Finanzas personales: ¿educación o asesoramiento?

No es novedad que el mundo de las finanzas personales está al alcance de todos. Desde que decidimos formar parte de un banco o utilizar tarjetas de crédito, vivimos tomando decisiones que afectarán nuestro patrimonio. Entonces, es necesario preguntarse si al momento de realizar una elección es mejor la sugerencia ajena o la maña propia.

Hay algo que es seguro: nadie quiere perder su dinero. El apego a este valioso capital no es meramente una cuestión altruista, sino que éste sienta sus bases en lo que usted  puede conseguir a cambio de él. La valoración de este bien casi nunca proviene de cuestiones materialistas, otros intereses más profundos como la educación o salud de sus seres queridos y familiares, son los que la promueven.

Si bien a la mayoría de las personas les interesa el dinero, como en todo, siempre termina habiendo una parte a la que le atrae más el tema que a otra. Sin embargo, por el simple hecho de vivir en sociedad e interactuar en ella es necesario que todos tengamos ciertos conocimientos básicos.

Tampoco tiene sentido pretender que todos sean expertos financieros, aunque sí es interesante la idea de una cierta educación financiera desde la niñez que vaya inculcándoles a los chicos ideas básicas de los hechos financieros. Respaldar esta pequeña introducción con una economía de hogar responsable que les muestre desde pequeños cómo administrar sus recursos impactará positivamente en su futuro.

La educación financiera nos puede dotar de capacidades realmente útiles a la hora de invertir pero, con esto no se puede pretender que nunca se cometan errores. El mercado financiero muchas veces resulta ser imprevisible y está lleno de sorpresas, por eso será beneficioso estar consciente de por qué se cometió el error y así tratar de no volver a caer en él.

El asesoramiento financiero y la educación financiera no se contraponen. Son dos herramientas diferentes que utilizadas en conjunto pueden llegar a traer muchas satisfacciones. Por un lado, el asesoramiento financiero está relacionado con la parte técnica del asunto, y la educación, en cambio, con el costado emotivo.

El valor del dinero y el sentido del ahorro serán cuestiones trabajadas por la educación financiera; y temáticas como activos, bonos, y fondos de inversión serán competencia -sólo si hay completo desconocimiento- del asesoramiento de un especialista. Igualmente, siempre se podrá aprender de estas temáticas si hay voluntad e interés por parte del inversor; existen cursos, libros y páginas de Internet dedicadas exclusivamente a las finanzas personales.

Una situación que se ve muy a menudo es que a la hora de tomar decisiones complejas sobre el dinero, como decidir en qué se va a invertir, la mayoría de las personas no tiene los conocimientos ni la experiencia necesaria para saber qué opción es la que mejor le conviene. En esos casos es conveniente que antes de realizar cualquier tipo de inversión que afecte su patrimonio, se capacite.

Es positivo lograr conocerse como inversor y saber cuáles son sus factores emocionales relacionados con la mayor o menor tolerancia al riesgo. Por ejemplo, una persona nerviosa o que recién empieza a invertir necesitará una inversión que le de seguridad y tranquilidad con un menor rendimiento; y así irá dependiendo de cada caso en particular.

La educación financiera servirá para que los individuos se conozcan en relación a su dinero y para que sean capaces de enfocar su proceso de inversión de una manera lógica y menos condicionada por sus emociones. El asesoramiento financiero que le de otro, será útil para aquellos individuos a los que no les interese adentrarse en las finanzas. Pero si usted, como posible inversor, siente que debería hacerlo, hágalo. Nadie lo entenderá mejor que usted mismo.

Lo que bien parecía en principio una disyuntiva, se trata al final de cuentas, de una complementariedad de dos herramientas. Por un lado, es necesaria una educación financiera en todas las etapas de nuestras vidas y por el otro, también es muy útil contar con asesoramiento profesional en aquellos casos que nos exceden.

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