El lobo que todos tenemos dentro

Federico Tessore

El director hizo un excelente trabajo con su última película llamada “El Lobo de Wall Street”, donde el actor Leonardo DiCaprio interpreta el rol del ex corredor de Bolsa Jordan Belfort. Se trata de una historia real que relata la atrapante vida de Belfort, que paso de una aburrida vida en el Bronx en Nueva York, a ser un multimillonario rodeado de modelos y costosos barcos.

En “El Lobo de Wall Street” conocemos cómo hizo Belfort para construir su fortuna. Su receta mezcló dos ingredientes infalibles: por un lado una habilidad para la venta sobresaliente y -por otro- muy pocos escrúpulos para crear productos financieros donde el más beneficiado era él.

Pero en el camino de su fortuna, Belfort estafó a muchos de sus clientes por montos que superaron los US$ 200 millones. Por ello, el FBI lo enjuició y lo metió preso por 22 meses.  La lujuriosa vida de Belfort que incluía fiestas, drogas, mujeres, costosos autos, casas y barcos terminaba mal.

Como toda buena película uno va pasando por varios estados de animo. Le confieso que al principio de la película miraba a Belfort con cierta envidia. Hace mil cosas al mismo tiempo: compra y vende acciones a la velocidad de la luz. Es un seductor nato.

Pero a medida que iba avanzando la película esa emoción cambiaba y se iba convirtiendo en una especie de lástima. Una miraba los efectos de los excesos de Belfort y comenzaba a darse cuenta de algo obvio: todos los excesos luego pasan sus facturas.

Vender agresivamente y por mucho tiempo productos financieros que no sirven para nada a sus compradores, tampoco es un negocio que se pueda sostener en el tiempo.

La vida del “exitoso” corredor de Bolsa era una estructura hueca, un castillo de naipes que podía caer en cualquier momento. Y allí es cuando uno empieza a sentir lástima por Belfort, lástima por el dolor que causo a sus víctimas y por el que se causó a sí mismo y a su familia.

Ahora, ¿Por qué le digo en el título de esta columna que todos tenemos un “lobo” dentro?

Porque todos estamos tentados a copiar a Belfort cuando se trata de manejar nuestras finanzas personales. Pensamos que tenemos que “hacer muchas cosas”. Movernos mucho. Comprar y vender. Gritar, pelearnos, buscar la “perlita”, la inversión del momento. Mucha energía, mucha adrenalina.

Pero la realidad, es que la actitud del lobo no funciona en el mundo de las finanzas personales. Debemos armar un plan, llevarlo a cabo con tranquilidad, sin prisa pero sin pausa, y tener mucha perseverancia y constancia.

No se pierda la película si aún no la vio, pero no olvide dejar al lobo que tiene dentro para otro aspecto de su vida. A la hora de manejar sus finanzas personales, ser aburrido es mejor negocio.

¡Felices Pascuas!

Un saludo.

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

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