Cristina y su mejor discurso

Por Federico Tessore

La política vive de los medios. Un político para ganar poder, para ganar elecciones, necesita exposición mediática. Necesita llamar la atención de los televidentes y entretener a sus clientes, es decir, a los ciudadanos.

A partir de esta definición de política, la disciplina artística conocida como stand up o comedia en vivo, resulta sorprendentemente similar. Mire la definición de stand up que hace Wikipedia:

La comedia en vivo es un estilo de comedia donde el comediante se dirige directamente a una audiencia en vivo. A diferencia del teatro tradicional, el comediante en vivo interactúa con el público, estableciendo diferentes tipos de diálogos.

Cristina está de acuerdo con esta similitud: el mensaje que nos quiso dar, incluyendo un show de stand up en su última cadena nacional la semana pasada fue muy claro. Ella parece querer decirnos algo como, “Señores, llegó la hora de serles totalmente sincera, nosotros los políticos en el fondo somos comediantes. Si no me creen, vean este show y comparen”.

La verdad, señora Presidenta, tuvo una idea genial. Celebramos su sinceridad. Como sabe, pocas veces la apoyamos desde esta columna. En realidad, y para de alguna manera devolverle su sinceridad, nunca la apoyamos, pero esta vez nos toca estar de su lado.

Ahora, mientras los políticos se perfeccionan en el arte del stand up y nosotros festejamos la sinceridad de nuestra Presidenta la realidad es que la Argentina no sólo tiene problemas serios y preocupantes, sino también cada vez más claros.

El siguiente gráfico tiene las evidencias para mostrar cuál es el problema que la Argentina tiene y, a partir de allí, entender cuál puede ser la solución al mismo.

El gráfico comienza en el año 1961 y muestra por medio de la línea azul el déficit fiscal total del Estado argentino en porcentaje del PBI.  Es decir, mide todo el dinero que pierde el Estado en proporción a la producción total del país.

Como se ve claramente en el gráfico, cada crisis que tuvo la Argentina durante los últimos cincuenta años estuvo relacionada a un déficit fiscal extraordinario. En el año 1975 el llamado Rodrigazo coincidió con un déficit fiscal del 12% del PBI. En 1981 se disparó otra crisis luego de la “tablita” de Martínez de Hoz: el déficit llegaba a 11% del PBI. En la hiperinflación de 1988 llegaba al 8% del PBI y en la crisis de la salida de la convertibilidad el déficit llegaba al 7% del PBI.

Como ve, la causa del trágico desempeño que la economía argentina tuvo durante el último medio siglo tiene un solo responsable: los políticos y su manía de gastar mucho más de lo que pueden.

¿Cómo estamos ahora? Estamos superando un déficit equivalente al 6% del PBI.  Nos estamos acercando peligrosamente a los números que desembocaron en la salida de la convertibilidad o a la hiperinflación del año 1988. Si el Gobierno no hace nada para detener esta tendencia, tal vez llegue a 2015, pero le dejará a la nueva Administración una bomba a punto de estallar…

Pero mientras esta conducta se da y todos la podemos detectar, hay otras dos tendencias que se presentan en la oscuridad, pero que pueden ser mucho más relevantes. Estoy hablando de aquellos factores que están erosionando las herramientas que nuestro país tiene a su disposición para algún día entrar en un camino de prosperidad sostenible.

La primera tendencia está dada por la educación. Todas las evaluaciones internacionales muestran cómo la educación argentina está transitando el camino de una profunda decadencia. Mientras los políticos se divierten jugando al stand up y -por supuesto- no tienen tiempo de hacer nada serio por la educación, la misma se va degradando.

Lo extraño es que este fenómeno no es exclusivo de aquellos argentinos que concurren a la escuela pública. Quienes gastan fortunas en colegios privados corren el mismo camino. Un reciente estudio promovido por la Fundación Educar 2050 y publicado el jueves en el diario La Nación mostró evidencias preocupantes de estos fenómenos. Aquí un extracto de la columna:

¿A qué país se parece el desempeño de los chicos de escuelas de niveles socioeconómico alto en Argentina en matemática, una de las competencias claves?

