Tres simples medidas que pueden salvar al mundo

Lecciones de la quiebra de DetroitLos mercados financieros mundiales siguen la fiesta. Las Bolsas europeas y estadounidenses llevan cuatro semanas consecutivas de subas. Luego de la amenaza del Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos de terminar con la emisión vinieron arrepentimientos y aclaraciones que dejaron a los inversores globales tranquilos. Por lo menos tranquilos hasta que vuelvan de sus vacaciones de verano, del hemisferio norte. Luego veremos.

Porque en un mundo que depende del “respirador artificial” de la emisión monetaria y la deuda, nada es seguro, nada es para siempre. Un recordatorio de que no se puede vivir eternamente gastando mucho más de lo que ingresa nos lo dio la ciudad de Detroit la semana pasada. Según relataba el diario El País de España:

      La de Detroit ha sido una lenta agonía que acabó emitiendo un latido plano el pasado jueves, cuando el administrador de la ciudad anunció que se acogía al Capitulo 9 de la ley de bancarrota de Estados Unidos. Considerada por su arquitectura como el París del medio oeste americano y la cuarta ciudad en importancia de la nación en la década de los cincuenta, la cuna de la industria del automóvil norteamericana ha certificado por escrito que sus arcas están vacías de dinero y llenas de pagarés y sus barrios deshabitados pero con tasas de crimen desorbitadas.

      En la última década, el deterioro se aceleró con brutales cifras que lo prueban: el paro se sitúa en el 18% (más del doble de la media nacional); cerca de 80.000 edificios están abandonados o seriamente dañados; la policía tarda 58 minutos en responder a una llamada frente a los 11 de media nacional; y el 40% del alumbrado eléctrico, sencillamente, brilla por su ausencia y no funciona.

      Detroit es la mayor ciudad de la historia de EE.UU. que suspende pagos y lo hace como última alternativa para poder reestructurar sus cuentas públicas ahogadas por una deuda estimada en 20.000 millones de dólares. “Sé que muchos de ustedes verán lo que está sucediendo como un momento bajo en la historia de la ciudad”, ha declarado el Gobernador Rick Snyder en una carta en la que autoriza la solicitud de bancarrota. “Siendo esto correcto también creo que serán los cimientos para el futuro de la ciudad, lo que no ocurriría si no le diéramos la oportunidad de empezar libre de la carga de una deuda que no puede pagar”, finaliza el Gobernador.


Ante esta noticia, primero viene la sorpresa. Uno se pregunta: “¿las ciudades pueden quebrar?”. Bueno, en todo el mundo las ciudades pueden quebrar, de hecho. Por ejemplo, se quedan sin plata para pagar la policía, la recolección de basura o los sueldos de los empleados públicos. Pero en la mayoría de los países las ciudades no pueden quebrar “legalmente”. En Estados Unidos, siguiendo su tradición tan práctica y fría, las ciudades también pueden pedir la quiebra como una empresa y a partir de esto reestructurar sus deudas y continuar su vida, libre de la mochila que las ahogaba.

En la mayoría de las naciones esto no pasa, pero no porque no haya otras ciudades en la misma situación financiera en la que está Detroit hoy. Todo lo contrario, tanto en Europa como en América Latina se pueden encontrar unas cuantas. Allí no pasa porque simplemente la ley de los respectivos países no permite situaciones como ésta. ¿Qué es mejor? No lo sé.

Lo que sí sé es que Detroit es un caso muy claro de lo que ocurre cuando los políticos se dedican a planificar la vida de un lugar gastando el dinero que no tienen; dinero que piden prestado y luego dilapidan en medidas tontas e improductivas que terminan hundiendo aún más los destinos de la ciudad.

Como siempre decimos desde esta columna, los políticos viven en una burbuja donde se sienten capaces de salvar a poblaciones enteras compuestas por millones de personas. En esa burbuja se ven a ellos mismos como todopoderosos y con base en estos “poderes especiales” toman decisiones por usted, por supuesto, usando el dinero ajeno y decidiendo por usted el camino a elegir.

El problema es que sólo usted sabe qué es lo mejor. Por lo tanto, luego de consumir todo el dinero disponible, la burbuja de los políticos tarde o temprano termina estallando. Éstos se quedan sin dinero para seguir financiando sus aventuras.

Y esto pasa, lamentablemente, en ciudades muy variadas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Es que los políticos son ambiciosos y el sistema actual es perverso. Ellos quieren ganar votos y para hacerlo la gente le pide obras y beneficios; y para hacer obras y dar beneficios los políticos necesitan dinero, dinero que terminan sacando a la propia gente. Y lo hacen de la forma más encubierta posible y con medidas cada día más creativas. Desde impuestos ocultos pero ilimitados, hasta deudas impagables y, en el caso de los Gobiernos nacionales, creando monedas cada vez más débiles.

Esta dinámica puede durar años o décadas, como en Detroit. En la mayoría de los casos estos políticos se enriquecen, hasta que la burbuja finalmente explota y la ciudad retrocede todos los casilleros que había “avanzado” en forma artificial. Los políticos necesitan límites a su ambición. No deben tener un cheque en blanco con nuestro dinero. Está demostrado a lo largo de las últimas décadas que este sistema no funciona en ninguna parte del mundo.

Para terminar esta dinámica, sólo se necesitan tres simples y fáciles medidas. Tres “leyes” que deberían ser inmutables y que los funcionarios públicos de todas partes del mundo deberían cumplir. Éstas son:

1- Limitar el nivel de deuda que los políticos pueden asumir.

2- Limitar el déficit presupuestario que los políticos pueden experimentar.

3- Limitar los impuestos que pueden cobrar.

Estas tres simples medidas tienen el poder de salvar al mundo. Si un país o una ciudad pudiera escribir estos límites en su constitución y vigilar que sus políticos nunca los quiebren, la prosperidad de esa comunidad estaría asegurada. Es que dejaría en manos de la gente, de la libre iniciativa del pueblo, el manejo de una economía, el futuro de una nación.

Quedaría en manos del único ente que puede asegurar el progreso en nuestro mundo. Porque recuerde, los Gobiernos y los políticos no producen nada, sólo gastan. Los únicos que producen y generan son los empresarios, los trabajadores, los profesionales, los innovadores. El funcionario público sólo subsiste porque le saca una parte de su dinero de su propio bolsillo.

Y usted debe tener el poder de limitar la cantidad de dinero que le sacan de allí. Mientras no exista un límite claro e inquebrantable, crisis como la que está pasando hoy la ciudad de Detroit, las tendremos que ver todas las semanas en los diarios…

Le deseo una excelente semana de inversiones,

Federico Tessore.
Para Inversor Global Argentina

Comment 1

  1. Adrian Carfora

Deja tu respuesta