Estados Unidos y el default: ¿y por casa cómo andamos?

El Gobierno argentino está a pasos de verse obligado a declarar la suspensión de pagos a sus acreedores por deuda emitida en 1994 y reestructurada en 2005. Como una porción minoritaria de los bonistas, liderada por los fondos NML y Aurelius, no entraron en la reestructuración, llevaron a la Argentina a tribunales en el extranjero para recuperar la totalidad de sus inversiones. La ley norteamericana falló a favor de éstos y ahora la inminencia del pago puso a la Argentina entre la espada y la pared.

Esta situación, no sólo genera intriga sobre los acontecimientos futuros sino que también despierta la curiosidad de saber si el país norteamericano (que falló en contra de la Argentina) nunca antes pasó por una situación similar.

Frente a este interrogante, la mayoría de las personas traerá a colación el shutdown que ocurrió nada más y nada menos que el año pasado. Si antes del 17 de octubre del 2013, Estados Unidos no conseguía que el Congreso autorizara elevar el techo de la deuda oficial, se corría el riesgo de que el país no pudiera cumplir con sus pagos.

Sin embargo, no era la primera vez que algo así ocurría en el país. Según diferentes expertos en finanzas públicas, virtualmente desde el nacimiento del país, allá por 1790, Estados Unidos había incurrido en el impago de sus deudas. En ese entonces fueron las contraídas durante la guerra de la independencia contra el imperio británico.

Más adelante, y en función de lo que ampliamente se entiende por “default“, se puede afirmar que en 1933, durante la Gran Depresión, y en situaciones similares, aunque a nivel estatal, en 1841 y 1873; Estados Unidos estuvo a pasos de no cumplir con sus obligaciones.

Un artículo publicado por la BBC, explica que ya en 1790, recién nacido como país tras independizarse del imperio británico, Washington se vio obligado a diferir pagos por culpa del altísimo endeudamiento producto de la guerra por la independencia.

Estados Unidos debía muchísima cantidad de dinero a España, Francia y Holanda, que habían financiado sus operaciones militares contra la dominación británica e incumplió sus obligaciones de pago en repetidas ocasiones, tanto del monto principal de la deuda como de los intereses, según señaló el economista Peter M. Garber en su investigación “El plan de reducción de deuda de Alexander Hamilton”, publicada en 1991.

Según Garber, Alexander Hamilton, quien fuera el primer secretario del Tesoro de la historia del país, puso en marcha un programa para refinanciar toda esa deuda. “La deuda se vendió con un 75% de descuento y dos años después fue reembolsada a la par”, señala Garber en su artículo.

Sin embargo, lo que el gobierno reembolsó fue un paquete con un valor de mercado sensiblemente inferior al inicial, con lo que técnicamente, algunos hablan de un impago de deuda, si se quiere, parcial.

Varios años más tarde, aunque el gobierno federal estadounidense nunca más volvió a incurrir en impagos a nivel internacional, sí lo ha hecho en sus obligaciones financieras a nivel interno.

De acuerdo con Carmen Reinhart, experta en finanzas de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, se puede hablar de ese caso, a nivel estatal, tanto en 1841 (nueve estados) como en 1873 (diez estados).

Además, fue el caso de 1933, cuando sí estuvo implicado el gobierno federal en el marco de la profunda crisis conocida como Gran Depresión. Entonces, el presidente Franklin D. Roosevelt puso fin al patrón oro y después resolvió devaluar el dólar.

El presidente resolvió dejar de pagar las deudas suscritas en oro. Aunque hay quien discute que se tratara de un impago y prefiere hablar de monetarización de una deuda, Reinhart le dijo a BBC Mundo que sí fue “default” en el sentido en que supuso imponer condiciones desfavorables para el acreedor.

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