¿Está programado genéticamente para las inversiones?

¿Está programado genéticamente para las inversiones?La ciencia ha sido aplicada para una multitud de disciplinas y el mundo de las inversiones no es ajeno a esto. En medio de los análisis que hacen estudiosos de la materia y economistas que buscan la piedra filosofal de las grandes ganancias, algunos recurren a los estudios de investigación para encontrar pistas.

Una de las máximas que comparten gurúes e inversores expertos es: “compre barato, venda caro”, pero, no es tan sencillo. En medio de las crisis económicas, en especial la más reciente que afectó a Estados Unidos y Europa, miles de inversores comenzaron a salir de sus posiciones al tiempo que las acciones bajaban estrepitosamente de precio.

Los sentimientos y la presión de colegas bursátiles, además del continuo influjo de noticias sobre lo que acontece con los mercados y la Bolsa, tienen un fuerte poder sobre el inversor y puede llevarlo a tomar decisiones “en caliente” y a vender activos que quizás podrían convertirse en una oportunidad con grandes utilidades.

Otro de los factores al que siempre los inversores están a la caza es “¿cuáles son las mejores alternativas de inversión?”. Pero uno de los primeros referentes de este mundo inversor hizo el planteamiento contrario.

Según cuenta una nota de la página web The Wall Street Journal, Sir John Templeton, hijo de un abogado rural en Estados Unidos pidió a su corredor de Bolsa que con 100 dólares comprara acciones que costaran un dólar o menos. En cuatro años cuadruplicó su capital.

Lo que Templeton decía es que en vez de buscar las mejores oportunidades hay que buscar “las perspectivas más miserables”.

Para tratar de ver si los genes podían determinar estas decisiones y si se marca una tendencia en la búsqueda de acciones subvaloradas -como hacía Templeton-, los economistas Henrik Cronqvist y Frank Yu, de China Europe International Business School de Shanghái, junto con Stephan Siegel, de la Universidad de Washington, analizaron la composición genética y las carteras de inversión de 35.000 gemelos de Suecia. Debido a que ellos tienen un ADN 100% exacto, se tomó como una muestra para ver las diferencias en sus portafolios.

La investigación arrojó que el promedio de sus acciones se negocian con una relación precio-ganancia de 23 veces. Sólo una décima parte de ellos tiene acciones con una relación precio-ganancia de 11,6 o menos. Por otro lado, una cuarta parte de los inversores -los que buscan títulos de crecimiento- retenían papeles que cotizan a un promedio de 28,6 veces o más las ganancias.

Una de las conclusiones a las que se llegó es que hasta 24% de las diferencias en el grado en que prefieren acciones baratas o de crecimiento se puede explicar por variaciones en el código genético.

Pero no solamente el ADN puede ser el que tiene influencia sobre las acciones baratas. De acuerdo con el mismo estudio, el contexto ambiental en el que se encuentra un sujeto puede hacer que se incline por los activos de menor precio.

Por ejemplo, si un inversor que en sus años de juventud atravesó momentos económicos difíciles y sus padres eran pobres o si la economía estaba en recesión, las personas serán más propensas a buscar “acciones regaladas”.

Ésta es una conclusión a la que llegaron estos investigadores, lo cual trae consigo opiniones y análisis posteriores sobre los comportamientos de los inversores y la manera como logran aumentar su capital. Sin embargo, no es definitivo y muchos podrán contradecir lo que estos economistas hallaron, pero sí puede tomarse como un dato más para tener en cuenta y, si lo considera útil, aplicarlo al momento de hacer inversiones.

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