Balanza comercial descompensada: El país sufre desnutrición

La crisis energética no es novedad alguna. Desde hace varios meses que el Gobierno busca aliados económicos que ayuden al país a explorar y explotar el yacimiento Vaca Muerta. Mientras tanto, la Argentina se tiene que conformar con importar la energía que utiliza, lo que la lleva a desembolsar los pocos dólares que ingresan.

Según datos oficiales, la importación de combustibles creció 103% en agosto y trepó hasta los 1.548 millones de dólares. En ocho meses, el Gobierno resignó a casi 3.000 millones de dólares: el saldo positivo de la balanza comercial cayó 32,4% hasta los 6.292 millones. Paralelamente, en los primeros meses del año Argentina gastó el equivalente de 35% de las exportaciones de la oleaginosa en la importación de combustible.

“El déficit comercial energético estará este año en torno a los 8.000 millones de dólares, lo que implica un drenaje de la divisa no trivial, en especial si se tiene en cuenta que los factores generadores se de moneda extranjera, por fuera de la cosecha agrícola, son prácticamente nulos”, alerta  Luis Secco, director y editor de la consultora Perspectiv@s Económicas.

-¿Cómo contribuye a la declinación de las reservas la necesidad de importar energía?

La importación de energía es unos de los principales factores que se encuentra detrás del comportamiento de las reservas internacionales (junto con el turismo, los pagos de deuda pública federal y el déficit comercial del sector manufacturero).  El déficit comercial energético estará este año en torno a los 8.000 millones de dólares, lo que implica un drenaje de la divisa no trivial, en especial si se tiene en cuenta que los factores generadores de moneda extranjera, por fuera de la cosecha agrícola, son prácticamente nulos.

 –  Luego de que en agosto se haya agravado más de un 100%, ¿cuáles son las perspectivas a futuro?

Es esperable que el déficit comercial energético se mantenga e incluso se incremente.  Hay, básicamente, dos factores que están detrás de esto. El primero, es el gap entre la demanda interna de energía y la oferta y el segundo, el precio internacional de la energía que Argentina importa.  En el primer caso, el gap no se va a reducir significativamente en el corto plazo, básicamente porque ni la demanda interna va a caer (para que eso suceda, tendría que producirse un fuerte ajuste de tarifas, poco probable en el corto plazo) ni la oferta va a aumentar significativamente.  En cuanto al precio internacional de la energía, tampoco se prevé una reducción fuerte en lo inmediato.  Todo lo contrario: de producirse cambios significativos a futuro, es probable que éstos sean al alza, a partir de un aumento de la conflictividad política/social en el Medio Oriente.

-¿Cree que existe una solución para revertir esta situación?

No se vislumbra una solución sencilla en el corto plazo.  La oferta interna de energía no aumentará notablemente en lo inmediato, y es difícil pensar que la demanda pueda caer de manera significativa.  Para que esto último suceda, tendría que producirse un fuerte aumento del precio doméstico de la energía (ajuste de tarifas) para la mayoría de las personas que hoy habitan el área metropolitana de Buenos Aires.  Es difícil pensar que algo de esto pueda suceder en el corto plazo.

–  ¿Se podría decir que estamos desaprovechando los dólares que deja la soja?

Sí, sin dudas.  Los dólares de la soja, sus derivados y otros productos de la cadena de valor agroindustrial son la única fuente importante de divisas que tiene hoy la economía, si se tiene  en cuenta que los préstamos financieros internacionales (especialmente, para las empresas del sector privado) y los flujos de inversión extranjera directa se redujeron a la mínima expresión luego del establecimiento del cepo cambiario.  Pero no alcanzan para todo.  Las necesidades de divisas para comprar energía, financiar las compras y viajes de residentes en el exterior y pagar deuda son demasiado altas como que alcancen los dólares de la soja.  De allí que el gobierno imponga límites (cepo) a las importaciones y al atesoramiento de dólares de parte del sector privado.

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