Conozca a los dos enemigos de sus inversiones

A la hora de tomar decisiones de inversión, los individuos están condicionados por sus pensamientos y sus emociones. No es lo mismo tomar una decisión después de haber recibido una buena noticia sobre su futuro que hacerlo en un mal día. Sin embargo, y más allá de las fluctuaciones usuales que sufre el humor todos los días, hay ciertos sentimientos que aparecen específicamente cuando se invierte, y si no se controlan, pueden jugarle en contra.

Si usted elige invertir es porque, probablemente, busca poner a trabajar a su dinero, y que éste le de ganancias en un futuro. Por esa razón, busca buenas inversiones que sean acordes a sus ingresos y al riesgo que esté dispuesto soportar.

Como el mundo de las finanzas está en continuo movimiento, el inversor debe estar tomando decisiones muy a menudo. Y si bien usted conoce esta condición de antemano, en el momento de ejecutar sus resoluciones puede que lo sorprendan imperceptibles enemigos. Éstos, son comportamientos que, sin darse cuenta, están comandados por emociones perjudiciales que surgen dentro suyo.

El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Este viejo conocido no sólo condiciona decisiones como las afectivas o las profesionales, sino que también afectará sus decisiones financieras.

El inversor puede experimentar variadas emociones, pero sin dudas, la que más sentirá a lo largo de su vida financiera será el miedo. Ésta es la principal razón por la que se dejan pasar las mejores oportunidades. Muchas veces intentará justificar este miedo como una actitud de prudencia, pero el miedo no tiene nada que ver con ésta, ya que la primera se trata de una emoción y la segunda, todo lo contrario; implica actuar con racionalidad, sin la influencia de las emociones humanas.

El temor lo acompaña desde pequeño, y es por ésto que se va familiarizando cada vez más a sentirlo. Tanto que hay veces que resulta imperceptible o que busca la manera de disfrazarlo. Es el peor enemigo del éxito, pues es lo que impide la acción en circunstancias que precisamente lo que necesita es actuar.

Entonces, ¿cómo puede hacer para controlarlo, y aún sabiendo que lo siente, actuar de todas formas? El temor aparece, en muchas oportunidades, por falta de conocimiento o de información. Por lo tanto, la solución consistirá en estar informado, preparado y confiado. Así, maximizará y confiará en su capacidad de tomar decisiones.

Sin embargo, habiendo controlado el miedo, queda otro sentimiento más por dominar: la codicia. Este afán excesivo por la acumulación de riquezas, es un deseo desordenado y un anhelo fuera de su control. La codicia, uno de los siete pecados capitales, es destructiva ya que aunque se obtenga lo que se desea, quien la siente siempre querrá más, nunca sentirá satisfacción ni felicidad, sin importar lo que pase.  

Si lo que desea es tener éxito en sus inversiones debe evitar experimentar esta tramposa emoción. A la hora de tomar decisiones, el inversor debe sentir quietud. Por el contrario, la codicia lo único que traerá es intranquilidad y constante disconformidad. Si bien siempre es positivo que busque algo mejor para usted, la codicia lo dejará ciego.

Cuando se desata, este sentimiento es tan poderoso que puede llegar a arruinar un plan bien diseñado. Perjudicando así, su capital y su salud financiera.  La codicia distorsiona la realidad y puede hacerle tomar decisiones de compra o venta sin un correcto análisis.

Deberá aprender a controlar sus ansias y deseos de grandeza porque no lo llevarán a buen puerto. Para lograr el éxito de sus inversiones tendrá que manejar sus emociones y  guiarse solamente por el análisis racional que usted sea capaz de realizar.

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