El verdadero significado de la palabra ahorro

libertad financieraNo lo digo únicamente yo, ya lo dicen todos.

 

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El Mercurio

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Tal como lo escribí el pasado martes, al parecer se acabó la fiesta. 

Es como si los medios locales se hubieran puesto de acuerdo en la pauta matutina del pasado jueves. O que, visto de otro modo, el suceso es tan importante que nadie lo podía dejar pasar sin entregar su propio enfoque. 

Siguiendo el “dato duro”, la noticia es que, ya con números en la mano, la economía chilena está mostrando claras señales de desaceleración. 

Esto, a raíz de la publicación del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), elaborado por el Banco Central, y que en su última entrega nos mostró que, durante abril la economía chilena creció sólo un 4,4%, el rango más bajo de lo esperado por el mercado, cuya proyección fluctuaba entre 5,4% y el número finalmente calculado por los técnicos del banco. 

De esta manera, se tiene que en los primeros cuatro meses de este 2013, la actividad económica acumula un crecimiento de 4,2%. Si bien la cifra no es para nada peligrosamente baja, sí es el menor número registrado desde 2010, cuando la actividad se expandió sólo un 3% entre enero y abril de ese año, en una economía aún afectada por la recesión global del año anterior. 

A la hora de analizar las razones de esta desaceleración, veamos algunas fuentes del mercado citadas por el diario La Tercera:

      Nicolás Birkner, de CorpResearch, indicó que “el dato de abril viene a entregar mayor evidencia respecto del proceso de desaceleración, motivado más bien por el lado de la producción, mientras que los sectores relacionados con la demanda interna siguen evidenciando dinamismo”.

      En este mismo sentido, Felipe Alarcón, de Bci Estudios, sostuvo que el “consumo sigue fuerte, debido a que el empleo y las remuneraciones siguen creciendo, lo que es una señal de mayor ingreso de las personas”.


Nuevamente, no quiero parecer agorero, pero ya habíamos tocado estos temas el pasado martes, cuando resaltamos los riesgos de una economía que se recuesta demasiado en el carro del consumo. 

En ese sentido, aunque no sea cosa de ir pensando en vacas flacas, sí sería prudente tener en mente un cierto recato a la hora de mirar el futuro. 

Es por esto que me gustaría compartir el contenido de un newsletter del que, por más que haya sido acusado de “ñoño” por amigos y colegas, soy fiel lector. Se trata de El Castellano, que cada día me entrega, en mi casilla de correo, la etimología de una palabra de nuestro idioma. 

Y este jueves los planetas se alinearon, ya que mientras leía sobre la desaceleración económica en Chile, la palabra escogida fue “ahorro”. 

Comparto algunos extractos:

      Ahorrar 

      Palabra castellana equivalente al francés épargner, al italiano sparagnare, al inglés tosave, al catalán estalviar, al alemán sparen y al portugués poupar. 

      Proviene del árabe hurr ‘libre’ (por contraste con esclavo). En el siglo XVII, ahorrar todavía significaba ‘poner en libertad a un esclavo’, aunque ya en el siglo XIII tenía el sentido de ‘liberar de una carga o de un esfuerzo’. Sin embargo, en el Lazarillo de Tormes aparece con ese sentido y también con el de ‘hacer economías’. Veamos aquí un ejemplo del primer caso: 

      Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de mí, quise yo ahorrar dél; mas no lo hice tan presto por hacello más a mi salvo y provecho.

      Y aquí otro, en la misma obra, con la denotación ‘economizar’:

      Fueme tan bien en el oficio que al cabo de cuatro años que lo usé, con poner en la ganancia buen recaudo, ahorré para me vestir muy honradamente de la ropa vieja, de la cual compré un jubón de fustán viejo y un sayo raído de manga tranzada y puerta, y una capa que había sido frisada, y una espada de las viejas primeras de Cuéllar.

      La palabra tiene el mismo origen que en portugués alforria ‘liberación de un esclavo’, que también se repite con el mismo sentido en gallego y en asturiano (aforrar). Cabe precisar que las voces francesa, italiana y alemana arriba mencionadas provienen del germánico sparanjan ‘ahorrar’ (en el sentido de ‘librarse de un esfuerzo’).

Es interesante la relación entre el ahorro y la libertad. Si al comienzo ahorrar significaba poner en libertad a un esclavo, hoy podríamos decir que es algo más parecido a “ponerse en libertad a uno mismo”.

