El sectreto de Wall Street detrás de la caída del avión malayo

La sorpresiva decisión por parte del Gobierno malayo de finalizar con la búsqueda del avión de Malaysia Airlines dejó varios interrogantes sin responder. Entre tantos, hay uno que se destaca como el más importante y es qué sucedió con el avión. ¿Fuego, secuestro, falla? Es un misterio que todavía no fue resuelto. Ahora, se conoció que la desaparición podría estar relacionada con algo mucho más predecible: el dinero y el poder. 

En las últimas semanas se han dado a conocer diferentes teorías conspirativas que intentan responder -en algunos casos de maneras tan creativas que parecen irreales- lo que le pasó al avión malayo. Desde ovnis hasta intervenciones en la crisis de Ucrania, se ha escuchado todo. 

Sin embargo, hasta hace unos días no se había escuchado la teoría que involucra no sólo a uno de los hombres más millonarios del mundo sino a todo un mercado que depende de él: Wall Street.

Todos los interrogantes surgen a partir de una investigación que de un día para el otro, sin pruebas claramente visibles, dio por sentada la destrucción total de la nave y la muerte de todos los que iban a bordo, sobre una investigación realizada por una empresa británica.

Esta resolución podría estar vinculada con un dato que destacaron pocos medios mundiales que fue la existencia de cuatro altos empresarios chinos que viajaban en el MH370. Se trata de cuatro empleados de la empresa Freescale Semiconductor, de Austin, Texas. Esa firma pertenece a la multinacional Blackstone, cuyo propietario es el famoso multimillonario y financista de Wall Street, Jacob Rothschild.

Los Rothschild son una dinastía de financistas y banqueros ultracapitalistas fuertemente ligados a otros personajes como John D. Rockefeller o George Bush, con base en Londres, pero fuerte presencia en Wall Street y en toda Europa.

Cuatro días después de que el boeing de Malaysia Airlines desapareciera, una patente de semiconductores fue aprobada por la oficina de patentes de EE.UU.

La patente se divide en partes de un 20% entre cinco titulares: una es la propia empresa Freescale Semiconductor de Rothschild, y las otras cuatro, entre los chinos Peidong Wang, Zhijun Chen, Zhijong Cheng y Li Ying, todos ellos de la ciudad de Suzhou, todos ellos pasajeros del MH370, todos ellos, aún, desaparecidos. Para el gobierno malasio y los investigadores ingleses, muertos.

Si el titular de la patente muere, los demás titulares compartirán equitativamente los dividendos de la persona fallecida, siempre y cuando no se dispute en su testamento.

Si cuatro de los cinco titulares de la patente mueren, entonces el titular de la patente que queda con vida consigue el 100% de la patente. Ese titular de la patente restante es la empresa Freescale Semiconductor. Por ende, el 100% de esta patente -aún desconocida- pasaría a pertenecer a los Rothschild.

Con pruebas avistadas por aeronaves chinas, pero que increíblemente no pueden ser encontradas; con satélites que pueden llegar a leer lo que dice un periódico en cualquier ciudad del mundo, pero que no pueden encontrar a una aeronave completa ni a ninguna de sus partes o pasajeros, el marco de esta investigación se torna sospechoso.

De repente, de un día para el otro, el primer ministro malasio dio la noticia que el avión había sido estrellado y todos los que iban a bordo habían muerto. A los familiares de las víctimas, se les avisó mediante mensaje de texto en inglés, de una forma muy extraña.

En definitiva, lo único que queda del boeing de Malaysia Airlines son sólo interrogantes. Signos de pregunta en medio de un mar de dudas e hipótesis. Como nada se puede comprobar, nada se descarta; entonces, el poder económico mundial podría estar detrás de esto.

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