El resurgimiento de lo seguro y tradicional

“La gran rotación ya está en marcha”, señaló un importante trader la semana pasada a un masivo medio de comunicación de Wall Street.

Sus palabras hacían una clara alusión a lo que se estaba viviendo en la Bolsa, donde las empresas que hasta hace unos meses acaparaban la atención de todos los inversores son las que estaban bajo presión.

Sinceramente no me sorprendí en absoluto cuando escuché esas palabras. Es más, usted tampoco debería estarlo si lee con frecuencia esta columna semanal. Algo anticipé en “Lo que esconde la caída del Nasdaq”, algunas semanas atrás.

Efectivamente, la Gran Rotación comenzó. Pero no recién ahora, sino que empezó a ocurrir hace unas semanas con la gran caída de las acciones de Internet.

También el golpe ha sido fuerte y contundente para las empresas de biotecnología.

Ambos sectores, que supieron liderar las subas de los mercados en 2013 y principios de 2014, son evitados por cualquier tipo de inversor. Sobre todo, por aquellos que amasaron grandes ganancias y ahora buscan refugio en activos menos volátiles.

Es por eso que los “peso pesado” de Wall Street han despertado de su letargo y son las acciones más buscadas del momento. Las denominadas blue chips, frecuentemente caracterizadas como inversiones aburridas, se han puesto nuevamente de moda.

Y un ejemplo de lo anterior s el siguiente gráfico:

Mientras que los ETFs de acciones de biotecnología (como el ETF IBB) y de redes sociales (como el SOCL) han sufrido fuertes correcciones en los últimos tres meses, el índice Dow Jones, compuesto por las acciones más “conocidas y antiguas”, ha prevalecido y opera con ganancias.

¿Qué justifica ese comportamiento?

Es una de las tradicionales batallas que dirimen los inversores entre el “valor” y el “crecimiento”, donde el primero prevalece en momentos de mayor incertidumbre, mientras que el segundo toma protagonismo cuando los mercados suben a ritmo frenético.

(Recordemos que las acciones de valor son aquellas asociadas a empresas estables, relativamente grandes, poco volátiles y que pagan fuertes dividendos; en cambio, las acciones de crecimiento están vinculadas con firmas de fuertes expansión de las ventas, que reinvierten la totalidad de su flujo de dinero en el negocio, no son rentables y son más volátiles.)

En estos momentos, al mayor riesgo percibido en el escenario internacional (conflictos geopolíticos, desaceleración de la economía china y quita de incentivos monetarios por parte de la Reserva Federal) se le adiciona el hecho de que los balances corporativos de las blue chips en relación a las empresas de crecimiento han venido sensiblemente mejores.

Empresas como Apple, Coca Cola, Johnson & Johnson, Morgan Stanley, Citigroup o Caterpillar han mostrado ventas y ganancias robustas en el primer trimestre del año. En contraste, a excepción de algunos casos, las acciones de Internet o de biotecnología han mostrado debilidad corporativa.

Y los inversores perdieron la paciencia.

Esto aceleró el proceso de “rotar” la cartera de inversiones de activos riesgosos hacia activos seguros, que paguen dividendos y que sus cuentas estén sólidas.

Particularmente nunca fui muy propenso a poner rótulos a las distintas fases que atraviesan los mercados, sin embargo, está claro que este movimiento es consecuencia del comportamiento de los inversores esconde algo mucho más importante detrás. Los ciclos de las Bolsas se cumplen a la perfección, tarde o temprano.

Es evidente que una corrección más amplia puede llegar a hacerse presente. No hablo de una catástrofe, pero sí de una caída del mercado que ubique a gran parte de sus activos en valores atractivos de compra nuevamente.

¿Hay que tener miedo y salir corriendo? De ninguna manera. En el medio de todo esto, habrá grandes oportunidades, como las que están disfrutando nuestros suscriptores de Crisis & Oportunidad.

Un saludo,

Diego.

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