Esto, porque el ahorro no se trata sólo de juntar dinero y meterlo debajo del colchón, como hacían nuestros abuelos, sino de ser capaces de utilizar ese capital como medio para hacer las cosas que más nos gusten. La bisabuela de una amiga juntó dinero durante muchos años y nadie se enteró hasta que ella murió: dentro de su colchón encontraron una pequeña fortuna en billetes que ya habían sido retirados del mercado hace décadas. ¿Le sirvió esto de algo?

Ya lo decía Bill Hicks: “No es la libertad, es el dinero. Siempre te dicen ‘eres libre de hacer lo que quieras’, pero trata de irte de viaje con los bolsillos vacíos a ver cómo te va”. 

¿Entonces, de dónde proviene esa libertad? Sí: del ahorro. 

Y, nuevamente, no se trata de meter la plata debajo del colchón. O de dejarla en la cuenta “de ahorro” de un banco, nuestros colchones virtuales. Con las posibilidades que nos ofrece hoy la tecnología, de poder entrar al que antes era el exclusivo club de los mercados y las inversiones financieras, el ahorro ha cambiado.

Hoy, con dedicación es posible lograr que esa plata que -por la inflación- incluso perdía valor debajo del colchón, vaya creciendo poco a poco. 

En ese sentido, la revista Inversor Global apuesta a plantearse como una guía para transitar ese camino.

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UN COMENTARIO ADICIONAL…

Nuevamente al avión, y nuevamente en LAN. 

El jueves el IPSA, en una jornada muy volátil, fue arrastrado a la baja por una fuerte caída en las acciones de la compañía. Veamos qué publicó Pulso ese día:

      La Bolsa de Santiago cerró a la baja el jueves tras una volátil sesión, arrastrada principalmente por ventas por parte de inversores extranjeros de títulos de la aerolínea Latam, los de mayor peso en la plaza.

      El Ipsa cedió un 0,57% y ter

minó en 4.168,84 puntos, mientras que el indicador general Igpa cayó un 0,41%, a 20.582,86 unidades.

      “La responsable de la caída del Ipsa fue Latam, salió mucha venta en Estados Unidos tras algunos días al alza (…), creo que es la típica volatilidad antes de un aumento de capital”, explicó un operador.

      Las acciones de la aerolínea cayeron un 3,2%, a $ 9.178,10. La compañía propondrá en una junta de accionistas el 11 de junio elevar el capital en US$ 1.000 millones para fortalecer sus finanzas, en un paso más para recuperar el grado de inversión.


Como le conté hace unas semanas en la columna Si una empresa lo trata mal, compre sus acciones, muchos de los costos de la fusión con la brasileña TAM están siendo “pagados” por los usuarios a través de la baja en la calidad del servicio. 

Y esto me volvió a suceder la semana pasada. Mi vuelo Buenos Aires-Santiago salió con casi tres horas de retraso debido, según me explicaron, a que habían cambiado de avión por uno más grande. “Raro”, pensé. Por qué harían esto y, sobre todo, por qué reparar en el detalle del tamaño del nuevo avión.  

Cuando me subí me di cuenta. Efectivamente era más grande y estaba lleno. ¿La conclusión lógica? Mi vuelo había sido sobrevendido y, básicamente, no cabíamos todos en el avión original. Entonces, para evitar reclamos y cargos por compensaciones, buscaron otro donde entráramos todos. Como en las políticas de la compra de los pasajes los atrasos están contemplados y no implican desembolsos para la compañía, les salía más barato traer otro avión y meternos a todos. 

El vuelo fue más largo, porque a esa hora la ruta aérea estaba ocupada, y nos fuimos a dar una vuelta a Curicó para entrar por el sur. Y al llegar, no había mangas disponibles, por lo que hubo que seguir esperando.

La cosa es así: tenemos un vuelo para las 8:00 con capacidad para, digamos, 200 pasajeros. Como vemos que tenemos mayor demanda, seguimos vendiendo pasajes para ese vuelo, luego traemos un avión más grande y listo. 

¿El atraso y la espera? Mala suerte. 

Entonces, insisto, es una política de “no perder” para la compañía. Y la baja de las acciones esta semana no son otra cosa que una oportunidad de entrada. 

Saludos, 

Felipe.

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