Energía, la piedra en el zapato de los K

La crisis energética de gas y petróleo de Argentina“Primero al mercado interno”, detrás de esa frase demagógica del entonces presidente Néstor Kirchner se escondía la realidad de un mercado energético ya en problemas en pleno 2004. En abril de ese año los inconvenientes con Chile por el corte de suministro se robaban los titulares de los diarios, pero este diferendo bilateral no hacía más que maquillar necesidades que eran bien nuestras.

Poco a poco el esquema de subsidios se volvió corrosivo. La decisión de priorizar al mercado interno también hablaba de una industria que tiraba la toalla de la rentabilidad a manos de un Estado que establecía reglas de juego asfixiantes a tarifas congeladas.

Este país, que supo mostrarse como potencia hidrocarburífera, ahora importaba petróleo y gas de los Gobiernos hermanos de Venezuela y Bolivia.

“Mientras en 2007 las importaciones de combustibles representaban 6,4% del total, en 2012 llegaron a 13,5%, pasando de US$ 2.845 millones a US$ 9.265 millones. Lejos de revertirse esta tendencia, en los primeros cinco meses representaron 15% del total (US$ 4.562 millones) con un crecimiento interanual de 29%”, señala un estudio de la consultora Analytica.

Ya lo ve. La importación de combustibles es un freno de mano a la economía local. Lo podrá observar en la balanza comercial, así como también en las cuentas fiscales.

Este sector concentra el 55% de los subsidios. El año pasado fue el destino de $ 55 mil millones (equivale al déficit total del fisco de 2012). La situación se profundizó en los primeros cinco meses del año. Los subsidios treparon casi un 80% interanual.

El diario La Nación repara en este mismo punto:

De acuerdo con los números oficiales, entre enero y mayo se pagaron US$ 3.270,89 millones para cancelar compras de energía fuera del país, 47,54% más que en el mismo período del año pasado, según la última actualización que realizó la Secretaría de Energía.

Medido en cantidades, el país compró en el exterior 29% más que en el mismo período del año pasado. En otros términos: en 12 meses, el precio del suministro de energía desde el exterior se encareció para la Argentina.

Las erogaciones de los primeros cinco meses alcanzaron un número exorbitante por donde se lo mire. Representan, por caso, un 8% de las reservas del Banco Central, que hoy apenas superan los US$ 37.400 millones. Y encierran otro agravante: los números públicos de la cartera de Energía incluyen algunos de los grandes importadores, como Enarsa, YPF, Esso y Shell, pero no muestran las cifras de Cammesa, la administradora del mercado eléctrico.
BARAJAR Y REPARTIR DE NUEVO

Si desde esta columna le estoy hablando del tema energético es porque se transformó en el principal problema de nuestras cuentas públicas y en la piedra en el zapato de esta economía que no consigue mantener el ritmo.

Sin embargo, el problema no empezó en la era K (aunque sí se profundizó). En 1999 se registró el primer retroceso en la producción de crudo nacional (-5,4% interanual). Al cierre del año pasado, la caída acumulada se ubicó en 34 puntos. El gráfico a continuación es más que claro.

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La respuesta del Gobierno la conocemos todos: La crucifixión de una Repsol que –es cierto- no reinvertía lo necesario para mantener su capacidad productiva y reenviaba cuanto dólar le llegaba a su matriz, pero que sólo representa un tercio del sector. Además, el Ejecutivo le prende velas a un Bono Argentina de Ahorro para el Desarrollo Energético (BAADE) que –por el momento- no evidencia sus dotes milagrosos. La plata del blanqueo, esperan los K, podría -en forma de Cedines- ser uno de los impulsos. Para ello habrá que reconstruir confianzas, tarea nada sencilla.

Por estos días, el acuerdo con Chevron por Vaca Muerta monopoliza los titulares. Para poner en perspectiva este punto, los US$ 1.240 millones que se comprometió a invertir la petrolera en nuestro país equivalen al monto que destinó Enarsa para importar Gas Natural Licuado (GNL) este año sólo hasta mayo.

No me malinterprete, es un buen comienzo y ojalá vengan más empresas con el know how y las herramientas para explotar los recursos argentinos, bajo la atenta mirada de un Gobierno que sepa controlar esta industria sin ahorcarla.

Pero usted bien distingue la diferencia entre una solución y un parche. Llegó el momento de repensar el sistema de incentivos del mercado energético nacional.

Seamos honestos, mientras un cliente de Palermo Hollywood siga siendo subsidiado, el sistema no será justo.

Para seguir debatiendo éste y otros temas de la economía nacional, no deje de seguirme en Twitter (@IgnacioRos).

Saludos,

Ignacio.

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