Estafadores estadounidenses

reserva federal de estados unidosEl miércoles de la semana pasada salimos a cenar en Salta. Éramos seis personas, en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Pedimos dos botellas de Cabernet Sauvignon de Laborum. Pedimos carne, postre y café. La cuenta llegó a un total de $ 1.058.

¿Era mucho o poco?

Depende. Si hubiera cambiado su dinero a la tasa oficial, la comida hubiera costado alrededor de US$ 200. Muy razonable.

Pero si usted hubiera cambiado su dinero a la tasa del mercado negro, la cena habría sido aún más razonable, apenas un poco más de US$ 100.

Un viaje en Buenos Aires en taxi, desde el aeropuerto hasta casa, costó $ 50. Una vez más, a la tasa oficial, habría sido US$ 9. Al precio del blue, o el tipo de cambio del mercado libre, el viaje hubiera costado sólo US$ 5.

El comprador alerta puede ahorrar mucho dinero. Al torpe lo estafan.

Todos los Gobiernos se dedican al robo y el fraude, usando su poder para transferir riqueza de personas ajenas a quienes están dentro del círculo. Pero el Gobierno inteligente lo hace por medio del engaño, mientras que el torpe lo hace sin ninguna pretensión o excusa.

En Estados Unidos, por ejemplo, los funcionarios del Estado niegan a los ahorradores cualquier retorno financiero por parte de sus economías bajo el pretexto del “estímulo económico”. Los asalariados no reciben nada, mientras que los banqueros, los especuladores y los estafadores zombis son recompensados ​​con financiamiento de muy bajo costo, ganancias de capital, rescates y regalos. 

La escala de esta transferencia de riqueza es la mayor en toda la historia. Billones de dólares están cambiando de manos, pero un votante entre 1.000 no entiende lo que le está sucediendo. 

Mire el gráfico a continuación. “¿Tiene curiosidad de saber a dónde va el siempre esquivo ‘efecto riqueza’? Porsche reportó el mejor mes de ventas en la historia, con un incremento de 29%”.

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El estadounidense promedio no está comprando un Porsche, sino que, relativamente, está cada vez más pobre. Pero su cerebro se ha vuelto blando, se ha achicado por las noticias que pasan por la televisión, por las elecciones y los comentarios sin sentido. Esa persona realmente le cree a Hilary Clinton cuando dice: “el Gobierno somos todos nosotros”. Él piensa que la Reserva Federal realmente está trayendo consigo una “recuperación” y se imagina que una economía puede hacerse más rica cuando se imprime más dinero y se lo da a otras personas.

Aquí, en la pampa, en cambio, los argentinos saben mejor de esto. Sus cerebros se han agudizado por la adversidad y se han ampliado por la necesidad.

“Cada día es una lucha para llevarle el paso”, dice un amigo de Salta que dirige una pequeña empresa. “Usted tiene que averiguar cuánto vale el peso, y tiene que decidir si va a hacer un negocio en pesos o en dólares. Y si lo hace en pesos, tiene que encontrar la manera de cambiar dólares por pesos o viceversa”.

Esta semana, cayó a casi diez unidades de peso por dólar. Oficialmente, la tasa es de sólo $ 5,2 por dólar. Hay una gran diferencia.

Tuvimos que comprar una nueva empacadora de heno. El precio se cotiza en dólares, alrededor de US$ 50.000. Si usted paga en pesos, a la tasa oficial, llegaría a $ 250 mil. Pero espere: si usted tiene dólares y puede cambiar su dinero en el mercado negro, se ahorrará US$ 25,000.

“El problema es que el Gobierno está vigilando”, dice nuestro informante. “Ellos quieren saber de dónde sacó los $ 250 mil. Puede ser muy desagradable si no tiene su documentación en orden”.

“Sin embargo, hay maneras.”

Los argentinos saben que están siendo estafados por el Estado y encuentran maneras de protegerse.

“Hay facturas, y hay facturas. Usted puede obtener una factura a la tasa oficial o una a la tasa no oficial. O una factura que no está a ninguna tasa. A, B o C. El Gobierno amaña el sistema para engañarnos, nosotros lo amañamos también. Sólo hay que asegurarse de tener la factura correcta para la operación correcta. Al final del año, la gente compra y vende facturas”.

