La lucha por la libertad y los inversores

la-lucha-por-la-libertad-y-los-inversoresPor Federico Tessore

Es cierto que si comparamos a la Argentina con Estados Unidos, este último país parece ser el reino de la libertad. Pero, la realidad es que el país del Norte no es hoy lo que solía ser. En Estados Unidos también existen muchas de las cosas que criticamos en nuestra nación y que gradualmente están sacando cada vez más libertad a los ciudadanos y cada vez le están dando más control a los políticos.

El enorme déficit fiscal que tiene el Gobierno de Obama, el férreo control que realiza sobre sus ciudadanos leyendo e-mails e interceptando comunicaciones telefónicas, la infinita emisión de dinero que realiza todos los meses la Reserva Federal, entre otros hechos, convierten hoy a Estados Unidos en un país mucho menos libre de lo que era en el pasado. Seguramente, como explica el escritor Niall Ferguson en su libro Civilización, ésta es una de las causas de la decadencia que se está dando en Occidente y que da pie al surgimiento que se está dando en Oriente desde el año 1970. Un tema que en el libro “El Fin de la Argentina” tratamos en profundidad.

Ahora, siempre hablamos de los políticos y de su negocio que implica imponer cada vez más regulaciones y controles. Pero, ¿qué pasa con los empresarios? ¿Qué pasa con los inversores? ¿Qué rol tienen los empresarios y los inversores en esta perversa dinámica que transitan muchos países del mundo?

El jueves pasado, un importante empresario llamado Charles Koch, presidente de Koch Industries, un mega conglomerado de empresas en Estados Unidos con ingresos por US$ 110.000 millones anuales y más de 70.000 empleados, publicó una provocadora columna en el diario The Wall Street Journal. El título de la misma, “Estoy luchando por recuperar a la sociedad libre” ya es provocador y la columna en sí misma también lo es. Pero más importante aún, comunica una postura contraria a la que uno imagina de un empresario “amigo del poder”.

Veamos la traducción de algunos de los párrafos más relevantes:

He destinado gran parte de mi vida a entender los principios que permiten a las personas mejorar sus vidas. Esos principios son los principios de una sociedad libre, los que moldearon mi vida, mi familia, mi compañía y Estados Unidos.

Lamentablemente, los conceptos fundamentales de la dignidad, el respeto, la igualdad ante la ley y la libertad personal están bajo ataque desde el propio Gobierno de nuestra nación. Por ello, si queremos recuperar la sociedad libre y crear bienestar y oportunidades para todos los estadounidenses, no tenemos opción que luchar por esos principios.

En una sociedad verdaderamente libre, cualquier negocio que no respete a sus clientes dejará de existir, lo cual es perfectamente merecido. Lo mismo debe ocurrir con un Gobierno que no respete a sus ciudadanos. La creencia central y la fatal presunción de este Gobierno es que usted es incapaz de manejar su propia vida y que ellos son capaces de manejarla por usted. Ésta es la esencia de un Gobierno grande y del colectivismo.

Me he pasado décadas oponiéndome al amiguismo y a los favores políticos, incluyendo los mandatos, subsidios y tarifas proteccionistas, aún cuando me podría haber beneficiado de ellas. Creo que el amiguismo no es otra cosa que la asistencia social para los ricos y los poderosos, y debe ser abolida.

En vez de buscar un sistema que permita a las personas ayudarse a sí mismas, Estados Unidos está ahora inmerso en un sistema que destruye valor, sube costos, complica la innovación y relega a millones de ciudadanos a la pobreza, la dependencia y la desesperanza. Esto es lo que pasa cuando los funcionarios piensan que las vidas de las personas están mejor manejadas por los políticos y los reguladores que por las personas mismas. Aquéllos en el poder fallan en ver que más Gobierno significa menos libertad, y la libertad es la esencia de lo que significa ser estadounidense. El amor a la libertad es el ideal estadounidense.

Si más empresarios (y funcionarios electos) tomaran como suya la visión de crear valor para las personas de acuerdo a estos principios, nuestra nación estaría mucho mejor, no sólo hoy, sino más importante aún, estaría mejor en las generaciones por venir. Estoy dedicado a pelear por esa visión. Estoy convencido, como muchos estadounidenses también creen, que esta pelea vale la pena.

La posición de este empresario cobra más importancia aún teniendo en cuenta este particular momento que está pasando el capitalismo mundial. La prestigiosa revista The Economist resumió esto muy bien algunas semanas atrás cuando tomó como nota de tapa el artículo llamado “La nueva era del capitalismo de amigos”, que muestra el camino que muchas economías mundiales están tomando, donde los políticos y sus amigos “empresarios” son una misma cosa. Actúan en conjunto. Uno le da favores, el otro financia campañas y comparten ganancias.

