Inés Bertón, fundadora de Tealosophy: “Una Pyme necesita menos títulos de nobleza y más gente que labure”

Ana Clara Pedotti

La de Inés Bertón es una historia de talento, olfato y mucho trabajo. “Emprender es como un gen para mí. Está en todo lo que hago”, dice esta mujer que hace trece años se animó a crear su propia marca de té: Tealosophy;  un proyecto que comenzó con tan sólo US$ 135 y que hoy tiene tiendas en Buenos Aires, Barcelona y Nueva York y exporta a más de 20 países.

 La agenda de esta joven empresaria incluye viajes al pie del Himalaya, la supervisión de su planta en Pilar y la atención de sus locales en la Argentina, Europa y Norteamérica. En el medio de la vorágine, se hizo un rato para recibir a InversorGlobal en su tienda de la Galería Promenade, del Hotel Alvear.

 Apasionada de la cultura del té, la creación y los aromas, se define como 100% monotasking: “No creo en el multitask. Me parece que es muy bueno poner foco, y es lo que hice”, dice. Luego de más de una década al frente de Tealosophy, está lista para asumir un nuevo desafío: “Siento que para mí crear y el mundo del té  son algo que fluye naturalmente. Es lo que siento que puedo hacer hoy, mañana y siempre. En cambio, el management diario es algo que no quiero hacer. Uno elige”. Es más, agrega, “cuando hacemos el balance yo estoy con el Candy Crush abajo del escritorio”.

¿Cómo empezó y cómo fue que descubrió que podía hacer un negocio de esto?

Empecé hace muchos años. Mi base es como perfumista y después me dediqué a la cosecha de té. Viví muchos años en Nueva York a cargo de una compañía de té. Tuve en realidad una mentora japonesa, Fumiko, que fue mi gran maestra. Me enseñó el té como filosofía de vida, un poco el té como modo de latir. Ella era séptima generación de blenders en el mundo, tenía una gran impronta del té como filosofía. Pensá que los japoneses estudian arco y flecha durante seis años hasta que te dejan tirar la primera flecha. Yo llegué, quise poner agua a calentar para hacer un té y fue como… “no entendés nada”. Con ella aprendí esta fusión de Oriente y Occidente.  Me apasionó un lado que, en parte es mío también, que es la parte creativa llevada junto a la naturaleza. Poder estar mucho tiempo caminando las cosechas, recorriendo el pie de los Himalayas, entre Nepal y Buthan, como para poder empezar a crear los blends.

Tealosophy empieza hace trece años en la Argentina, pero había comenzado ya en Nueva York ocho años atrás. Volví a la Argentina y empecé Tealosophy. Después siguió crear los blends para Inti Zen, que hoy se exporta a 20 países. Luego, me asocié con Guillermo Casarotti e hicimos Chamana, la tercera marca. Entonces, Tealosophy es mía, Inti zen es de él, y Chamana es 50 y 50: un niño en común.

¿Cómo fue que decidió crear su marca?

Tealosophy empezó cuando vine a Buenos Aires, porque quería tomarme un año sabático. Un señor que abría un divino local en Las Cañitas, y que conocía mi trabajo en Nueva York,  vino a decirme si le podía hacer la carta de té. Me convenció y el primer año saltamos de 500 a 14.000 kilos de té. Fue un caos. El portero de la casa de mis padres me ayudaba a hacer las bolsitas. Un día, había tanto té en mi casa que dije:”bueno, vamos a abrir un local”, “vamos a abrir una planta”, “vamos a abrir otro local”, “vamos a abrir en Barcelona”, y así fue pasando. Y la verdad que ahora liderar el mercado de hebras desde hace ya unos años es algo que nos llena de orgullo. Hacemos el té del Palacio Duhau, del Alvear, del Ceasar, del Llao Llao, de casi todos los hoteles y restaurantes.

¿Cómo se pasa de tener un emprendimiento que funciona a tener una empresa que crece, exporta y que incluye socios?

Todos los días tenés que tomar decisiones enormes, como -por ejemplo- el armado de una planta. En el caso de Inti zen la planta está toda armada con paneles solares, porque para Guillermo, mi socio, era muy importante el tema del desarrollo sustentable. Para Tealosophy tuvimos que armar otra planta porque necesitábamos otro tipo de envasado. Todo el tiempo estás decidiendo todo: desde la distribución, pasando por la administración, hasta la apertura de locales. Ahora armamos un corner en Los Hamptons, en las afuera de Nueva York. Hoy me encuentro tomando una de las más grandes en todo este camino. Hace  trece años que estoy a cargo de Tealosophy y lidero todo el management, pero la realidad es que mi fuerte y el valor grande que yo le agrego es la parte creativa. Siento que uno hace muchos trabajos. Dejar el ego de lado, para poder darse cuenta de que en realidad lo más sabio es rodearse por gente que sepa más que uno. Ése es el “abc”.

Para continuar leyendo la entrevista a Inés Bertón, consulte el número de Agosto de la Revista InversorGlobal. Si aún no está suscripto a nuestra publicación, puede haga click aquí. 

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