¿Por qué no eliminar la moneda en Argentina?

Por Federico Tessore

Reportando desde Naples, Estados Unidos

Imagine que usted comete el mismo error durante más de 60 años. Repite una y otra vez la misma conducta. Obtiene una y otra vez el mismo resultado indeseado. Ante esa realidad, ¿no sería una buena idea cambiar esa conducta?

Esto es lo que pasa con la relación entre el dinero y el Gobierno. Los gobiernos pasan, los políticos pueden ser diferentes, pero todos tienen la misma forma de manejarse. Todos sin excepción usan el dinero para financiar sus lujos y siempre terminan igual: devaluaciones, confiscaciones, quiebras, vuelta a empezar.

Si no me cree, mire el resumen de las crisis financieras que hacíamos en el libro “El Fin de la Argentina” que publicamos el año pasado:

  1. Crisis 2011: Corralito cambiario y devaluación de Cristina Fernández de Kirchner
  2. Crisis 2001: Default y posterior devaluación, pesificación y corralito bancario de Eduardo Duhalde
  3. Crisis 1990: Hiperinflación y plan Bonex de Carlos Menem
  4. Crisis 1989: Hiperinflación y devaluación de Raúl Alfonsín
  5. Crisis 1980: Devaluación de José Martínez de Hoz
  6. Crisis 1975: Devaluación e incremento de precios de Celestino Rodrigo
  7. Crisis 1972: Corralito cambiario de Aldo Ferrer
  8. Crisis 1955: Corralito cambiario y devaluación de Juan Domingo Perón

En casi 60 años pasamos 8 fuertes crisis financieras. Esto da un promedio de una crisis cada 7,5 años…

Y fíjese que hubo de todo en cuanto a los responsables de las crisis: desde el mismo Perón hasta militares, radicales, “liberales” y “progresistas”. Si seguimos haciendo lo mismo durante los próximos 60 años, ¿algo le hace pensar que este patrón puede cambiar?

Por lo tanto, estamos ante dos alternativas. O nos resignamos a seguir teniendo crisis financieras que destruyen patrimonios, sueños y proyectos cada 7,5 años o hacemos algo para cambiar. Y ante este escenario, no cambiar resulta algo totalmente irracional.

¿Por qué? Generalmente no queremos cambiar porque tenemos miedo de los resultados. No nos gusta la incertidumbre de lo desconocido. Por lo tanto, preferimos seguir con lo que tenemos. Pero en este caso, lo que tenemos es un desastre, es una crisis financiera tras otra. Esto implica que el riesgo de cambiar sea muy bajo. Si la situación actual es pésima, ¿cuánto peor puede ser el resultado del cambio?

En este contexto, entonces, ¿por qué no exigir a nuestros políticos que eliminen la moneda argentina de una vez por todas? Si el poder del Gobierno para emitir moneda es uno de las grandes responsables de las crisis, ¡eliminemos esa herramienta letal de una vez por todas!

Sería como pedirle al médico que nos saque un cáncer que nos está matando, algo totalmente obvio y necesario para seguir viviendo. Sí, ya sé, usted estará pensando cómo sería nuestra vida sin una “moneda oficial” para realizar pagos.

Bueno, no sería tan complicada. Pensemos juntos. Imaginemos. Volemos…

Supongamos que todos los argentinos nos ponemos de acuerdo y exigimos a nuestros políticos que eliminen la moneda. Que si no lo hacen, no los votamos.

A estos políticos no les va a gustar nada la idea. Piense que ellos y sus amigos se hacen ricos y obtienen poder gracias a esta herramienta, pero la presión de la población será tan fuerte que no les quedará otra opción.

Luego de pasar la Ley en el Congreso, a partir del 1 de enero de 2015, todos los argentinos pueden comerciar y usar la moneda que deseen. No hay limitación de ningún tipo ni regulación ni ningún control. Todos podemos hacer lo que queremos.

En mi caso personal, seguramente propondría que los productos de Inversor Global se puedan vender en otras monedas que no sean el peso. Seguramente elegiría el dólar, pero también estaría muy interesado en proponer nuevas monedas como el bitcoin o viejas como el oro.

