La única y fundamental clave para tener dinero

Reportando desde Fort Lauderdale, Estados Unidos

Casi 15 años atrás, cuando daba mis primeros pasos en el mundo financiero, me tocó vivir una experiencia reveladora. Era una soleada mañana en el banco donde trabajaba, frente a la plaza Flores de la Ciudad de Buenos Aires, y un señor con ropa sucia, desprolijo, entró al sector VIP del banco, el sector donde se manejaba el dinero de las personas que justamente lo tenían. Un mínimo de cien mil dólares para invertir.

El país estaba viviendo la terrible recesión del Gobierno de De la Rúa previa a la brusca salida de la convertibilidad. Por lo tanto, era común, como lo es ahora, encontrarse con gente de pocos recursos en la calle, viviendo y comiendo con lo que podían. Mi primer pensamiento fue que esta persona entraba al sector a pedir algún tipo de ayuda. Pero cuando comencé a charlar con él me llevé una gran sorpresa.

El señor no solo no quería ayuda, sino que en realidad estaba en una posición de ayudarme a mí. Gradualmente me fue explicando la situación. Él era basurero, trabajaba en la vieja empresa Manliba como recolector de desechos en un camión por la zona y había tenido un golpe de suerte. Había jugado a la lotería y la había ganado. Mucho dinero había ganado. Unos 2 millones de dólares que 15 años atrás era mucho más que 2 millones de dólares ahora…

Y no tenía la menor idea de qué hacer con ese dinero. Por eso había llegado al banco, para buscar ayuda para guardar ese dinero. Cuando salí de la sorpresa inicial ante el inesperado panorama, pude charlar largo y tendido con Mario y las sorpresas no se detuvieron allí. Otro de los aspectos que me llamó la atención de Mario es que no estaba contento con esta “sorpresa” que le había dado la vida.

Semejante cantidad de dinero lo asustaba. Sí, ya sé, muchas personas piensan que tendrían la reacción contraria si ganaran la lotería. Festejarían o invitarían a sus familiares o amigos a un viaje inolvidable. Pero cuidado que en el momento de recibir todo ese dinero, si no estamos preparados, las cosas pueden cambiar.

Y para Mario la situación se había tornado desagradable. Por ejemplo, en la puerta del banco lo estaban esperando sus compañeros del camión. Todos querían alguna “ayuda” de Mario. También sus familiares comenzaron a dar vueltas por su humilde casa. La gente le daba consejos, le presentaban negocios y propuestas. Él estaba abrumado, no sabía para donde agarrar. Extrañaba su vida sin sobresaltos.

El caso de Mario siempre da vueltas por mi cabeza, especialmente cuando tengo la oportunidad de conocer a personas que tienen dinero pero que viven intranquilos y angustiados. Y aunque parezca mentira, esta situación es mucho más común de lo que imagina.

Le cuento el ejemplo de otro cliente mío de la época, llamado Juan Carlos, que había heredado algunos millones de pesos de su padre. Su educación era muy superior a la de Mario -era ingeniero-, pero su nivel de angustia era similar.

Cuando heredó el dinero, Juan Carlos dejó su trabajo en una empresa siderúrgica y se dedicó a intentar “disfrutar la vida”. Pero los planes no salieron como pensaba. Todos los días pasaba por mi oficina ansioso para revisar sus inversiones. Quería ver si habían subido o bajado. O encontrar nuevas oportunidades. Internet no era tan masivo en esa época…

La ansiedad de su “nueva” situación económica lo estaba matando. No le dejaba disfrutar un minuto su vida. En un rapto de sinceridad, Juan Carlos me confesó que era más feliz y libre en su etapa de empleado que vivía de su sueldo. El dinero lo había encarcelado…

¿Qué le pasa a las personas que buscan dinero toda la vida y cuando lo tienen son más infelices que antes?

La respuesta a esta pregunta puede venir contrastando las conductas y sentimientos de casos inversos a los de Mario o Juan Carlos. Le cuento uno.

Matías es un viejo amigo apasionado del campo. Le fascina hacer negocios con vacas, terneros, compra venta de campos, camionetas, todo lo que imagine relacionado al campo. Tiene una capacidad parar generar negocios que me asombra. Y siempre que termina uno empieza otro. No para un solo minuto.

Algunas semanas atrás me explicó uno de los negocios que estaba haciendo y me dijo que estaba un “poco” preocupado, cosa que me sorprendió porque él nunca le daba importancia al tema del dinero ni se mostraba angustiado por asuntos relacionados. “¿Por qué esta vez?”, le pregunto. “Es que estoy arriesgando gran parte de mis ahorros”, me contesta. “Y generalmente no hago eso cuando hago negocios, pero este negocio me apasiona tanto que creo que vale la pena arriesgar el trabajo de todos estos años”.

