Los consejos financieros de los grandes de la literatura

Se podría pensar que la literatura y las finanzas no tienen nada en común y que los números y las novelas atraviesan caminos distintos. Pero algunos libros lo podrían sorprender.

A través de las obras escritas hace varios siglos, los autores han podido inmortalizar el estilo de vida, la situación del mundo, los comportamientos y razonamientos que tenía la sociedad en determinado período. Pero algo que también puede incluirse es la visión de las finanzas y la economía de la época que inspiró a estos escritores.

Uno de ellos es Tolstoi. En su novela Ana Karenina, según explica una nota del portal web en español de The Wall Street Journal, tiene un trozo del libro dedicado a la negociación para la compra de algún artículo. En un momento, Tolstoi escribe que Oblonsky, un noble de Moscú, visita la finca Levin, quien anuncia que acaba de vender un terreno y a la vez pregunta si consiguió un buen precio. Levin le pregunta si contó los árboles, a lo que su amigo le dice que no.

En ese momento, Levin le asegura que su comprador sí lo hizo, es decir, sólo un tonto compra o vende algo sin conocer su verdadero valor. Si se pone a pensar, tal vez han sido varias las veces en que se ha sentado a negociar un auto o un departamento, sin conocer su valor real.

Charles Dickens dedicó sus páginas a contar las dificultades por las que pasó la clase baja en la Londres del siglo XIX. Uno de los más conocidos es Cuento de Navidad, en donde queda al descubierto la tacañería del señor Scrooge. Los psicólogos financieros Ted y Brad Klontz afirman que los tres fantasmas que se le aparecen son tres terapeutas, quienes le ayudan a ver sus errores y a cambiar su manera de usar (o no usar) el dinero para no sufrir en el futuro.

Daniel Defoe escribió la novela Robinson Crusoe, la cual ofrece una interesante visión sobre el dinero. Hay un momento del libro en el que el protagonista se ve en una isla aparentemente desierta, luego de que su barco naufragara y comienza a buscar entre los restos cualquier cosa que le sea útil. En su búsqueda, encuentra un cajón lleno de monedas de oro, para darse cuenta de que no le sirven para nada (pero al mismo tiempo se queda con ellas). A veces, las personas no se dan cuenta de que el dinero, en última medida, es un medio para un fin y el acumularla solo por tener más a veces hace que las personas pierdan interés por las cosas realmente valiosas.

En el libro de Gustave Flaubert, Emma Bovary se encuentra con un comerciante, que comienza a ofrecerle objetos de primera calidad a tasas de interés altas. Ella, al principio, le dice que no necesita nada, pero a medida que el comerciante le sigue mostrando artículos, Madame Bovary se rinde y comienza a comprar, para luego quedar endeudada. ¿Le suena familiar?

Así, entre las líneas de grandes libros, se pueden encontrar también lecciones que puede poner en práctica.

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