El fin del cepo está lejos

El viernes se daban a conocer las nuevas medidas que impactarían al mercado cambiario. Algunos títulos triunfalistas anunciaban el levantamiento del cepo. Uno podía imaginarse en ciertas redacciones a los periodistas abrazándose, como cuando anunciaron que Jorge Bergoglio sería el nuevo Papa.

En Twitter fue trending topic y en Whastapp y Facebook empezaban a caer  mensajes -no sin ironía- que rezaban: “Aguante el modelo”, otros –desde la otra vereda- señalaban que “los que protestaban contra su cepo ahora criticaban su levantamiento”. Ciertamente, la letra de la medida dejaba un gris (al menos hasta hoy que se conoció “la fórmula”) y el fin de semana fue la fiesta de la especulación. Pero, ¿había cambiado todo tan drásticamente?

¿Aquellos fundamentos que habían llevado a este Gobierno a impedir el libre cambio de divisas se habían esfumado en cosa de días, mientras las reservas profundizaban su caída más allá del piso psicológico de los US$ 30.000 millones? Algunos medios más morigerados prefirieron hablar de una flexibilización del cerrojo.

Hoy la bola empezó a rodar y empezamos a construir las respuestas a aquellas dudas. Sabíamos que la cantidad aprobada para atesorar dependía de nuestros ingresos, pero no la forma en que esto se calculaba. Hoy la AFIP revelo la fórmula. Será el 20% de su sueldo neto mensual, declarado, con un tope de US$ 2.000. Sólo podrán acceder aquellos con salarios iguales o mayores a los $ 7.200.

Actualmente, de acuerdo al discurso oficial, el mercado está abierto para aquellos que solicitan dólares para viajar. No obstante, por supuesto que la cantidad entregada no es ilimitada y depende de lo que la AFIP considere justo para su viaje.

Supongamos que es el inesperado heredero de una tía poco conocida y sin hijos, ¿podrá transformar ese plazo fijo en pesos que le dejó a dólares? Yo la veo bastante difícil. Es entendible que luego de la fuerte devaluación en la que entró el oficial, la idea es liberar un poco los cupos para combatir el blue. Esta fórmula dispuesta –con un tope de US$ 2.000- dejará afuera gran parte de la demanda y ése será el gran desafío. Es difícil pensar que toda pueda ser absorbida entre el oficial (limitado), el Bolsa y el contado con liquidación.

En el medio hubo algunas idas y vueltas del monto que se adelantará a Ganancias por compras con tarjeta en el exterior. Al principio se dijo que se bajaría 20%, luego se echó por tierra esa idea y se conservó el vigente 35%.

Jorge Capitanich tiene razón cuando señala que es vital dar previsibilidad a este mercado para combatir la especulación. En esta clase de anuncios también hay que empezar a construirla.

La estrategia oficial

El principal objetivo de este año es devolverle vigor a las arcas del Central y una de las fugas principales que sufrieron tiene que ver con la caída de los depósitos en dólares. Desde la instauración del cepo, se perdieron US$ 8.000 millones.

En ese sentido, el Gobierno quiere volver más atractivos los depósitos, tanto en dólares como en pesos. La idea es llevar la tasa al 26% en pesos, mediante una suba de la tasas de las Lebac.

Por otra parte, va a emitir Lebacs en dólares. De esta manera se trasforma en una competencia para los plazos fijos de los bancos y los obliga a subir su tasa que hoy se encuentra en un deprimido 1,25%.

Al atraer a clientes, en el primer caso (aspirar pesos) se trata de combatir la inflación y en el segundo, subir las reservas. Recordemos que el dinero de los plazos fijos en dólares se contabiliza dentro de éstas.

La otra cara de los anuncios

Junto con los cambios en la política cambiaria, también se anunció la semana pasada el programa Progresar, que apunta a paliar la situación de los ni-ni (ni estudian ni trabajan), derivación del concepto estadounidense Ninja (no income, no job, no assets). La medida apunta a promover el estudio al interior de ese grupo. Se le otorgarán $ 600 a aquellos jóvenes de entre 19 y 24 que no trabajen –o lo hagan pero con salarios inferiores al mínimo $ 3.600- y que puedan demostrar que están cursando estudios en alguna entidad aprobada por el Ministerio de Educación o el de Trabajo.

Es vital atacar esta situación, porque -como puede ver en el gráfico a continuación- es delicada.

Este año, el gasto público –según el Gobierno- crecerá entre un 23% y 24%. Este tipo de planes profundizará esas erogaciones. No obstante, en su aplicación radicará el éxito.

Fíjese la opinión del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA):

 “Menos de 1 de cada 6 jóvenes tiene un empleo asalariado formal. Bajo estas condiciones, tan o más importante y urgente que inducir el retorno a los estudios es promover la generación de oportunidades de empleo de calidad para los jóvenes de entre 18 y 24 años. Una de las debilidades del Progresar es no contemplar esta necesidad. Este rasgo negativo se potencia por el hecho de que el control de la asistencia escolar se hará de la misma manera que la Asignación Universal por Hijo (AUH). Es decir, aplicando el mecanismo rústico y obsoleto de exigir la periódica presentación ante las oficinas de la ANSES de un certificado escolar firmado por la autoridad de la escuela u oficina de capacitación. Este instrumento es muy burocrático y permeable al fraude al punto tal que constituye el principal factor que explica que la AUH opere, en la práctica, como una mera transferencia asistencialista”.

En mi columna anterior, “Comenzó la cuenta regresiva”, dije que se agotaba el tiempo para presentar el plan económico. Hoy el Gobierno comenzó a mostrar sus cartas y a revelar cuál será su apuesta. Olvídese como inversor o ahorrista del fin del cepo. Eso era algo imposible desde el punto de vista de los fundamentos. Lo importante es ver si con esta flexibilización alcanza.

Si en materia cambiaria lo que propone es una pulseada con el mercado, será muy complejo. Al igual que con el plan Progresar, en la aplicación de la medida más que en la letra, encontraremos nuestra respuesta.

Para seguir conversando sobre éste y otros temas de la economía local, te invito a seguirme en Twitter: @IgnacioRos.

Hasta la próxima.

Saludos,

Ignacio.

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