¿Podríamos liberarnos de la deuda en siete años?

La fed, reserva federal de estados unidos¿Cómo estaban las cosas al cierre de la semana anterior a la que acaba de pasar? El Dow estaba a la baja 105 puntos el 14 de junio. El oro subía US$ 9.

Nada digno de comentario, en otras palabras.

Pero los que piensan que el mundo se está calentando deben visitar Edimburgo. Es una ciudad hecha de piedra. Piedra amarilla, piedra marrón y casi piedra negra. Casi que todos los edificios son hechos de piedra. Y toda la ciudad se sienta en una roca.

El visitante de mente lítica seguro que está encantado. Puede admirar todas las piedras que quiera.

Pero los entusiastas del calentamiento global habrían quedado decepcionados después de ese fin de semana. Incluso las piedras se estremecieron. A mediados de junio, los días son tan largos como una noche ártica, e igual de fríos.

Sí, el viento helado azotó a lo largo de la Royal Mile y siguió su camino por muchos kilómetros más. La lluvia caía en ángulo. Los turistas se agachaban para intentar avanzar. Envueltos en suéteres, bufandas, con sombreros y abrigos, se apiñaban en el castillo y las tiendas de té.

Los pobres norteamericanos no sabían qué les había golpeado la cabeza. Con sus pantalones cortos y camisetas, debieron haberse preguntado si no habían pasado por un extraño túnel del tiempo. No estaban seis horas adelantados con respecto a la hora de allá, estaban seis meses adelantados. Se sentía como un sombrío diciembre y no un dulce verano.

“Por supuesto, la gran preocupación que tiene todo el mundo ahora es cómo vamos a salir de esto”, dijo Gillian Tett.

Nos encontramos arriba del escenario con Gillian, redactora del Financial Times. Ella no estaba hablando de irse de Edimburgo para huir de las inclemencias del tiempo. Ella se refería a la flexibilización cuantitativa (Quantitative Easing) y a la política de tipos de interés cero (Zero Interest Rate Policy), las políticas de dinero fácil de la Reserva Federal (Fed), que en la actualidad aumentan la base monetaria de Estados Unidos cerca de 100 veces más rápido que el crecimiento de la economía.

La ocasión por la que nos encontramos fue el Almuerzo Anual Financiero organizado por el Prince’s Trust in Edinburgh. El Comité del fideicomiso nos pidió a Gillian -y a este redactor- que habláramos.

Usted ya sabe lo que este redactor dijo. Él señaló que las políticas monetarias de los bancos centrales se habían convertido en una especie de Dispositivo del Día del Juicio Final. Mantenga pulsado el botón demasiado tiempo y es casi imposible detenerlo. Porque cuanto más tiempo dure la Fed en entregar crédito y dinero en efectivo, más tiempo dura la economía alineada para tomar ventaja de ello. Conforme pasa el tiempo, más y más gente quiere que el programa continúe, y cada vez menos personas podrán sobrevivir si no lo hace.

Algunos dependen de ZIRP para reinvertir sus deudas.

Algunos cuentan con las bajas tasas hipotecarias para poder construir, vender o comprar viviendas.

Algunos dependen de la Fed para financiar los déficits públicos y mantener al flujo de dinero dirigiéndose a la creciente clase zombi, incluyendo a los bancos, a Wall Street, a las personas con discapacidad, a los beneficiarios de cupones de alimentos, a los contratistas militares, a los jubilados, a los vagos, y a los maquinadores de todo tipo.

Casi nadie quiere cerrar el grifo.

Gillian tenía una perspectiva más moderada.

“Me reuní con Alan Greenspan y Paul Volcker en Washington la semana pasada”, comenzó diciendo.

Debe haber sido interesante, pensé. Un verdadero contraste. Un hombre honesto y un idiota llorón, juntos en la misma habitación.

      El problema real en la mente de todos es el mismo. ¿Cómo se puede volver a la normalidad? Los niveles de deuda tendrán que bajar. Eso tendrá que pasar algún día. Pero, ¿cómo?

      La buena noticia es que puede ocurrir sin causar una gran calamidad. Ya se hizo una vez, después de la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, los niveles promedio de deuda con respecto al PBI soberano fueron casi el 100%.

      Lo que sucedió en ese momento fue también una forma de represión, pero apenas se notó. Las tasas de inflación aumentaron mientras que los rendimientos de los bonos se mantuvieron bajos y la economía creció.

      Esto tuvo el efecto de reducir el valor real de la deuda sin desencadenar un cierre económico. Éste no era el objetivo intencional o expreso de los banqueros centrales de ese entonces. Pero el resultado fue que gran parte de la deuda de la guerra se infló de inmediato. Los niveles de deuda pasaron a sus niveles normales después de unos pocos años. Y entonces, las tasas de interés pudieron subir.


Qué tal eso, pensé. La Fed tuvo éxito por accidente. Probablemente la única forma en la que siempre es exitoso. Gillian continuó…

      Los cálculos que he visto sugieren que lo mismo podría suceder ahora. Pero se necesitarán al menos unos siete años para lograr este tipo de “aterrizaje suave”.

      El problema es que el aterrizaje de un avión durante un período de siete años es una cosa muy difícil de hacer. Hay dos campañas electorales presidenciales en ese período. Es difícil imaginar que la economía, los mercados, la Reserva Federal y el Gobierno federal sean capaces de mantenerse encaminados en la dirección correcta en ese lapso de tiempo. Sería bueno pensar que este aterrizaje suave pudiera suceder. Pero yo no creo que sea muy realista.


Gillian no lo mencionó, pero el “aterrizaje suave” que ella describió sólo podría suceder si el piloto estuviera dispuesto y fuera capaz de hacerlo. De hecho, Ben Bernanke y su equipo no tienen ninguna de las dos habilidades. Como señalamos en nuestra charla, la última vez que la Fed logró voluntariamente un aterrizaje de cualquier tipo fue cuando Paul Volcker estaba frente a los controles. Y Volcker fue un presidente de la Fed excepcionalmente seguro y valiente. Y Ronald Reagan lo defendía. La economía entró en la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Tan grande fue el dolor y el furor contra Volcker que fue quemado en efigie en Washington.

Bernanke, si tuviera el cerebro y los cojones para llevar a cabo una maniobra “a lo Volcker”, probablemente lo quemarían en Nueva York.

(En Edimburgo tampoco entendieron la broma).

Pero todo es posible. Y, como hemos señalado antes, el Sr. Mercado es un tipo excepcionalmente imprevisible. Justo cuando cree que lo tiene descifrado, él se esconde detrás de usted y hace algo totalmente inesperado.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

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