Mientras Cristina se cansa, Argentina se desploma

argentina se desplomaFederico Tessore

Reportando desde Miami, Estados Unidos

Escribir un libro es uno de los desafíos más exigentes que alguna vez enfrenté. El grado de autodisciplina que uno necesita para hacerlo, y al mismo tiempo seguir manejando una empresa -o seguir siendo parte de una familia- es extremadamente alto. Es que los seres humanos, me parece, estamos hechos para interactuar, para hablar, para compartir puntos de vista, implementar. Y escribir un libro es justamente lo contrario. Implica sentarse en una silla durante varias horas, rodeado de papeles, pensar mucho y luego escribir. Uno no interactúa ni habla con nadie. Se convierte en un ermitaño.

Comencé con esta aventura el pasado enero y hoy, casi llegando a mitad de año, el libro está casi terminado. Faltan los últimos capítulos para que sea una realidad, además del proceso de corrección y revisión que parece una actividad interminable para que este sacrificio llegue a un final.

Me pregunto cómo será mi vida luego del libro… y sólo imagino cosas buenas.

Pero mientras lo escribo, los acontecimientos se siguen precipitando en la Argentina a una velocidad asombrosa. Al mismo tiempo que nuestra presidenta Cristina Kirchner declara que “estoy cansada que me tomen como idiota”, y muchos argentinos pensamos lo mismo, se conoce una de las peores noticias que un país puede enfrentar: Argentina quedó en el penúltimo puesto del ranking de naciones más competitivas que calcula todos los años el Institute for Management Development (IMD), el prestigioso centro de estudios suizo.

¿Por qué es tan grave tener una de las economías menos competitivas del mundo? Bueno, porque la competitividad es lo que le permite a las empresas crecer y crear empleo. Si una economía no es competitiva, su habilidad para crear oportunidades laborales atractivas y bien remuneradas es cada vez menor. Y hoy nuestro país, según este ranking, sólo supera a Venezuela por su habilidad de generar crecimiento. Esto quiere decir que algunas variables que nos interesan a todos, como por ejemplo la pobreza y el desempleo, no van a poder bajar, sino mucho peor, tienen todo dado para subir. 

Esta noticia apareció en algunos pocos diarios locales, en lugares nada destacados. Tengo la percepción de que los argentinos en general, especialmente los políticos, subestimamos la importancia de variables como ésta. Estoy seguro de que si pudiéramos conocer el tiempo que los funcionarios públicos dedican a cada tarea, nos encontraríamos con que utilizan el 0% de su tiempo para lograr que la Argentina sea más competitiva. Tal vez dediquen el 70% para pensar cómo seguir teniendo más poder… y el 30% restante a pensar cómo gastar el dinero que nosotros generamos, no ellos. Pero realizar acciones para aumentar la competitividad, como por ejemplo promover la innovación o el aumento de la productividad, seguramente no esté dentro de la agenda.

Sí, ya sé. Muchos me dirán que el Estado está abocado a distribuir planes sociales por todo el país, a controlar precios, a controlar a las empresas deshonestas, a poner reglas y regulaciones; el Estado necesita influenciar en la economía para que funcione. El problema es que todas estas actividades no generan riqueza, sólo la distribuyen de una forma diferente. Y más grave aún, todas ellas crean los incentivos para que cada vez se produzca menos en un país. Y así, el sector privado -repito, el único que genera riqueza en un país- tiene un escenario cada vez más difícil para funcionar y desarrollarse. 

Este tema fue uno de los que más me interesó tratar en el libro. Uno de los capítulos, el 5, trata de dar una mirada de cómo funciona el mundo. Entender cómo funciona el sistema capitalista y cómo países como la Argentina podrían aprovechar este sistema económico muy fácilmente. Además, cómo cualquier inversor individual de nuestro país podría generar mucho dinero entendiendo estas relaciones y este sistema que domina nuestro mundo desde hace ya varios siglos. A continuación, comparto con usted un extracto de este capítulo, donde tocamos el tema de la productividad y la innovación, dos de los factores más importantes para que un país o una empresa puedan generar crecimiento y prosperidad: 

      La herramienta secreta: La Productividad

      La productividad es una unidad de medida que relaciona el producto obtenido con la cantidad de recursos que destinamos para lograr esa producción. Por ejemplo, supongamos que usted es un abogado que se dedica a hacer contratos. Y supongamos que para hacer un contrato determinado, usted necesita 5 horas de su tiempo. Pero para hacer el mismo contrato un colega suyo sólo necesita la mitad del tiempo, 2,5 horas de trabajo. En este caso decimos que la productividad de su colega es el doble de la suya.

      Si usted quiere progresar y ganar más dinero, tendrá que dedicarle tiempo y esfuerzo a entender cómo hace su colega para superarlo tan ampliamente. Tal vez él use una computadora y usted una máquina de escribir. Tal vez él guarde en un archivo personal modelos de todo tipo de contratos que luego le faciliten la tarea. O tal vez, simplemente sea más inteligente y rápido que usted. Pero si usted quiere ganar más dinero siendo abogado, no le queda otra que romperse la cabeza para intentar ser más productivo y hacer contratos en forma tan veloz como su colega. Usted tiene que aumentar su productividad.

      Lo mismo pasa con los países. Aquéllos que quieran generar más ingresos tendrán que buscar la forma de ser cada vez más productivos, es decir, tendrán que encontrar la forma de producir cada vez más con menos recursos.

