A ciegas dentro de la tormenta

Esta semana Wall Street ha marcado nuevos máximos históricos. Los inversores deben sentirse confiados. Las sensaciones son claramente alcistas y los inversores no creen que la Fed vaya a concluir la expansión monetaria pronto.

Están en lo cierto. La predicción comúnmente aceptada es que la reducción de estímulos monetarios no va a comenzar hasta el verano o el otoño del año que viene. En nuestra opinión esto no va a ocurrir ni siquiera entonces.

Pero quién sabe, estamos preparados para todo. Subidas, bajadas, burbujas, rallies… Todo es posible.

Este mundo financiero en el que nos desenvolvemos es completamente nuevo. Hay muy pocos antecedentes históricos que nos puedan ayudar a entenderlo; y los pocos que tenemos suelen ser incompletos e inconcluyentes.

El Gobierno de Estados Unidos cambió el sistema monetario hace 40 años. Desde entonces, vivimos en un mundo financiero sólo para valientes. De la era del patrón oro anterior a 1971, en la que nadie gestionaba la oferta monetaria, cambiaron a un sistema basado en el papel moneda, gestionado por gente con doctorados.

La idea era que en lugar de estar atrapados en un mundo con una cantidad de dinero fija, los economistas pudieran decidir cuánto dinero se necesitaba y proveerlo cuando fuera necesario.

Ésta no era la primera vez que las autoridades lo intentaban. Muchas veces antes en la Historia, las naciones encontraron al papel moneda muy conveniente para pagar sus deudas, habitualmente cuando estaban en guerra y se habían quedado sin dinero.

Pero ésta es la primera vez que, en tiempos de paz, todo el sistema financiero mundial ha llegado a depender del papel moneda controlado por una sola nación: los Estados Unidos de América.

La Ley de Gresham nos dice que “el dinero malo persigue al dinero bueno”. Esto quiere decir que si la gente tiene la elección entre poseer dinero que se devalúa o deteriora como el dinero papel, o dinero auténtico que no pierde valor como el oro, elegirán poseer el dinero bueno y se desprenderán del dinero malo.

¿Y qué es lo que ha ocurrido? El dinero bueno (oro) ha desaparecido; y el dinero malo (dólares) se ha convertido en lo que todo el mundo llama “dinero”. Los bancos centrales por otro lado han decidido que lo más prudente es poseer algo de oro pero también dólares.

Y ahora que los países emergentes están alcanzando mayores niveles de prosperidad, no resulta sorprendente que sus bancos centrales también estén acaparando todo el oro que pueden.

Los dólares no son lo mismo que el dinero real; son instrumentos de deuda pública a corto plazo, letras del tesoro. El Gobierno nos dice que lo utilicemos como “instrumentos de pago legales para todo tipo de deudas, públicas o privadas”. Pero no hay una garantía real de su valor, son lo opuesto al dinero. En realidad son títulos de deuda pública de vencimiento inmediato.

El dinero real no tiene valor. No depende de quien lo emite o de cualquier otra cosa. Una vez que la deuda es pagada en dinero real, la transacción se da por concluida. Pero este no es el caso con el papel moneda; éste es deuda, y el valor de la deuda depende del deudor. Si no paga, el papel no vale nada, y esto incluye a los dólares, euros, etc.

A medida que el dólar ha desplazado al oro, el sistema capitalista se ha convertido en un amalgama extraño de transacciones basadas en la reglas del mercado, pero con menos capital real. El dinero real se ha sustituido por deuda pública. De forma gradual, la deuda se ha desbordado y ha saturado a todos los sectores de la economía.

Hogares, negocios, bancos… todo el mundo está sumergido en un mar de deuda, del universitario que ha tenido que endeudarse para pagar sus estudios a la familia que se compra se primera su primera casa firmando una hipoteca.

Cuando este tsunami de deuda amenazó con ahogar a millones de personas con la crisis de desapalancamiento financiero de 2008-2009, los “poderes fácticos” se dieron prisa para solucionar el desaguisado. ¿Pero cómo lo hicieron? Con más deuda.

No podían permitirse la quiebra de tantas instituciones; dejaron bien claro que le proporcionarían a la economía tanta liquidez como necesitara.

Y ahora, incluso la mínima sugerencia de que puede que se hayan cansado de inyectar tanto dinero al sistema (85.000 millones de dólares al mes sólo en Estados Unidos) hace que la Bolsa se tambalee.

¿Pero a dónde va toda esta liquidez? Nadie lo sabe con certeza. Algunos dicen que desaparece porque los bancos se niegan a prestar todo este dinero, otros dicen que nunca existió realmente y otros dicen que es para preparar al mercado para otro crash que limpie los mercados. Pero todos ellos esperan ver el valor de la Bolsa, propiedades inmobiliarias y todo lo que puede ser considerado como una inversión subir hasta las nubes.

De cualquier manera, puede que el Señor Mercado nos esté preparando algo excitante. Verlo va a ser divertido, pero mejor a distancia.

Saludos,

Bill Bonner

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

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