No es la voluntad, sino la capacidad

Confirmado. Es increíble, pero real. La economía argentina, una vez más, se mueve de manera pendular, de extremo a extremo. Sin término medio.

El domingo último me terminé de dar cuenta de esto. Ni más ni menos fue en un almuerzo familiar con tallarines y vino de por medio. Allí, mi madre, recientemente jubilada, me preguntó qué hacer con su depósito a plazo fijo que tenía en el banco producto de una indemnización que le dio su último trabajo.

La miré a los ojos y dudé. Luego, después de su afirmación, terminé de entender que la Argentina estaba nuevamente en crisis.

“Me están ofreciendo un 23% por un depósito a 30 días. Antes me ofrecían 19%. Creo que lo voy a renovar”, sentenció ella.

Allí comprendí que el comentario de mi mamá era lo más representativo del pensamiento de “Doña Rosa”. Sólo le importaba que obtenía más pesos por su plazo fijo, pero en realidad estaba perdiendo dinero, no ganando.

La suba de las tasas de interés recientes en nuestro país es un claro ejemplo de que algo no está funcionando adecuadamente. No necesitamos tener un estudio universitario para darnos cuenta de que la inflación se está saliendo de control y afectando al poder adquisitivo del dinero.

Hace unos años que venimos conviviendo con una inflación relativamente alta, pero estable, en torno al 25%. En los últimos meses, dicha estabilidad se quebrantó. Hoy estamos hablando de una inflación no menor al 30% para 2014. Y las expectativas son crecientes.

Adicionalmente, la moneda argentina pierde valor a pasos agigantados. Nadie se quiere quedar con los pesos, sino que los pocos ahorros buscan dolarizarse. El rumbo cambiario es, al menos, incierto.

El cocktail inflación acelerada y devaluación creciente es la causa principal de por qué el banco le ofrece pagar un interés más alto a mi mamá por su plazo fijo. Y, en consecuencia, a Doña Rosa.

Lo que están intentando las entidades bancarias es evitar una salida de pesos masiva que se traslade a otros instrumentos de ahorro, principalmente al dólar.

Recuerdo que en octubre de 2001 también tuvimos una situación semejante. Por ese entonces 1 peso era igual a 1 dólar. Los bancos ofrecían hasta un 17% en dólares por un plazo fijo a 30 días. También había una sensación de que algo andaba muy mal en la economía, pero la codicia del inversor pudo más en ese momento. Gran parte de los ahorristas optaron por renovar sus plazos fijos a esas exorbitantes tasas dolarizadas. La consecuencia fue nefasta.

Unos días después se anunció el corralito y luego explotó la Convertibilidad, con una pesificación de los depósitos como solución al alcance de la mano.

Es cierto que hoy no existe ese riesgo, porque casi el 98% de los depósitos bancarios están constituidos en pesos argentinos. No existe un descalce cambiario como en aquél entonces.

Pero no se equivoque, hay riesgos crecientes.

En la actualidad, así como en 2001, hay alternativas de inversión que rinden casi un 20% anual en dólares. El caso más representativo es un bono emitido por el Gobierno y que vence el 3 octubre de 2015.

Si usted invierte en este activo hoy y lo mantiene por el término de menos de dos años, estará ganando cerca de un 18% en dólares por año.

¿Muy atractivo no?

De todas formas, hay algo extraño en este rendimiento. ¿Cómo puede ser posible, en un mundo donde las tasas de interés están en casi 0%, que el bono argentino de más corto plazo pague 18% anual?

La respuesta es riesgo. Y el de Argentina es muy elevado.

Mientras que el precio en pesos del Boden 2015 está subiendo en Buenos Aires producto de la devaluación del peso, en Estados Unidos este bono está bajando fuerte en dólares.

Y es una mala señal.

ES LA CAPACIDAD, NO LA VOLUNTAD…

Durante mucho tiempo se ha dudado de la voluntad de pago de la Argentina. Sus continuos enfrentamientos con la comunidad financieras internacional, las críticas permanentes sobre el FMI y la batalla legal contra los fondos buitres ponían de manifiesto esas preocupaciones.

Si bien se trataba más de la retórica y demagogia del discurso que otra cosa, esas acusaciones no hacían más que generar mayor incertidumbre sobre los pagos de la deuda local.

Era claro que esta incertidumbre no se sustentaba en la capacidad de pago del país, que ostentaba un nivel muy abultado de reservas internacionales, sino que era la voluntad de pago la que estaba en tela de juicio.

Paulatinamente la situación se fue revirtiendo. El año 2009 fue el punto de inflexión. Allí el Gobierno decidió utilizar las “reservas de libre disponibilidad” para atender sus compromisos de deuda. Desde ese entonces, la merma de reservas del BCRA ha sido pronunciada.

Hoy estamos en una situación frágil. No es terminal, todavía, pero la dinámica inquieta.

El 3 de octubre de 2015 el gobierno debe afrontar un pago de 5.944 millones de dólares por el vencimiento del Boden 2015.

Ese vencimiento representa el 21% de las actuales reservas internacionales. Hace exactamente un año representaba el 14%. La gran pregunta es ¿cuánto representará en el momento del pago?

Claramente el mercado hoy comienza a dudar de la capacidad de pago del país. Mientras, algunos pocos inversores se animan a tomar el riesgo local apostando a que no habrá un nuevo default de la deuda.

En mi opinión personal, la foto actual es un tanto alarmante, pero todavía no es crítica. Lo que si luce realmente mal es la película, donde la dinámica de caída de reservas internacionales no puede sostenerse más allá de los próximos seis meses.

Nuevamente, el mercado argentino demuestra que es un lugar abierto para aquellos inversores amantes del riesgo que buscan rentabilidades extraordinarias.

¿Acaso usted es uno de ellos?

Un saludo cordial,

Diego

P.D.: Si quiere compartir opiniones o ideas de inversión, lo invito a seguirme en Twitter: @diegomb80

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