      La productividad en la actualidad es un proceso que no conoce límites. La tecnología provoca esto, ya que tiene el poder de cambiarlo todo, todo el tiempo. Una nueva máquina aparece o una nueva técnica se crea y lo que en el pasado tomaba mucho trabajo, mágicamente se convierte en una actividad muy simple. Piense en la intensa jornada laboral de baja productividad de un trabajador sin computadora en una oficina, y en la jornada breve y productiva del mismo trabajador pero con una computadora en su oficina, conectada a Internet.

      La productividad es lo que sostiene a la economía capitalista: Producir más con menos recursos. Paul Krugman, el prestigioso y mediático economista norteamericano tiene una frase muy ilustrativa acerca de la importancia de la productividad en esta era capitalista:“La productividad no es todo, pero es casi todo”. Pero la productividad se apoya en otro concepto que es fundamental que entendamos muy bien: la innovación.

      La innovación: la clave del crecimiento

      Para terminar de entender la importancia de la productividad en el proceso de crecimiento de una economía o una empresa, el análisis realizado por el premio Nobel en Economía, Robert Solow, del Massachusetts Institute of Technology (MIT) es muy útil. El economista desarrolló un marco de referencia contable para medir los principales factores que explican el crecimiento económico. Su punto de partida es la función de producción que se usa a la hora de estudiar la economía. Esta ecuación está compuesta por tres variables: capital, trabajo y tecnología. La misma dice que el producto (Q), es función del capital (K), del insumo laboral (L) y del estado de la tecnología (T). Es decir, de la combinación de esa
s tres variables surge el producto total de un país. La ecuación es la siguiente:

      Q = K, L, T                        

      Solow fue el primero en utilizar este marco de referencia de la función de producción para medir las fuentes de crecimiento en Estados Unidos. Usando la ecuación, aplicó este marco teórico al período de 40 años entre 1909 y 1949. El punto de partida consistió en obtener las series del producto neto bruto (PNB) por hora-hombre, del capital por hora-hombre y de la participación del capital en el ingreso para todo el período. De aquí, calculó las tasas de crecimiento de las primeras dos variables y obtuvo la tasa de progreso tecnológico como residuo.

      Los resultados del experimento de Solow fueron de profundo interés.Entre 1909 y 1949, el producto por hora hombre se había duplicado en Estados Unidos. Lo más sorprendente eran las fuentes de este crecimiento. Sólo el 12% podía explicarse por la expansión del  capital por trabajador, en tanto que el 88% restante debía atribuirse al residuo, en este caso, el progreso tecnológico. Otros estudios también sustentaron este descubrimiento. El economista norteamericano Edward Fulton Denison analizó el crecimiento de Estados Unidos, pero durante el período 1929-1982 y llegó a la misma conclusión. Pero en su estudio, el progreso tecnológico explicaba el 75% del crecimiento. 

      Ambos estudios ratifican que la innovación, entendida como un progreso tecnológico, es la principal causa del crecimiento constante del mundo desarrollado. Por lo tanto, podemos llegar a la conclusión de que la innovación es la clave de la economía capitalista. El trabajo y el capital, si bien son importantes para el crecimiento, no son tan relevantes como el proceso de innovación, que mediante un progreso tecnológico logra aumentar la productividad. Por eso, los países desarrollados invierten tanto dinero en investigación tecnológica, en ciencias, en nuevos descubrimientos. Allí está la clave del crecimiento.

      Esto no sólo brinda un poderoso mensaje a los países que quieran crecer, sino también a los inversores individuales. La innovación también es la clave del inversor. Si desarrollamos la habilidad para detectar aquellas empresas y aquellos países que son líderes en este proceso de innovación global, estaremos por delante de la mayoría de los inversores. Y gracias a esto podremos aprovechar los enormes beneficios económicos que alcanzan estos países y empresas. Las compañías que sean innovadoras podrán aumentar sus ganancias año tras año. Y los países que estén compuestos por empresas y ciudadanos innovadores y productivos podrán crecer por décadas y en forma sostenida. Usted como inversor querrá invertir sus ahorros en estas empresas y en estos países.


Éste es sólo un extracto del capítulo 5 del libro que le comenté, donde hablamos de crecimiento, de productividad, de innovación. Luego, analizamos casos concretos de empresas y países que cambiaron al mundo, aplicando estas simples recetas. Por ejemplo Microsoft, la empresa que revolucionó el sector de la computación y convirtió a su creador, Bill Gates, en uno de los hombres más ricos del planeta. O el caso de China, que después de casi cinco siglos de estancamiento, disparó un período de crecimiento económico como nunca antes se había visto. 

Estas empresas y países destinaron un poco menos de tiempo a la lucha de poder, un poco menos de tiempo a las novelas de celos y despecho, y mucho más tiempo a crear ámbitos donde tomar riesgos y avanzar sean actividades que valgan la pena. ¿Podremos hacer esto alguna vez en la Argentina? Bueno, va a ser un desafío mucho más aburrido que ver a nuestra Presidenta “basurear” a un gobernador en vivo y en directo, pero no tenga duda de que será un desafío mucho más productivo. ¿Quién dijo que lo más divertido es siempre lo mejor?

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore
Para InversorGlobal Argentina

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