La devaluación podría transformarse en una bala de salva

En el último tiempo, el Gobierno tomó una serie de medidas importantes en lo que hace al funcionamiento de la macroeconomía. Algunas de ellas usted ya las siente. Además de devaluar en enero un 23%, se subieron las tasas hasta los 30 puntos, se instó a los bancos a desprenderse de dólares, se empezó a reducir el ritmo del gasto público y se comenzó sincerar la inflación.

Al cierre de este texto no se había divulgado el número de este mes, pero se estima que será superior al 3%. Conjunto con esto, viene una estrategia de reinserción mundial que tiene que ver con acercarse al FMI, pagarle a Repsol, acordar con empresas que están en juicio con el país ante el CIADI y llegar a un acuerdo con el Club de París por una deuda que se ubica en torno a los US$ 9.500 millones.

Ciertamente, muchos de estos cambios fueron pedidos desde esta columna, incluso cuentan con el apoyo del arco opositor, salvo ciertos matices. Nadie pone en tela de juicio que son medidas que hay que tomar, aunque el cómo es un poco más discutido.

Al leer estas palabras, usted ya sabrá cuál es la inflación oficial de febrero (se publicaba ayer por la tarde). Se trata del segundo guarismo que entrega el Gobierno desde que accedió a realizar un sinceramiento de las estadísticas.

Sin duda, el encarecimiento del costo de vida se transformó en uno de los temas de debate más importantes de la sociedad. Ya no se trata de algo reservado para técnicos y expertos de la materia, sino que se volvió algo palpable a la hora de llenar el changuito.

Fíjese lo que arroja el gráfico a continuación.

Más allá de que la primera torta entrega una conclusión bastante obvia, es la segunda la que más me interesa.  La inflación es un juego de expectativas. Si se le da a entender a la población que no hay un plan integral, con metas claras y graduales (año a año), no se modificarán esas expectativas que –en definitiva- son las que priman a la hora de las negociaciones salariales.

“Contando con un nuevo índice de precios, el Gobierno estaría desaprovechando una oportunidad para lanzar un plan anti-inflacionario integral, basado en una política fiscal y monetaria consistente con un objetivo explícito de inflación decreciente. Por el contrario, sigue sin dar señales contundentes de procurar reducir la dominancia fiscal que pesa sobre la política monetaria, recostándose excesivamente en la comunicación y difusión de un programa como el de ‘Precios Cuidados’, el cual resulta probadamente ineficiente para contener un acuciante problema inflacionario, que podría poner en juego la estabilidad financiera y cambiaria”, sostiene un informe del Banco Ciudad que comanda Rogelio Frigerio.

Es decir, se sabe que el Gobierno apunta a reducir el ritmo del gasto –recortando los subsidios- y la lógica indica que eso se llevará a cabo durante el segundo semestre del año para no atizar aún más las demandas salariales.

No obstante, no se sincera una estrategia con objetivos claros que incluya tanto las variables fiscales como las monetarias.

Devaluación: ¿la primera de varias?

Lo que sucede, más allá de las buenas intenciones que pueda tener el Ejecutivo, es que podríamos estar ante una devaluación que quede sin efecto. Preste atención al gráfico que sigue.

 

No hace falta ser un experto para entender que la inflación corroe los efectos “positivos” que puede traer una devaluación.  De acuerdo con las mediciones privadas, el encarecimiento del costo de vida acumularía casi 13% en el primer trimestre del año. Eso quiere decir que si después de la devaluación de enero, el dólar se mantiene constante como ahora y la inflación sigue haciendo lo suyo, al cerrar el primer semestre llegaremos al punto en que el movimiento cambiario quede sin efecto.

Teniendo en cuenta que no hay un plan claro a la vista, que los subsidios comenzarían a eliminarse después de las paritarias, y que se proponen curitas del estilo “Precios Cuidados”, vale hacerse la pregunta.

Cuando se pase el efecto de esta devaluación, ¿vendrá otra? Porque estamos de acuerdo en que el precio de equilibrio del dólar no está por debajo de los $8. Será mejor ponerse a pensar un plan anti-inflacionario que involucre a todas las variables y que sea de público conocimiento para eliminar las especulaciones y el misterio.

Todo esto para que la devaluación no se transforme en una bala de salva.

Para discutir éste y otros temas de la economía local, te invito a seguirme en Twitter: @IgnacioRos.

Hasta la próxima.

Saludos,

Ignacio.

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