Una de mis funciones como empresario sería estar atento a la evolución de cada moneda y elegir aquéllas que den más seguridad a mi negocio. Seguramente, de forma gradual dejaríamos de usar el peso como moneda de cambio. ¿Para qué usar una moneda que pierde valor a un ritmo del 35% anual?

El gran problema vendría a la hora de pagar impuestos. ¿En qué moneda pagaríamos impuestos? Bueno, lo ideal sería que lo hiciéramos en la moneda que queramos también, en la que tengamos a mano. Es decir, si tenemos dólares pagamos en dólares; si no, en bitcoins o en oro.

Pero puede ser que el Gobierno no quiera aceptar cualquier moneda o que se complique al manejar múltiples monedas. En este caso, el Estado podría seguir exigiendo que los impuestos se paguen en pesos. Sería cuestión de cambiar nuestra moneda, la que manejamos todos los días en nuestra actividad, por pesos y listo. Por supuesto que estos cambios también tendrían que ser libres y sin regulación estatal.

El Gobierno seguiría financiando al 50% de los argentinos que viven del Estado con esa moneda -el peso- y los argentinos productivos, aquéllos que trabajamos y creamos nuestra propia riqueza, nos manejaríamos con otras divisas más confiables y seguras. Por supuesto que también tenemos que tener la libertad de guardar ese dinero en el banco y en el país que queramos. La idea es que el Gobierno no pueda controlar el destino de ese dinero, que no pueda apropiárselo a la fuerza.

¿Qué pasaría en ese escenario?

Bueno, seguro que muchos lectores están pensando cosas como “los especuladores se aprovecharían de que el mercado no está regulado por el Estado, entonces se harían más ricos y los pobres más pobres y los bancos y Estados Unidos tendrían más poder, el imperialismo crecería…” y otro montón de argumentos complicados de entender.

Pero yo creo que pasaría algo muy diferente. Por un lado, creo que es cierto que el Estado y todos los que viven del mismo se empobrecerían. Ellos se manejarían en una moneda que no tiene valor…

En cambio, el otro grupo -los empresarios y los trabajadores- se enriquecerían, ya que se manejarían en una moneda mucho más sólida y confiable.

Hasta acá muchos lectores quedarán muy enojados con los resultados de esta idea. Pero cuidado que la dinámica no termina acá. En realidad, recién empieza.

Luego comenzaría a darse un proceso muy saludable. Las empresas empezarían a crecer, fruto de la libertad para comerciar que tienen y comenzarían a contratar a los pobres empleados del Estado que ganan en pesos. Estos empleados se cambiarían felices a las nuevas tareas, ya que ganarían sueldos mucho más atractivos en monedas más fuertes. Y de esta forma, el ineficiente Estado gradualmente se achicaría a medida que se quede sin empleados dispuestos a trabajar para el. Y la economía en su conjunto no dejaría de crecer gracias a esta incipiente libertad para comerciar.

Contrastemos esta situación ideal con la situación actual.

Hoy sólo podemos comerciar en una sola moneda, el peso. Esa moneda no la podemos cambiar por ninguna otra. Además, no la podemos enviar al exterior. Y como si esto fuera poco, tenemos que pagar impuestos por casi el 50% de nuestros ingresos en esa misma moneda.

A cambio de todo esto recibimos servicios pésimos, pero permitimos que los políticos y sus amigos se conviertan en millonarios y que mantengan a casi el 50% de la población sin trabajar, a cambio de los votos necesarios para acceder al poder y hacerse millonarios.

¿Podemos cambiar esta realidad e irnos al escenario sin monedas que le planteo?

Parece un tanto complicado, pero podemos hacer dos cosas.

Por un lado podemos intentarlo. Uno nunca sabe cómo se pueden dar las cosas si no las intenta. Y por otro lado, armar nuestro propio plan financiero que nos asegure independencia de los políticos y su poder para destruir monedas.

Los resultados de la primera misión no los controlamos, pero aquéllos de la segunda misión sí. Es solo cuestión de animarse y de tener coraje. Si usted aporta estas energías, nosotros desde Inversor Global le aportamos el conocimiento y la experiencia. Juntos, vencer al arma letal de los políticos es una gesta perfectamente alcanzable.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global

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