“Estás un poco loco Matías”, le digo, “ya lo hablamos muchas veces, no tiene mucho sentido arriesgar todo nunca, por más bueno que sea el negocio”. Pero Matías me responde: “Sí, ya sé, es un tanto arriesgado lo que estoy haciendo, pero no te creas que no le di vueltas al tema. Lo pensé mucho e inclusive anticipé el peor escenario: que pierda todos mis ahorros. Y no me preocupó mucho el panorama. Si pierdo todo, es fácil, armo un nuevo negocio y empiezo a recuperar todo relativamente rápido. Si vengo haciendo lo mismo desde hace más de diez años, de todas formas soy optimista, creo que va a salir bien”. Luego de decirme eso se fue a jugar con sus hijos al fútbol y se lo vio despreocupado y contento todo el resto del día.

Recuerde que estábamos ante un hombre que estaba poniendo en juego todos sus ahorros. Los de toda su vida. No me quiero imaginar a Juan Carlos o Mario en situaciones similares…

¿Qué es lo que diferencia a estos dos perfiles de inversores, Mario y Juan Carlos, por un lado, y Matías por otro? Si todas estas personas tienen dinero, ¿no tendrían que vivir todas tranquilas y felices?

Lo que los diferencia es la única y fundamental clave para tener dinero: la cabeza. En la cabeza de cada uno de nosotros se alojan los conocimientos y la experiencia financiera que adquirimos y que nos permiten generar capital. Y algunas personas tienen esos conocimientos y otras personas no los tienen…

En los casos de Mario y Juan Carlos ellos no tienen la más pálida idea de cómo se genera el dinero. Ambos fueron empleados toda su vida y nunca le dedicaron tiempo ni ganas a generar negocios o fuentes adicionales de ingreso. Por ello, si bien de repente se encontraron con mucho dinero, el miedo a perderlo todo los paraliza y les provoca ansiedad.

El caso contrario es el de Matías. Él arriesga todos sus ahorros en un negocio que puede salir mal. Y si bien las probabilidades de que Matías pierda todo su dinero son más altas que las de Mario o Juan Carlos, Matías está relajado y contento. Es que su cabeza tenía todo el conocimiento y toda la experiencia para generar ese dinero en forma independiente si algo malo ocurría. El dinero no lo asustaba, el dinero era su aliado.

Por ello, luego de muchos años de conocer a cientos de inversores, de los perfiles y patrimonios más diversos, me queda claro que el dinero en sí mismo, al final de cuentas, termina siendo irrelevante. ¿Para qué quiero juntarme con mucho dinero si ese dinero me va a volver más infeliz de lo que soy ahora?

Lo que termina siendo la clave para tener dinero y poder aprovecharlo toda la vida es mi mente, mi cabeza. Si logro desarrollar las habilidades que me permiten perderle el miedo al dinero, perderle el respeto, el dinero finalmente no solo llegará, sino que mucho más importante aún, se quedará conmigo toda mi vida. De esta forma tendré más chances de que el dinero contribuya a que pueda tener una vida plena y feliz.

Pero si hago lo contrario, si primero me fanatizo por conseguir dinero, sin desarrollar mi cabeza hacia una mente educada financieramente, puede que tenga alguna chance de conseguir ese dinero, pero ese dinero no funcionará como una herramienta para mi independencia, sino que se convertirá en nuestra prisión.

Algunos pensamientos adicionales…

La locura de los políticos argentinos continúa. Ahora decidieron no anunciar más la cifra de pobres en la Argentina. Las consultoras privadas dicen que hay un 35% de pobres en nuestro país. El Gobierno ahora no publica más las cifras, pero la última medición decía que había sólo 10% de pobres. Estamos hablando de una diferencia de 13 millones de argentinos que el Gobierno piensa que son de clase media y viven bien y las consultoras privadas dicen que son pobres y que muchos de ellos no tienen ni para comer.

¿Existe algo más cruel e hipócrita que esconder la pobreza?

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, pareció contestar esta pregunta en declaraciones que reprodujo La Nación ayer viernes, “Hay algo que vemos en todo el planeta: la gobernabilidad está en manos de gobernantes culturalmente casi primitivos. Se ocupan de las próximas elecciones y no de las próximas generaciones”.

Si lo dice el juez….

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

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