidad de compra, y transmiten a la sociedad esa menor capacidad de compra.
    Sabemos que las crisis ocurren y se resuelven. Si en la resolución los precios empezaran a recuperarse y crecieran por encima de los históricos, es posible recuperar ese dinero con encaje, tasa de interés, impuestos etc.

    Por eso creo que es un problema que requiere mucho más que el análisis clásico.

    Saludos
    ,

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