Este año, las reservas terminarán en su peor nivel desde el 2006

La Argentina parece un colador: en 2013, perdió 12.600 millones de dólares y la causa se centra principalmente en el deterioro de su cuenta corriente, minada en gran parte, por la persistente crisis energética y el déficit en el turismo.

Las recientes políticas adoptadas por el gobierno, entre ellas: encarecer el acceso del público a las divisas internacionales del central, encarecer el turismo y la compra de autos importados y endeudarse en busca de dólares a través de bonos y letras del BCRA no terminaron de contrarrestar el mal trago. En promedio, la pérdida de reservas fue de aproximadamente  100 millones de dólares por día hábil.

La unión del déficit de cuenta corriente y el persistente descubierto de la cuenta financiera ahondaron al resultado del balance cambiario en terreno negativo. El exceso de demanda de divisas explica el derrumbe de 12.600 millones de dólares de las reservas, según datos hasta el 23 de diciembre.

Sin embargo, la baja podría superar los 13.000 millones de dólares porque el 31 de este mes el Gobierno deberá pagar un vencimiento de 800 millones de dólares, lo que llevará a las reservas a su nivel más bajo desde 2006.

En esta dirección, la política que implementa el tesoro nacional de pagar los vencimientos de la deuda externa pública con las reservas del BCRA también genera un pasivo implícito. El mismo está responsabilizado a cederle dólares al tesoro cada vez que este necesite realizar un pago de deuda. En los dos últimos años de mandato de Cristina Fernández de Kirchner hay vencimientos por aproximadamente 12,000 millones de dólares más.

En un artículo publicado en Foro Económico, Pablo Guidotti y Andrés Neumeyer, obligan al lector a realizar el siguiente experimento: pensar que pasaría si el BCRA sigue perdiendo reservas al ritmo de 100 millones de dólares por día hábil. En tan solo tres meses habrían en el BCRA 21,467 millones de dólares.

“Los depositantes, viendo el balance del BCRA y los pasivos del tesoro nacional, se darían cuenta que si no se llevan todos los depósitos en dólares de sus cuentas en ese momento pueden quedarse sin nada. Esta corrida a los depósitos en dólares podría contagiarse a los depósitos en pesos generando una crisis financiera”, ilustran.

Frente a este escenario, se podrían deducir tres conclusiones:

Por un lado, que la actual situación económica puede tornarse rápidamente insostenible si no se toman medidas que reviertan el drenaje de reservas. En palabras de Guidotti y Neumeyer, “el ir zafando, pateando la pelota para adelante no aparece como un escenario probable ya que, bajo la actual dinámica, la situación económica podría eclosionar en una crisis en pocos meses”.

Por el otro, que la imposición del cepo cambiario no evita una eventual corrida contra las reservas: “la presencia de depósitos bancarios a la vista denominados en dólares genera un mecanismo de posible fuga de divisas similar al que ocurriría en un régimen de tipo de cambio regulado y libre movimiento de capitales”.

Y tercero, que la posible dinámica de las reservas en los próximos meses dependerá crucialmente de las expectativas.  “Si existen motivos para esperar un cambio de régimen, el sector privado actuará en consecuencia, posponiendo todos los ingresos de divisas y adelantando lo más posible los pagos al exterior.  El resultado será un deterioro del balance cambiario y, posiblemente, un freno adicional a la inversión externa”, auguran.

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