Lo que el mercado no quiere ver en la “recuperación europea”

lo-que-el-mercado-no-quiere-ver-en-la-recuperacion-europea“Los mercados no tienen memoria…”

La anterior se trata de una de las frases más escuchadas entre los operadores bursátiles de cualquier parte del mundo. Y es el argumento que utilizan para justificar la versatilidad que tienen la gran mayoría de los inversores en su comportamiento respecto a los activos financieros que cotizan en las Bolsas globales.

En este sentido, siempre me gusta poner el ejemplo de los bonos argentinos, unos activos que conozco muy bien. Cuando este país realizó el mayor default (incumplimiento de pagos) de la deuda de la historia en diciembre de 2001, sus bonos se convirtieron en una mala palabra. Todos los evitaban, nadie quería invertir en ellos.

Un par de años después, en 2005, con la reestructuración de la deuda, los bonos argentinos volvieron a ser de los más demandados por los inversores.

¿Cómo explicar este brusco cambio? El mercado no tiene memoria, repetían los operadores dedicados a hacer negocios con la deuda argentina.

Este tipo de situaciones se vive permanentemente en las Bolsas. Lo que hoy puede ser el activo más odiado por los inversores, mañana puede ser el más amado.

Analicemos el caso de la Unión Europea.

En 2011, la crisis económica de Grecia comenzó a erosionar la credibilidad sobre el euro y sacó a relucir con más fuerza que nunca las diferencias entre los países miembros del bloque económico global más grande del mundo.

Mientras que la moneda comunitaria caía fuertemente como consecuencia de la falta de credibilidad sobre la misma, el oro subía a sus niveles máximos históricos ante la desesperada búsqueda de refugios seguros por parte de los inversores.

Las chances de ruptura de crecían en la medida de que la crisis se agudizaba y el Banco Central Europeo no tomaba medidas contundentes para cambiar las expectativas de los agentes del mercado.

Grecia no estaba solo en medio de la crisis. Habían surgido los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) como el grupo de países que contaminaron la estructura económica del bloque y que eran llamados a ser los culpables de la fractura de la UE.

Tan sólo tres años después, el escenario es totalmente opuesto.

Hoy los mercados europeos son los que más fondos reciben de inversores institucionales a partir de los incipientes datos de recuperación económica de los países de ese continente. Los principales analistas de los bancos de inversión destacan las bondades de estas acciones y cuán baratas están en térmonos relativos respecto de sus pares estadounidenses.

Y no sólo eso.

Las tasas de rendimiento de los bonos soberanos europeos están en mínimos históricos. Por ejemplo, en España y en Italia los bonos a 10 años de plazo están rindiendo un 3,32% y un 3,38% respectivamente, su nivel más bajo de la historia.

Irlanda acaba de colocar deuda por debajo del 3%, mientras que países que siguen fuertemente comprometidos desde el punto de vista económico, como Portugal y Grecia, presentan tasas de rendimiento de sus bonos (4,5% y 7%) muy inferiores a muchos países del planeta que tienen fundamentos muchos más robustos.

¿Esta fiebre por los activos europeos se debe a algún milagro en la recuperación de sus economías?

No parece ser el caso. Y si bien el escenario luce mejor que años atrás, el crecimiento económico continúa dispar y muchos países siguen en una delicada situación financiera.

Por ejemplo, Grecia continúa con una elevada carga de deuda en relación a su PIB: 156%. A esto se le suma un déficit fiscal de 9 puntos porcentuales del producto. Portugal, en tanto, tampoco está mucho mejor: 124% de carga de su deuda respecto del PIB y 6,4% de déficit fiscal.

España también tiene un abultado nivel de déficit fiscal (casi 10% del PIB) mientras que Italia encuentra sus principales riesgos en el estancamiento económico y su pesada deuda pública.

Con estos datos, parece difícil encontrar catalizadores positivos que justifiquen el mencionado cambio de expectativas sobre los activos europeos.

¿Efecto Japón?

Una parte de los analistas resalta que las bajas tasas de rendimiento de los bonos soberanos responde a un inminente plan de expansión monetaria que el Banco Central Europeo estaría por llevar a cabo. Imitando a la Reserva Federal, la autoridad monetaria europea podría salir a comprar títulos en el mercado secundario haciendo reducir las tasas de interés, por lo que los inversores se adelantan a este escenario.

Y un grupo menor alerta sobre un riesgo que muchos no consideran hasta el momento: deflación.

Los últimos datos de inflación en distintos países del Viejo Continente han estado por debajo de las expectativas y, en algunos casos, se registró una caída en los precios.

Se sabe que el efecto deflacionario es uno de los síntomas más peligrosos para una economía y que los bancos centrales quieren evitar fervientemente.

Los efectos depresivos en la actividad económica que causan la deflación tienen a Japón como máximo exponente, y si bien por el momento la Unión Europea no está atravesando este panorama, tampoco lo podemos descartar de lleno en el futuro.

Por el momento, no compre todo el optimismo y euforia europea, quizás el mercado está siendo un poco miope.

Un saludo.

Diego.

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