Enseñanzas que provienen desde Vancouver

diferencia-entre-invertir-paises-en-desarrollo-desarrolladosUna de las cosas que más disfruto de mi trabajo y mi profesión es la de poder viajar a lugares a los que uno nunca había pensado ir, en busca de aprendizaje y nuevas ideas de inversión. El placer es muy grande, a pesar de que mi esposa -embarazada de seis meses- no vea con demasiado agrado mi ausencia por una semana y deba quedarse a cargo del cuidado a tiempo completo de mi pequeña hija Josefina, próxima a cumplir dos años.

Pese a esta vicisitud, arribé el lunes pasado a la ciudad de Vancouver, tras un periplo que duró algo así como 21 horas, contando mi conexión en el aeropuerto de Dallas, Estados Unidos. Para cuando usted esté leyendo estas líneas, yo ya estaré arriba del avión emprendiendo el retorno.

El motivo de la “travesía” era asistir a uno de los mayores eventos de inversiones en el mundo, como fue el Simposio Anual organizado por la prestigiosa empresa de publicaciones financieras Agora Financial.

Sin dudas que ha sido una experiencia enriquecedora, desde todo punto de vista, desde lo social, lo cultural, lo educacional y, sí, lo concerniente a las inversiones más atractivas para los próximos años.

Vancouver es una ciudad que sorprende por su cercanía a la perfección. Todo está organizado, planificado y cuidado de manera tal que el ciudadano o el turista no tenga otra alternativa que disfrutar del lugar.

El primer motivo de asombro fue el tiempo consumido en llegar del aeropuerto al hotel donde me alojé, en el “microcentro” de la ciudad. Tan sólo 14 minutos en un tren de última generación, con un confort de excelencia y con estaciones donde cada uno de los pasajeros sacaba su ticket de manera autónoma y los molinetes estaban abiertos de par en par, sin control alguno (de más está decir que nadie atinó a subir al tren sin sacar su respectivo boleto).

La “odisea” continuó cuando descendí del tren y caminé las ocho cuadras hasta donde se ubicaba mi alojamiento. Lo extraño para mí era que en la mayoría de las esquinas no había semáforos, por lo que internamente pensaba que cruzar la calle iba a ser una gran aventura.

Para mi asombro, los autos que circulaban por esa avenida de doble mano comenzaron a frenar voluntariamente al verme parado en la esquina. Sorprendido, agradecí con la mano a los conductores que me dejaban cruzar la calle pensando que se trataba de un gran gesto de amabilidad hacia mi persona al verme cargado con mi valija en la mano y vestido con un blue jean en pleno verano boreal.

Con el paso de los días comprendí que el hecho de que los automovilistas frenaran ante la presencia de los peatones era una de las reglas implícitas vigentes en la ciudad que todos respetaban a rajatabla.

Otro aspecto llamativo es la pulcritud que encontré en las calles del lugar, sin ningún papel u otro objeto tirado en la calle que pudiera quitar parcialmente la belleza del paisaje. Y no sólo eso: en todos los lugares públicos y privados -incluida la habitación del hotel- me percaté de la existencia de dos cestos de basura para separar lo que se recicla de lo que no.

¡Qué lejos estamos de esa situación en Latinoamérica!, pensé. Es verdad que no debo poner a todos en la misma bolsa. Existen diferencias sustanciales entre los países de la región, pero mi opinión se encuentra algo sesgada por mi experiencia de vida en Argentina, más precisamente en Buenos Aires.

¿Será la cultura? ¿Será la educación? ¿Qué será?

ALGUNAS COSAS NO SON TAN “PERFECTAS”

El Simposio Anual de Inversiones organizado por Agora tuvo una duración de cuatro días. Y la primera jornada no pudo ser más embarazosa para quien les habla.

Apenas ingresé al auditorio, tomé asiento al lado de una persona en torno a los sesenta años y me presenté como correspondía. Cuando le dije que venía de Argentina, su respuesta fue:

OK, you are in a new economic turmoil”. Traducido al castellano, esta persona me daba la bienvenida recordándome que Argentina estaba nuevamente en un proceso de “tumulto o desorden económico”.

A mi favor jugó que cuando le quise explicar qué era lo que estaba ocurriendo en mi país, la sesión daba su inicio y salí impune de esa situación incómoda en la que me hallaba.

Sin embargo, eso no fue todo…

Por si hacía falta recordarme de dónde venía, Bill Bonner, fundador de Agora, en su exposición fue contundente al respecto:

…“Hace unos meses estuve en Argentina. Y ustedes saben que en Argentina nadie va a cambiar sus dólares a los bancos, sino que lo hace en el mercado negro. ¿Y cuál es el mercado negro, dónde lo encuentro? Fácil, le preguntas a cualquier peatón y te responderá que puedes cambiar tus dólares por pesos con aquella persona, vestida de camisa negra, que se encuentra a 20 metros del policía allí parado”, dijo.

Mientras que aquel sexagenario que tenía al lado mío me decía: “tú sabes de lo que habla Bill, ¿no?”, el señor Bonner continuaba su exposición haciendo un paralelismo entre la tergiversación de las estadísticas de inflación en Argentina y en Estados Unidos:

“Meses atrás la presidenta de Argentina, Cristina, fue a la Universidad de Georgetown. Cuando un alumno le señaló que la inflación informada oficialmente era de 10% anual, pero que todos sabían que la inflación real era de 25% anual, la mandataria agarró el micrófono y retrucó: …“y vos te creés que en Estados Unidos la inflación es de 2%…”.

Mientras en aquel momento el auditorio estalló de risa, por dentro sentía una vergüenza ajena absoluta.

Más allá de esta situación, muchos fueron los aprendizajes que me traje del evento.

Uno de los más resonantes que me gustaría compartir con ustedes es un concepto concerniente al análisis de estrategias de inversión señalado por Rick Rule, CEO de Sprott Asset Management:

“En general, los buenos lugares, sólo pueden empeorar. Y los malos lugares, sólo pueden mejorar”, sentenció.

Dicha frase esconde un razonamiento muy cierto y replicable para cualquier ámbito.

Si consideramos siempre el largo plazo, por ejemplo, un país como Canadá, que se acerca mucho a la perfección, tiene poco margen para seguir mejorando y mucho espacio para que las cosas comiencen a ir mal por diferentes motivos. En cambio, un país africano, como el Congo (según el propio Rick Rule), está tan mal en la actualidad, que con el paso del tiempo seguramente tenderá a avanzar en vez de retroceder.

Y esto es algo que usted, como inversor, debe tener en cuenta al momento de analizar dónde invierte su dinero.

Siguiendo con el caso canadiense, ¿sabe cuánto ha tenido de performance el principal índice bursátil canadiense en los últimos cinco años? -6,11%.

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La moraleja de lo anterior es que a pesar de que los canadienses tienen una gran calidad de vida que es envidiada para una numerosa cantidad de países del mundo, es evidente que el inversor allí no encontrará las mejores alternativas de inversión.

No estoy diciendo que debe tomar riesgos excesivos con todos sus ahorros, pero quizás la gran caída que tuvieron en el año, tanto los mercados emergentes como algunos commodities, sea una gran oportunidad de largo plazo que amerite “arriesgar”, al menos, una pequeña proporción de su capital.

Un saludo cordial,

Diego.

P.D: Si quiere escuchar más de mis vivencias en Vancouver y recibir algunas recomendaciones de inversión, lo invito a seguirme en Twitter: @diegomb80.

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