Argentina, por supuesto, es la muestra más cabal y extrema de esta realidad mundial. La década kirchnerista tiene empresarios emblemáticos que muestran esta dinámica a pleno. Cristóbal López y Lázaro Báez, entre otros. Pero los gobiernos anteriores, tanto el de Alfonsín, pero en mayor medida el de Menem, también tuvieron sus “Cristóbal López”.

Y esto es doblemente terrible. Por un lado, porque este capitalismo de amigos -por supuesto- provoca que accedamos a productos y servicios mucho más caros y de peor calidad que los que hubiéramos podido acceder si existiera la libre competencia.

Pero, por otro lado, y más perjudicial en mi opinión, porque la imagen del empresario en la sociedad queda totalmente lastimada. Queda asociada a “empresarios” como Cristóbal López, Sergio Spolski o Lázaro Báez, que basan su éxito y su fortuna en ser amigos de los políticos, en pedirles y devolverles favores. En ganar dinero siendo ineficientes.

Si bien es cierto que estos “empresarios” con comillas, no son empresarios; ya que no se manejan en el mismo juego que practican los empresarios verdaderos. El juego de la innovación, el riesgo, la creatividad y la anticipación. Ellos juegan el juego del soborno, el lobby, la ineficiencia, la protección, la regulación.

Son dos mundos totalmente extremos. Funcionan de forma inversa. El mundo de los reales empresarios genera prosperidad y bienestar. El juego
de los empresarios amigos del poder genera pobreza y riqueza para muy pocos.

Y como le decía recién, lo peor de todo esto es que la sociedad tiende a asociar a los empresarios con este último modelo de amigos del poder que hacen su fortuna en una mesa llena de maletines de dinero en efectivo, vasos de whisky y costosos habanos cubanos…

Por ello, y volviendo a la columna que publicó el empresario estadounidense defendiendo la sociedad libre, la misma cobra mucha importancia, porque los empresarios, en su casi total mayoría, tienden a tomar dos posiciones: o se hacen amigos del poder y buscan sus favores o callan por miedo a las represalias de esos amigos del poder y de los políticos.

De esta forma, el empresario que no es cómplice, encubre a esos nefastos personajes. La Argentina del año 2004 al año 2014, la década kirchnerista, es el extremo de este fenómeno. Todos los empresarios, con muy pocas excepciones, fueron cómplices o callaron los avasallamientos a la sociedad libre que se cansó de realizar el Gobierno kirchnerista. Nadie dijo nada. El único que se animó a algo fue el presidente de Shell, José Aranguren, luchando en virtual soledad contra personajes nefastos como el exsecretario de comercio Guillermo Moreno. Pero nadie más habló…

Sí, los empresarios estaban ganando dinero, por lo tanto: ¿qué importaba si el Gobierno quebraba todas las reglas y limitaba gran parte de las libertades?, pensaban los empresarios.

Esa conducta de corto plazo terminó siendo nefasta para nuestro país. Y en gran medida es una de las grandes causas de la decadencia argentina: empresarios débiles sólo mirando el corto plazo y prácticamente mudos.

¿Quién imagina una columna como la de Koch en la Argentina?

Sueño con empresarios argentinos que salgan de esta perversa dinámica de ganancias a corto plazo y se animen a hablar, a fijar posiciones contrarias a las regulaciones y a las limitaciones de la libertad. Sueño con empresarios que se animen a perder negocios de corto plazo en defensa de la sociedad libre, en defensa de la prosperidad de largo plazo.

Porque éste es el único camino que puede convertir a nuestro país en una nación próspera y pujante. Donde todos tengamos oportunidades. Donde todos podamos vivir como soñamos.

Si usted es inversor, si usted es empresario, siga el ejemplo de Koch: sea parte de esta lucha por una sociedad libre. No tenga duda que éste es el único camino para su prosperidad y la de su familia a largo plazo. Como empresario, como inversor, tiene un rol muy importante que cumplir. Debe animarse a poner límites a los políticos y sus amigos.

La guerra no es ni será fácil. Pero tampoco estará solo en esta lucha. Desde Inversor Global estamos totalmente comprometidos con esta causa y estamos seguros que cada día somos cada vez más los que defendemos los principios de una sociedad libre y prospera. No tenga miedo. No lo dude. Estamos ante una pelea que vale la pena dar, una pelea que pueda cambiar nuestro futuro y el de nuestras familias para siempre.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

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