Ignórelos, no saben más que usted

ignorelos-no-saben-mas-que-ustedLa crisis económica de Estados Unidos en 2008, que se propagó por el resto del mundo rápidamente, marcó un punto de inflexión en muchos aspectos importantes que eran marca registrada de los países desarrollados.

Por ejemplo, la prudencia monetaria y la disciplina fiscal que era pregonada antes de la debacle fueron dejadas de lado para avanzar con planes de expansión e indisciplina sin precedentes.

Esto es historia conocida y no es mi intención dedicarle tiempo en la presente columna. La idea es hablar de otro paradigma que ha cambiado sensiblemente luego de la crisis.

En concreto, me referiré a los “grandes” jugadores del mercado, cómo influyen en las expectativas de los inversores a partir de sus recomendaciones y de qué manera los inversores se fueron dando cuenta de que seguirlos no es la mejor alternativa para sus ahorros.

En la década de los ’90 y los primeros años del siglo XXI, pertenecer a la red de clientes de los grandes bancos de inversión global, como ser Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bear Stearns ó Lehman Brothers, entre otros, implicaba acceder a cierto status y jerarquía que el promedio de los inversores envidiaba.

Por esos años, no importaba si el costo de acceso que se  debía afrontar era demasiado elevado, sino que lo importante era estar adentro de este “club de elite”, para acceder a información de  privilegio antes que el resto y hacer grandes negocios.

Este mundo de fantasía que idearon los grandes administradores de dinero encontraba su límite cuando se contrastaba con la realidad. Las proyecciones y estimaciones que los bancos hacían sobre el mercado de acciones rara vez se acercaban a lo que realmente había sucedido.

La historia se repetía año tras año y los errores eran sistemáticos, pero la reputación que estas entidades habían logrado construir no se veía amenazada. Quizás era porque en la época de la plata dulce todo se analizaba con menor rigurosidad o quizás porque la coraza defensiva que armaron los bancos era difícil de ser vulnerada ante las tenues voces críticas que se levantaban.

A pesar de que el porcentaje de aciertos era cada vez más bajos, las entidades se mostraban impolutas, libres de pecado y al inicio de cada año continuaban pronosticando precios objetivos para la bolsa como si nada había pasado.

Los inversores ordinarios continuaban mostrando el deseo de entrar en esta “privilegiada” lista de clientes que manejaban los bancos. En cambio, los inversores “sabios” tomaban otros rumbos totalmente opuestos.

La crisis como bisagra…

Con el devenir de la crisis inmobiliaria de 2008 que puso en vilo tanto a la primera economía del mundo como a otras potencias económicas, la percepción que tenían los inversores sobre los bancos comenzó a cambiar.

Las entidades comenzaron a ser vistas como grandes culpables de la catástrofe económica acusándoselas de vender activos tóxicos de manera indiscriminada a sus propios clientes y haciendo negociados sin precedentes en este terreno de bajo control.

Los bancos ya no eran intocables. Los inversores desconfiaban de sus prácticas corporativas aplicadas hacia los clientes y los organismos reguladores aplicaron multas sin precedentes como consecuencia de los ilícitos cometidos.

Pese a esto, los “grandes” jugadores de Wall Street parecían no acusar recibo. Las recomendaciones de inversión que se desprendían de sus modelos matemáticos seguían fluyendo con naturalidad.

Sin entender mucho cómo los bancos alimentaban a sus modelos para alcanzar dichas recomendaciones finales, quienes seguían confiando en ellos invertían en consecuencia, perdiendo mucho dinero al final de cada año.

En contraposición, aquellos que siguieron caminos más independientes, confiando en su propio análisis e intuición, disfrutaban de interesantes retornos.

A pesar de la creciente proporción de inversores que pasaron a invertir de manera independiente, una vasta cantidad de ellos continuaban siguiendo religiosamente los consejos de los grandes bancos. Y continuaban quedando relegados en materia de inversiones.

Para que entienda que no estoy exagerando, analicemos el siguiente caso del año 2013:

Gráfico 2

Con el fin de año tocando la puerta, me parece conveniente repasar cómo anduvieron las estimaciones que hicieron los principales bancos globales sobre la evolución del S&P 500 en 2013.

En promedio, los bancos estimaron que el índice finalizaría en 1.534 puntos el 31 de diciembre, un nivel 17,5% inferior al del cierre registrado  al 10 de diciembre.

Esto nos indica que si el inversor hubiera manejado sus inversiones según las proyecciones promedio de los que “más saben”, el retorno obtenido habría sido un 17,5% inferior que aquel  logrado por un inversor pasivo que apostó a invertir directamente en el índice.

Si el análisis se hace a nivel desagregado, en los extremos encontramos que la peor estimación ha sido de Wells Fargo, errándole casi un 30% a su precio objetivo del S&P 500, mientras que en la vereda opuesta está Citigroup, que erró su pronóstico por “tan sólo” 11,6%.

Lo anterior deja en evidencia que seguir las recomendaciones de los grandes administradores de dinero no es garantía de nada. Al contrario, desoír sus consejos podría ser una buena idea.

Pese a esto, los bancos no logran amedrentarse. JP Morgan ya señaló que su precio objetivo para el S&P 500 es de 2.075 puntos (+17,5%) mientras que el Citigroup hizo lo propio al situarlo en 1.900 (+7,3%). Y más proyecciones están por venir.

Usted sabe que nuestro objetivo en Inversor Global es brindarle todas las herramientas necesarias para que usted pueda manejar sus inversiones de la manera más eficiente posible, estableciendo estrategias que se ajusten a su perfil y que sean independientes de las voces que intentan imponerse para beneficio de terceros.

No digo que no considere los informes de estos bancos en absoluto, pero no los tome como una verdad revelada. Su propio criterio le permitirá obtener mejores retornos. Nadie cuidará sus inversiones más que usted mismo.

Usted s cuenta con nuestra Revista Digital y los reportes de recomendaciones Crisis & Oportunidad y Revancha Argentina para lograr estas metas.

Con estos recursos disponibles, siga su intuición y no se deje contaminar por los “grandes jugadores”. Si hay algo que estoy seguro, es que no saben más que usted.

Un saludo.

Diego.

P.D.: Si quiere compartir opiniones o ideas de inversión, lo invito a seguirme en Twitter:@diegomb80.

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