Año eleccionario: ¿Oportunidad de compra?

inversiones en epoca de eleccionesGuillermina Simonetta

Cuando se acercan las elecciones es común observar la puesta en marcha de medidas de política económica que permiten conseguir el mayor número de votos para el partido gobernante, tanto en Argentina como en el resto del mundo, ya sea que se trate de elecciones legislativas o generales. En este sentido, la política económica queda influenciada por el ciclo político. Las herramientas de política económica se engloban en tres grupos: política monetaria (a través de la tasa de interés y de la cantidad de dinero), cambiaria  (a través del tipo de cambio frente a otras divisas) y fiscal (a través del gasto y de los ingresos públicos).

En años electorales –como éste- se suelen aplicar o profundizar políticas expansivas, aumento del gasto, disminución de impuestos, ampliación de subsidios, mientras que suelen postergarse las decisiones de ajuste para purgar desequilibrios macroeconómicos a periodos postelectorales, de forma tal que las contracciones que generan las medidas no tengan un impacto en las urnas.

Es de esperarse que los meses previos a un periodo eleccionario sean acompañados de medidas de estímulo a través del manejo fiscal, porque su impacto suele ser más rápido y directo que las medidas de política monetaria, tanto en lo que se refiere al incremento del gasto público en infraestructura y obras, como de mayores estímulos para consumidores, con bajas de impuestos o incrementos salariales, de jubilaciones y ayudas sociales. La aplicación de medidas de esa índole redundaría en un incremento del ingreso disponible de las personas y posiblemente en un mayor nivel de consumo. Si se combinara mayor inversión pública con mayor consumo, las empresas que proveen bienes y servicios vinculados con los sectores beneficiados podrían verse favorecidas.

En este año electoral ultra-politizado, la política económica está rodeada de inconvenientes de distinta índole: el nivel de actividad transita el séptimo trimestre de estancamiento, la inflación sigue oscilando entre 20-25% anual y se ha combinado en estos últimos meses con una política de control de precios, más el control de cambios instalado desde hace más de un año pero con paritarias no tan controladas. Los problemas de competitividad afectan cada vez a más sectores exportadores mientras que se acota la competencia por las restricciones latentes a importaciones.

El fisco está desbalanceado y con un alto financiamiento a través del Banco Central. En paralelo, las provincias también están en rojo y algunas han atravesado períodos críticos que amenazan con volver a repetirse. El sector agropecuario ya no alcanza para inyectar suficientes dólares en la economía y, la brecha cambiaria entre dólar oficial y paralelo, -ampliada tras el cepo cambiario- ha tensado aún más la situación entre el sector y el Gobierno, justo en un periodo donde los precios internacionales han mermado en forma significativa incluso para la soja. Este resumen de variables nos deja en una situación muy diferente de los periodos eleccionarios previos.

El tamaño del Estado ha aumentado de manera notable en los últimos años. El gasto primario consolidado de Nación y provincias promedió 25% del PBI entre 1993 y 2000, pero en 2012 pasó a representar un estimado de 42% del Producto.  Al fisgonear en ese gasto, vemos que uno de los renglones que ha empujado su aumento ha sido la inversión pública.

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