Éste es el Lobo de Wall Street

este-es-el-lobo-de-wall-streetEn la actualidad no es ningún multimillonario, aunque sí tiene un reloj de 9.000 dólares en la muñeca.

El hombre que fue encarnado por el actor estadounidense en la película dirigida por Martin Scorsese tenía la idea de llevar su historia a la pantalla grande desde hace unos cinco años y, después de escribir el libro donde cuenta cómo fueron esos vertiginosos años, las palabras saltaron al guión y de ahí a las cámaras.

Según un artículo difundido en 2008 por el sitio web del diario The Telegraph, las escenas de la película no son ficticias, aunque los efectos especiales las hagan parecer así. El aterrizaje del helicóptero en medio de un estado de intoxicación por drogas en realidad pasó, así como el naufragio de su yate en medio del mar Mediterráneo.

Las drogas, el sexo y la adicción al dinero fueron también protagonistas de la vida de Jordan Belfort, incluso por encima de sus colegas y esposa.Todos estos personajes fueron parte de la cinta, del libro y de la vida real, de un hombre que  presidió la empresa Stratton Oakmont, que estafó a inversionistas -primero por medio de penny stocks o papeles que costaban menos de cinco dólares y siempre reconocida como una firma OTC  (Over the Counter o mercado no regulado).

Por medio de ella Jordan Belfort y sus socios lograron alcanzar la cifra de 200 millones de dólares en ingresos fraudulentos, los cuales eran despilfarrados por las cabezas de la firma en lujosos yates, autos, fiestas y viajes.

Belfort está aún en proceso de pagarle a todos a quienes estafó. El 50% de todo lo que gana va directamente a los inversores de quienes tomó su dinero. En cinco años, hasta 2008, había pagado 14 millones de dólares de los 110 millones dólares que debía hasta ese momento.

Este hombre, del que  su familia cercana dice que tiene un complejo de Napoleón, vive hoy en día en Manhattan Beach, una zona relativamente barata cerca de Los Ángeles, en Estados Unidos.

En 1997, Stratton fue expulsado de la Asociación Nacional de Corredores de Valores por estafar a los clientes y la empresa recibió la orden de ser liquidada.

Belfort declaró como testigo en contra de sus compañeros y, después de admitir los cargos de lavado de dinero y fraude de valores en 1999, sirvió sólo 22 meses de una condena de cuatro años en 2004. Curiosamente, hay muy poco en el libro sobre su decisión de volverse contra sus amigos.

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