El asunto de Crimea

Ya conoce mi opinión sobre los asuntos exteriores; pensamos que no debería haber asuntos exteriores.

Pero a veces las noticias nos cortan la respiración. Resumiendo brevemente la situación en Crimea, como la entiendo después de haber leído sobre ello durante unos tres minutos.

Crimea fue dada a Ucrania por Nikita Khrushchev, quien era medio ucraniano. Pero su población es mayoritariamente rusófona y ha tenido una fuerte influencia de Rusia durante más de 200 años, incluyendo una importante base naval rusa.

Amenazadas por los sucesos en Ucrania, donde el Gobierno ha sido acusado de ser “salvaje” e “incompetente”, las autoridades locales de Crimea aparentemente le solicitaron a Rusia que interviniera. Vladimir Putin envió sus tropas, asegurándose un puerto importante en el Mar Negro, Sebastopol.

Ahora, la idea es convocar un referéndum que decidirá cómo el pueblo de Crimea será gobernado: por Ucrania o por Rusia. Las apuestas apuntan a que elegirán a Rusia.

Las potencias occidentales dicen estar indignados. Aquí es cuando nuestros ojos comienzan a nublarse.

“¡Uno no invade un país bajo un pretexto falso!” dijo el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry. La indignación del señor Kerry suena como el sincero homenaje que el vicio rinde a la virtud.

Seguro que él ya sabe que un pretexto es justo lo que uno necesita para invadir un país. Veterano de la Guerra de Vietnam, el Secretario de Estado no sólo es consciente de las desdichadas invasiones de la República Dominicana, Líbano, Granada, Panamá, Haití, Afganistán, Iraq, Somalia y Libia. Él participó personalmente en una de ellas después del falso “incidente” del Golfo de Tonkin, en Vietnam.

Un imperio debe tener sus enemigos y pretextos, sus caniches intelectuales y sus pitbulls amantes de la guerra. Nos dicen que Putin es un problema, en palabras de Tom Friedman, columnista del New York Times:

“Estados Unidos lleva a cabo las políticas a largo plazo adecuadas. Esto se traduce en invertir en más instalaciones para licuar y exportar nuestro botín de gas natural (siempre extraído de acuerdo a estándares medioambientales) y haciendo a Europa, que obtiene un 30 por ciento de su gas de Rusia, más dependiente de nosotros.

En mi opinión, también incrementaría nuestros impuestos a los hidrocarburos, implementaría un impuesto al carbón y establecería una ambiciosa política de generación de energía renovable. Todo esto contribuiría a reducir el precio del petróleo (y nos haría más fuertes, con aire más limpio, menos dependencia del petróleo y mayor innovación).

¿Quieren asustar a Putin? Anuncien todos estos pasos”

No sé por qué querríamos asustar a Putin, pero los expertos en política exterior, como Friedman, empiezan a hablar de esta manera cuando han bebido demasiado o han comido demasiado poco.

¿Cómo dañaría a Putin que los estadounidenses pagaran más impuestos por la gasolina que consumen? De acuerdo con Friedman, reduciría la demanda de energía, reduciendo por tanto los beneficios derivados de las exportaciones de petróleo ruso. Subir impuestos dañaría a los estadounidenses, pero ¿dañaría a Putin?

¿Quién sabe? ¡Pero qué demonios! Vamos a ver qué ocurriría…

Friedman imagina que puede conocer los millones de detalles sobre el terreno de lugares donde nunca ha estado y mejorar los resultados de situaciones que nunca entendería. Desde la seguridad de su columna en el New York Times, dirigió la carga contra Iraq y ahora dirige la carga contra Rusia.

Menuda emoción para estos aspirantes a Roosevelt. Seguro que ni sus propias familias les hacen demasiado caso. Pero, vicariamente, sus opiniones sobre política exterior les permiten intimidar a naciones enteras. Ya no son las víctimas de la Historia, sino sus dueños.

Pero gracias Dios por todos ellos. Los que fomentan la guerra son los mayores idiotas de la Historia, pero sin ellos no tendríamos tantas noticias emocionantes en los periódicos. ¿Qué harían los cosacos sin la Grande Armée? ¿Para qué serviría la bomba atómica sin Hiroshima? ¿Y qué haríamos con toda la munición sin las armas?

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “FinancialReckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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