Aristóteles era un idiota

¡Vamos! Esta semana Wall Street ha alcanzado máximos históricos. ¡Que la fiesta no termine! ¿Nos estamos dirigiendo a una nueva burbuja? Tal vez, ¿pero cómo podemos decirlo?

La gente que compra acciones ahora tiene mucha más fe en la Reserva Federal que nosotros. En nuestra opinión, los precios de las acciones en Estados Unidos se deben mucho a la manipulación de la Reserva Federal y muy poco al hecho de que el valor de las compañías que cotizan en Bolsa sea realmente mayor.

Pero cuidado, los mercados con precios artificiales son como las cuerdas de puenting; puedes estirarlas mucho, pero finalmente se encogen y cuanto más las hayas estirado, más se encogen.

¿Cuándo ocurrirá esto? Nadie lo sabe, pero no nos vamos a quedar para verlo.

Hay dos grupos de personas en el mundo. El primer grupo son aquellos que se creen que saben cómo funcionan las cosas; el segundo grupo son las personas que piensan que los del primer grupo son idiotas.

Aristóteles fue quizás el primero y más prominente de los que pensaba que sabía algo. Se dio cuenta de todo esto hace más de 2000 años. Pensaba que existe un orden natural para las cosas. La gente civilizada debía vivir en las ciudades-estado; y cualquiera que estuviera fuera de las murallas era “una bestia o un dios”.

Y la ciudad-estado, la organización política ideal, debía ser gobernada por…bueno… los gobernantes.

Así era cómo funcionaba. Aristóteles decía que “gobernar y ser gobernado no son sólo necesarios, también son beneficiosos. El rol de cada uno se determina desde el nacimiento, estando algunos destinados a gobernar y otros a ser gobernados.”

¿Por qué una ciudad-estado y no una nación-estado? ¿Por qué no puede la gente autogobernarse? ¿Quién tenía el derecho a determinar quién debía gobernar?

Podías hacerle tantas preguntas como quieras; Aristóteles tenía respuestas fáciles para todo. Incluso otros filósofos de la antigüedad le atacaban.

“Ninguno de nosotros sabe nada, ni siquiera sabemos si sabemos algo o no” dijo Metrodoro de Quíos, apuntando directamente a Aristóteles.

Pero fue el gran Pirrón de Elis quien desarrolló la filosofía que hoy conocemos como ‘escepticismo’. Básicamente, un escéptico es alguien que sospecha que otras personas no saben, ni de lejos, tanto como creen que saben.

Y, habitualmente, los escépticos tienen razón. Pero cuando se trata de bancos centrales y política monetaria, siempre tienen razón.

Los planificadores y salvadores del mundo son grandes fuentes de entretenimiento, y no mucho más.

Tom Friedman, Ben Bernanke y Paul Krugman reducen la cantidad de sabiduría humana cada vez que abren la boca. Bernanke cree que puede resolver un problema de deuda con más deuda. Krugman cree que puede resolver el problema del gasto público con más gasto público. Y Friedman ni siquiera piensa, pero tiene una solución para todos los problemas que, si la aplicas, hace que tu problema sea más grande aún.

Nuestro viejo amigo y co-autor Pierre Lemieux nos recuerda este comentario de Adam Smith, padre del capitalismo:

“El hombre del sistema está concebido para ser muy sabio dentro de sus propias presunciones, y a menudo está tan enamorado de la supuesta belleza de su propio plan de gobierno ideal que no puede aceptar la más mínima desviación de cualquier parte del mismo. Este hombre sigue con lo establecido de una forma completa en todo su conjunto, sin tener en cuenta los grandes intereses o los fuertes prejuicios que se le puedan oponer. Parece imaginar que puede manejar los diferentes medios de una gran sociedad con tanta facilidad como la mano maneja las piezas sobre un tablero de ajedrez. No considera que las piezas del tablero de ajedrez no tienen otro principio de movimiento que la mano que las maneja; pero, en el gran tablero de ajedrez que es la sociedad humana, cada pieza tiene un principio de movimiento por sí misma, junto con todas las fuerzas que el gobierno y las leyes puedan imponerle.”

La idea de que puedes organizar una sociedad en su totalidad de acuerdo a tus propios prejuicios es antigua y desfasada. También lo es la noción de tener un conocimiento privilegiado que otros no poseen.

De hecho, todo lo que uno sabe es lo mismo que saben los demás: nada. Y no sabemos esto tampoco.

Saludos,

Bill Bonner

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

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