La evidencia estadística que ofrece PISA, según Ganimian, dice que los chicos locales que van a escuelas socioeconómicamente altas mostraron un nivel de resultados semejantes en matemática a los chicos que asisten en Estados Unidos a las escuelas de nivel socioeconómico bajo, un país que tiene además uno de los sistemas educativos con mayores problemas entre las naciones de la OCDE.

Pero la situación es todavía más grave y realmente contra intuitiva: los chicos argentinos que asisten a escuelas de nivel socioeconómico alto tienen peor desempeño en matemática que los alumnos de escuelas de nivel socioeconómico bajo -sí, bajo- en Corea del Sur y Shanghái, además de Australia, Singapur y Macao, en China.

Muchos argentinos gastan fortunas para poder mandar a sus hijos a escuelas privadas. ¿Todo este esfuerzo para qué? ¿Para tener resultados similares a los de las peores escuelas de los otros países?

Pero éste no es el único factor que no se ve y está degradando los cimientos de nuestro país. Hay otro factor que está destruyendo las herramientas que tiene la Argentina para generar empleo productivo.

Cada vez más emprendedores locales huyen del país y llevan sus pequeñas y medianas empresas al exterior. No hay una semana desde que estoy viviendo en Miami donde no reciba un e-mail de un emprendedor argentino que se quiere reunir conmigo porque está de visita por esta ciudad y está analizando traer su empresa a Estados Unidos…

Existe una avalancha silenciosa de pequeños y medianos empresarios que bajó los brazos frente a la burocracia y la máquina de impedir que construyeron nuestros políticos…

Argentinos productivos que se cansaron de mantener a otros argentinos improductivos. Argentinos decididos a llevar sus empresas, es decir sus sueños, a algún otro país un poco más “amable” con el emprendedor.

La semana pasada me reuní con un emprendedor que es un ejemplo viviente y real de estos dos problemas que le menciono. Me dijo: “ya abrimos una pequeña oficina en Miami. Nuestro plan es terminar de desembarcar a mitad de año. Primero me voy a venir yo solo dos meses y luego traigo a mi mujer y cuatro hijos.  Por suerte, el colegio no es un problema. Hace años que mis hijos no están dentro del sistema educativo argentino”.

“¿Cómo es eso?”, le pregunté, “¿Cómo educas a tus hijos en la Argentina entonces?”.

A lo que el emprendedor me contesta: “junto a otras familias amigas decidimos educar a nuestros hijos por nuestra cuenta. Contratamos los profesores y seguimos el plan de educación de una escuela norteamericana. De esta forma nos aseguramos que los estamos educando bien y que no dependemos de nuestros nefastos políticos”.

“¿Pero eso no es ilegal según la ley Argentina?”, le pregunté. A lo que me contestó, “Sí, es cierto. Según la ley argentina estoy en infracción. Es que la nueva Constitución nos obliga a enviar a nuestros hijos a escuelas aprobadas por el Estado. Pero por algo soy emprendedor. No le tengo miedo al riesgo, estoy acostumbrado a él. Y prefiero que mis hijos estén bien educados que cumplir con una regla irracional y que perjudica a mi familia”.

Argentinos que antes confiaban en el Estado, hoy ya no lo hacen más. Se dan cuenta que estamos ante gobiernos cooptados por ladrones. Ladrones con dotes cómicos, es cierto, pero ladrones al fin…

Ante esta situación, algunos argentinos deciden hacerse cargo de su futuro ellos mismos. Emigran o educan a sus hijos por su cuenta, ¿quién los puede culpar?

Tal vez cuando los argentinos improductivos sean más que los productivos o cuando las escuelas oficiales queden semivacías, los políticos intentarán entender cómo funciona la Argentina productiva y trabajadora…

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

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