Un creador y destructor de riqueza sistemático

El armado de un castillo con 500 naipes es una tarea que nos puede demandar mucha paciencia y una larga cantidad de horas. Sin embargo, el soplido de un tenue viento puede terminar con todo el trabajo realizado en cuestión de segundos.

Este tipo de situaciones es una constante en los mercados bursátiles. He escuchado infinidades de veces distintas experiencias de los inversores en torno a esto.

“Lo que me costó ganar en un año, lo perdí en un día”, es una relativamente común en momentos de bajas de las Bolsas.

Sin dudas es así. La historia demuestra que este tipo de hechos se repiten una y otra vez.

Y continuarán repitiéndose.

La Bolsa debe ser, sin dudas, el mercado de mayor transparencia en lo que se refiere al proceso de determinación del precio de los activos. Siempre existe un precio de compra y siempre existe un precio de venta para cada uno de ellos.

Desde ya que muchas veces podemos estar en desacuerdo con el precio que nos quieren pagar cuando queremos vender un activo o con el que nos quieren vender cuando tenemos que comprarlo.

Pero la decisión final la tiene cada uno como inversor. Si no estoy conforme con el precio ofrecido, puedo decidir no hacer la operación, asumiendo los riesgos que ello implica.

Aclarado lo anterior, existe una característica irrefutable en torno a cualquier Bolsa alrededor del mundo y esta es que la velocidad de la baja en los precios de los activos financieros es exponencial en comparación con el proceso de suba de las cotizaciones.

Un bull market, denominación que se utiliza para describir un proceso alcista, para un determinado activo o mercado puede tardar meses y hasta años en gestarse.

De allí que el inversor debe tener paciencia al momento de elaborar una estrategia de inversión, saber soportar la volatilidad y ajustarse lo máximo posibles a sus planes y objetivos.

En cambio, un bear market, denominación vinculada a los mercados bajistas o procesos de corrección de precios, se desencadena de la noche a la mañana, en cuestión de horas o minutos.

No es casualidad que como inversores recordemos más las grandes caídas del mercado, como puede ser la Gran Depresión de la década de 1930, el “lunes negro” de 1987, la explosión de la burbuja punto.com o la caída del sistema el 6 de mayo de 2010, entre otros.

Seguramente recordará más de una de las sesiones que acabo de nombrar. En contraste, si le pidiera que recuerde algún día de fuerte suba de los mercados, su memoria tardará más en encontrar una fecha exacta. O quizás ni recuerde.

Desde el análisis del comportamiento del inversor, es lógico que nos acordemos más de los días malos que de los buenos en materia de inversiones. Pero esto tiene una estrecha vinculación con lo que describí anteriormente: las crisis se desencadenan de forma brutal y más rápidamente que los períodos de bonanza.

Un caso reciente nos permitirá entender más esta dinámica.

Hace varias semanas que vengo haciendo mención al comportamiento de las acciones tecnológicas en Wall Street. El comportamiento de algunas acciones están marcando señales de alerta que no debemos ignorar, especialmente las vinculadas con Internet y redes sociales.

Tomemos el caso de la acción de Twitter.

El día 6 de noviembre de 2013 sus acciones se colocaron en la Oferta Pública Inicial a US$ 26. El primer día de cotización (7 de noviembre) subieron un 73% hasta los US$ 44,90. Para el 26 de diciembre, se alcanzó el máximo cierre histórico en US$ 73,31, valuando a la compañía en casi US$ 42 mil millones.

Hasta acá, todo muy atractivo tanto para la empresa como para los inversores. Pero el 2014 iba a ser completamente diferente…

En lo que va del año la acción perdió un 52%, o el equivalente a US$ 21.800 millones de su capitalización bursátil, una cifra realmente importante.

Lo que más llama la atención es la aceleración de la caída en las últimas semanas, sobre todo después de la presentación de su balance trimestral y de la expiración del período de lock-up (se trata del período donde los accionistas preexistentes antes de la salida a Bolsa de Twitter no pueden vender sus acciones).

Para tener dimensiones de lo que hablamos, el 6 de mayo último la acción de Twitter perdió un 17,8%, equivalente a US$ 4.500 millones de capitalización bursátil.

Estos movimientos de Twitter son un claro ejemplo de cómo la Bolsa es un constante mecanismo de creación y destrucción de riqueza.

Desde el punto de vista del inversor, lo ideal sería aprovechar plenamente la etapa de creación de riqueza y saber bajarse a tiempo para cuando el proceso de destrucción comienza. Para ello, existen algunos consejos que le puedo brindar:

  • No se enamore de las modas del mercado, ya que las mismas están cargadas de condimentos ajenos a los fundamentos de una inversión.
  • Analice observando el largo plazo, tratando de no verse contaminado por toda la información que fluye en el corto plazo.
  • Tener timing. Es importante saber cuándo comprar, pero más importante es saber cuándo vender.

Estos son algunos de los criterios que utilizamos en nuestro newsletter de recomendaciones Crisis & Oportunidad. Los resultados alcanzados hasta el momento han sido muy auspiciosos. Espero que los haya disfrutado también.

Nos reencontramos la próxima semana.

Un saludo.

Diego.

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