Nuestra apuesta de la década

¿Cómo va nuestra apuesta de la década? ¡Muy bien! En 2013 ha batido a cualquier activo en rendimiento menos a bitcoin.

Para refrescarle la memoria, nuestra apuesta de la década se basa en unas pocas ideas muy simples:

En primer lugar, que no se gana dinero comprando y vendiendo continuamente. El dinero se gana tomando una buena posición y manteniéndola en el tiempo.

Segundo, que la compra de un activo apropiado cada diez años debería ser suficiente para recoger la mayoría de los movimientos del mercado.

Tercero, que no podemos predecir qué dirección van a tomar los acontecimientos pero que, con el tiempo, los activos caros terminan siendo un poco más baratos y los activos baratos terminan siendo un poco más caros.

La primera vez que anunciamos nuestra apuesta de la década fue en el año 2000. Las acciones eran caras y el oro barato. “Compra oro y vende acciones” fue nuestro consejo.

Y nos funcionó bastante bien. Ningún activo principal tuvo un mejor comportamiento que el oro. Las acciones, por otro lado, fueron hacia arriba, abajo y hacia arriba otra vez, terminando la década donde habían empezado.

Entonces, en 2010 miramos a nuestro alrededor. Nada era muy barato, pero las acciones japonesas llevaban bajando 20 años. ¿Cuál era la probabilidad de que se recuperaran en algún momento a lo largo de la próxima década? No lo sabíamos, pero comparado con otras apuestas, las acciones japonesas tenían buen aspecto. Decidimos posicionarnos a favor de comprar acciones japonesas.

¿Pero qué pasaba con el resto de activos? ¿Qué había subido mientras las acciones japonesas habían bajado? ¡Los bonos japoneses! Muy fácil: “Compre acciones japonesas, venda bonos japoneses.”

Durante los primeros años pareció una apuesta muy pobre. Pero el año 2013 fue sencillamente fantástico.

Las acciones japonesas se revalorizaron más de un 50 por ciento. Mientras tanto, el Primer Ministro japonés Shinzo Abe decidió estimular la inflación hasta el 1 por ciento. Esto tuvo el efecto de devaluar el yen un 15 por ciento frente al dólar; algo fantástico para los exportadores japoneses pero terrible para los bonos del tesoro japonés.

Así que en este último año nuestra apuesta de la década nos hizo ganar bastante dinero. Con cuatro años ya, nuestra apuesta de la década ya se ha revalorizado un 50 por ciento, ¡y aún quedan seis años por delante!

¿Qué pasará en los próximos seis años? Eso, querido lector, es pedir demasiado para un servicio gratuito. Sin embargo vamos a intentar algunas pistas que nos ayuden a ver que nos espera en este año que comienza.

El año pasado, mientras nos preparábamos para apagar las luces de la oficina y empezar las vacaciones, Ben Bernanke se despidió de la Fed. No se disculpó por no haber predecido y controlado la mayor catástrofe financiera de los últimos 60 años.

No pidió perdón haber convertido al banco central de los Estados Unidos en un instrumento encargado de arreglar las cagadas de los banqueros y especuladores del país. Tampoco entonó el mea culpa por facilitar la adicción de la economía al crédito barato.

Este último punto merece algo de elaboración. El señor Bernanke anunció el pasado 18 de diciembre que el tan esperado fin de los estímulos monetarios había comenzado, pero no llegó el fin del mundo. Ni a las acciones ni a los bonos pareció entrarles el miedo.

Analistas y toda clase de optimistas de Wall Street nos dijeron entonces que esto demostraba lo que cada inversor ya empieza a sentir en su corazón: que este boom es de verdad.

Pero lo único que demostró es que el fin de los estímulos monetarios no es real. Los inversores más perspicaces ya se lo habían figurado. Para sacar a la economía de una adicción al crédito barato ya no hay una manera no traumática.

El anuncio de la retirada de los estímulos monetarios fue como cortar la cinta inaugural a un centro de desintoxicación; la gente no va de golpe.

No hay posibilidad de que el actual boom del mercado bursátil (con sus efectos colaterales sobre la riqueza) ni la incipiente recuperación (si es que se está produciendo una) ni el mercado de bonos (donde el verdadero dinero está) ni el presupuesto del estado (con más deuda que nunca) ni los presupuestos de los hogares puedan sobrevivir a unos tipos de interés significativamente altos.

Gracias a las acciones negligentes del señor Bernanke, el sistema económico al completo necesita tipos de interés artificialmente bajos para mantenerse más o menos en el mismo lugar.

Una recuperación implica normalmente tipos de interés más altos porque los prestatarios compiten por unos ahorros limitados. Pero esta vez ninguna de las economías españolas podría soportar este cambio en el ciclo económico. Así que el engaño está en marcha.

Mientras China estimula su economía para producir más, China la estimula para producir más. Y con aún más deuda que los Estados Unidos, Japón está en medio. No puede permitirse la deflación que se produce si compite con las importaciones de bajo coste chinas y no puede permitirse perder a sus clientes norteamericanos.

Shinzo Abe se ha convertido en el mayor estimulador del planeta, estimulando a la economía japonesa tanto a producir como a consumir, con un yen más bajo y una inflación más alta.

Además, sabe que la gigantesca deuda de Japón no podrá ser pagada; tendrá que ser inflada hasta que el valor de los bonos no valga nada.

Puede que no tenga éxito, pero mientras tanto está inmerso en un programa es estímulos muy agresivo.

Y nuestra apuesta de la década sigue teniendo buena pinta.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista InversorGlobal. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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