“Compré un camión nuevo recientemente. Sin embargo, hice un trato con el distribuidor. Él me entregó un camión nuevo, pero luego esperó ocho meses para imprimir la factura. Para ese entonces, él lo pudo considerar como un camión usado, y redujo el precio facturado a la mitad. Parecía como si estuviera pagando el precio completo por un camión usado y en la realidad estaba pagando el precio completo de un camión nuevo, pero con el tipo de cambio no oficial”.

“Todo el mundo tiene un par de trucos. Necesita tenerlos. De lo contrario, es un bobo”.

Los argentinos saben que no pueden confiar en su dinero o en su Gobierno. En comparación, los estadounidenses son unos bobos. Ellos no saben en quién confiar.

Pero vamos a hacer una predicción: los estadounidenses serán mucho menos tontos, y mucho menos ricos, cuando finalmente se den cuenta de lo que los funcionarios del Gobierno les están haciendo.

BUFFETT ESTÁ ASUSTADO

Las acciones subieron este miércoles 48 puntos en el Dow Jones. El oro cotizó US$ 24 arriba.

Nada extraordinario. Nada muy esclarecedor tampoco.

Todos los periódicos y canales de televisión informaron la noticia de los 15.000 puntos del Dow como si fuera sólo un peldaño en el camino hacia los 16.000 o 20.000 o 30.000 puntos.

El cielo es el límite.

Los inversionistas han llegado a un nuevo nivel de optimismo. Están tomando prestado de nuevo para comprar acciones, confiando en que los precios van en una sola dirección. Los asesores también parecían seguros de que éste no era el fin, sino el comienzo de una tendencia. Justo lo que se espera que ocurra cuando se está en la cima del mercado.

También hay una fuerte corriente de análisis económico que nos dice que el auge de los commodities terminó, que la Reserva Federal tiene la situación bajo control y que el mercado alcista del oro llegó a su fin.

Lo cual es sorprendente e impresionante.

Los inversores del mercado no parecen saber o no parece importarles que lo único que sostiene a sus inversiones es algo que a la larga los destruirá.

Y que cuanto más tiempo continúe, más grande será el desastre cuando finalmente explote.

Estamos hablando, por supuesto, de la política monetaria de la Reserva Federal. Es “experimental”, es “arriesgada”. También es imprudente y potencialmente catastrófica.

Tampoco es natural que un banco central imprima nuevo dinero y lo utilice, de forma indirecta, para pagar las operaciones del Gobierno. Si usted pudiera hacerlo sin ser penalizado, es decir, si usted pudiera pagar por las cosas reales con dinero falso, entonces lo haría todo el día. Normalmente, los bancos centrales ni siquiera lo intentan. Ellos saben que las sanciones hacen que no valga la pena tal placer fugaz.

¿Usted ha visto alguna sanción, querido lector? Yo no. Pero el hecho de que éstas no hayan sido evaluadas no significa que no existan. Y cuanto más tiempo pase y no se paguen, serán cada vez más grandes.

En la actualidad, el Gobierno sólo recibe recompensas.

En primer lugar, las tasas de interés más bajas hacen que sea más fácil la financiación de la deuda federal.

En segundo lugar, los pagos de intereses de deuda bajos reducen
el déficit federal, por lo que los funcionarios del Gobierno deben pedir menos dinero prestado.

Tercero, mientras que el Estado pide menos dinero prestado, la Reserva Federal sigue comprando US$ 85 mil millones en bonos cada mes. Esto reduce las tasas de interés aún más.

Cuarto, las bajas tasas de interés y el dinero nuevo de la Fed impulsan los precios de las acciones y los bonos; los banqueros y los contribuyentes de campaña ricos se hacen aún más ricos.

¿Qué más se puede pedir?

Por el momento, nada. Pero los mercados no van a permanecer en este dulce lugar por mucho tiempo. Llegará el momento en que la Fed tenga que revertir sus políticas o enfrentar sustancialmente mayor inflación. Pero, ¿cómo? En lugar de la compra de bonos, la Fed tendrá que vender. Pero ¿a quién?

Saludos,

Bill Bonner

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

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