¿Se han vuelto locos los estadounidenses?

estado-economia-estados-unidos-tras-cierre-gobierno“Obama dice que no va a ceder ni un palmo” me cuenta un amigo francés. “¿Qué está pasando ahí? ¿Acaso se volvieron locos?”

Todos los expertos nos advierten de lo peligroso que es esto para la economía. Cada conductor de televisión, cada comentarista, cada analista… todos anuncian que terminar con el gasto público es algo malo.

Pero, ¿por qué?

Bloomberg ha mirado al asunto desde un par de puntos de vista diferentes. Primero, lo miró desde el punto de vista demócrata, recalcando que el 72% de los estadounidenses se oponen al cierre (shutdown) del Gobierno por recortes en el presupuesto de salud. El titular es un poco ambiguo; quizás aprobarían el shutdown del Gobierno si se produce por recortes en el gasto en educación o en defensa. Pero lo dudamos.

Después, Bloomberg lo analiza desde el punto de vista económico. Cuánto va a costar el cierre, se pregunta. Y para ello, encuentra una fuente de información dispuesta a hacer una estimación: según IHS, el cierre del Gobierno costaría US$ 300 millones por día.

¿Quién es IHS? Nos lo preguntamos y Bloomberg explica:

      Un cierre parcial del Gobierno costaría al menos US$ 300 millones en producción económica perdida, según IHS.

      Aunque se trata de una pequeña fracción de un país con una economía de US$ 15,7 billones, el impacto diario de un cierre es probable que se acreciente si se prolonga, porque afectaría a la confianza y el gasto de negocios y consumidores.

      IHS, una firma de análisis de mercados de Lexington, Massachusetts, estima que el crecimiento anual del 2,2% estimado para el cuarto trimestre se reduciría en dos décimas si se produjera un cierre que durara una semana. Un shutdown de 21 días, como el que se produjo en 1995-1996, reduciría el crecimiento entre 0,9% y 1,4%, de acuerdo a Guy LeBas, director del departamento de renta fija de Janey Montgomery Scott, LLC en Filadelfia. “El gasto del Gobierno afecta a cada aspecto de la economía, y la interrupción en el gasto, más que una pérdida directa de ingresos, amenaza la confianza de los inversores y de las compañías de manera que el crecimiento económico puede verse seriamente afectado”, dijo LeBas en una entrevista ayer.

Eso es, no hay nada más de que hablar. La profesión de economista se ha convertido en una pandilla de esbirros para los políticos y otros visionarios. Un sinsentido. ¡Es el momento de levantarse y protestar!

Uno. ¿Alguien más? ¿Estamos solos?

Hay dos maneras de conseguir lo que uno quiere. La fuerza y la violencia por un lado; o la negociación y la persuasión por el otro. (Algo intermedio es un fraude, pero ignorémoslo de momento).

La economía se sustenta en la negociación y la persuasión. Tienes que hacer algo por lo que otros estén dispuestos a pagarte. Hacer algo. Ofrecer un servicio. El resto hace lo mismo: ofrece algo que quieres. Uno hace un par de zapatos, otro fabrica su propia cerveza. Ya sabes cómo funciona…

Pero hay una parte de la economía que no funciona de esta manera. Ésa es la parte que el Gobierno controla. Esa depende de la fuerza bruta. Ningún cliente tiene que estar satisfecho. Ninguna necesidad real tiene que satisfacerse. Ningún acuerdo entre compradores y vendedores tiene que producirse. O pagas tus impuestos o vas a la cárcel. O lo haces como te dicen, o te meten a prisión.

“Estados Unidos ha cambiado muchísimo” me decía mi amigo francés. “Yo solía ir cada verano cuando era un adolescente. Era como una liberación para un joven francés; en Estados Unidos teníamos tanta libertad para hacer lo que quisiéramos. Muy al contrario que en Europa. Podías ir a California y acampar al lado de la playa. Eran los años 60. Todo el mundo era increíblemente amigable. Me encantaba”.

“Pero justo volví el verano pasado y se ha convertido en un lugar diferente. Te tratan como a un criminal de guerra cuando pasas el control de pasaportes. Y ni se te ocurra acampar en un lugar público. La gente aún es agradable, pero ese espíritu de libertad parece haberse desvanecido. Ahora se parece mucho más a Europa, pero con mucha más policía.”

Sí, Estados Unidos se parece más a Europa, donde el Gobierno juega un papel importante en la economía y en la sociedad.

Y ahora, ¿reducir el papel del Gobierno perjudicaría a la gente? ¿Sería tener menos fuerza bruta en la economía un desastre? ¿Y si la gente tuviera más de lo que de verdad desea, y no de lo que le imponen? ¿Sería todo esto tan desastroso?

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. Sus columnas hacen parte de la Revista Inversor Global. Puede suscribirse haciendo click aquí.

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