La Argentina de Moreno

Ignacio Ros

Durante casi tres semanas algunas cientos de familias estuvieron sin luz. Muchos no podían hacer uso de su aire acondicionado en medio de una intensa ola de calor. Otros se quejaban de que debían subir varios pisos porque los ascensores estaban parados, producto de los cortes.

En medio de acusaciones cruzadas, el Gobierno prometió multas para las energéticas, revivió el fantasma de la estatización, se habló de cortes programados para empresas e incluso hubo ministros que salieron a decir que el sistema estaba preparado para que los aires acondicionados se utilizaran a partir de los 24 grados. Así de frágil, se estaba ad portas de un colapso.

No obstante, muchas veces la fiebre suele ser apenas un síntoma de una enfermedad mayor. Es necesario que suceda un hecho palpable, extremo, para poder entender la gravedad de la situación. Muchos no se enteran del resfrío hasta el primer estornudo.

La crisis energética no se resuelve aplicando multas a las energéticas. Años de desinversión, con tarifas fijas y subsidio indiscriminado fueron secando una industria nacional que era potencia a nivel regional. Tal es así que el año pasado –con un mercado que claramente esperaba un aumento en los precios- Edenor fue la empresa que más trepo en la Bolsa, con un alza de 234%. Por supuesto que en diciembre, cuando empezaron los cortes, el papel cayó un 37%.

La lógica, incluso la de la “sintonía fina” que años atrás anunciara Cristina de Kirchner, pide cirugía mayor. Nada de eso sucedió. Apenas se recortó un poco el subsidio en 2011, pero eso se transfirió al usuario y los ingresos de las empresas continuaron siendo los mismos. Durante la “década ganada”, el pan subió 824%, mientras que las tarifas sólo un 144%. A simple vista, ya hay algo que no cierra.

En algún momento pasamos de exportar energía y ser grandes jugadores en Chile y Uruguay a entrar en negociaciones con este último para que nos provea 191 gigavatios/hora.

El cambio oriental

Analicemos un poco el ejemplo uruguayo, ya que no están sentados sobre el reservorio de gas más grande de la región ni nadan en petróleo. A partir del año 2008 –cuando el vecino país sufría problemas de suministro- decidió reformular la política energética, poniendo énfasis en las represas hidroeléctricas, así como también en la energía eólica y la solar.  Venían de un período (1991-2006) en el que no habían agregado un solo megavatio de energía a la red.

A partir de 2012, un 47% de la energía producida en Uruguay tiene que ver con fuentes renovables y autóctonas, dato nada menor si se tiene en cuenta que el promedio mundial se ubica entre el 12% y el 13%.

En nuestro caso, el cambio no sería tan profundo. Una correcta revisión de subsidios y de tarifas –con su ineludible impacto inflacionario- es el único camino. De lo contrario, será difícil seducir a las empresas para que inviertan, más allá de la presión y las amenazas del Ejecutivo.

Ecos de un desequilibrio mayor

Así como el congelamiento de las tarifas propició un esquema insolvente e irreal, la economía plantea otros esquemas artificiales destinados a caer. El sistema cambiario, con sangría de reservas, y una persecución entre el dólar tarjeta y el blue, es uno de ellos. El año pasado esa carrera llevó a una devaluación del 32% por parte del oficial. Para 2014 algunas consultoras auguran una depreciación del peso en torno al 30%.

Un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) hace hincapié en el que considero uno de los principales desajustes macroecconómicos.

“Según información oficial del Ministerio del Economía, la demanda agregada creció entre los años 2007 y 2013 a razón de 22,3% anual, muy por encima del 6,2% promedio anual que aumentó la oferta agregada”, sostienen en IDESA.

Este crecimiento de la demanda agregada se explica de la siguiente manera:

“El error de diagnóstico es que las estrategias de tipo keynesianas tienen lógica en un contexto de elevada capacidad ociosa (alto desempleo, exceso de inversión). Bajo estas particulares condiciones (que se dieron en EEUU luego de la crisis del 2008 y en la Argentina con la crisis del 2002) resulta pertinente estimular la demanda tratando de lograr un mejor aprovechamiento de la capacidad productiva disponible. Pero superada la instancia de crisis, mantener la expansión del gasto público fatalmente produce inflación. Más grave aún es que el crecimiento vertiginoso del consumo público se hace a costa de sacrificar inversiones (como las que se necesitan para evitar los cortes en el suministro eléctrico) y del deterioro en la capacidad exportadora (lo que explica la paradoja de que haya pérdidas de reserva cuando los precios internacionales siguen siendo inéditamente altos)”, continúa el informe.

Por impopular que suene, es momento de rever esas variables. La otra opción es pensar que la fuga de reservas se detiene desalentando los viajes al exterior, que la inflación se frena con acuerdos de precios y que la crisis energética se termina con multas a Edenor.

Para seguir conversando sobre éste y otros puntos de la economía argentina, te invito a seguirme en Twitter: @IgnacioRos.

Hasta la próxima.

Saludos, Ignacio.

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